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Full text of "Obras Poeticas"

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OBRAS POETICAS 



Ministerio de Instrucción Publica y Previsión Social 



BIBLIOTECA ARTIGAS 

Art. 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950 

COMISION EDITORA 

Prof. Juan E. Pivel Devoto 
Ministro de Instrucción Publica 

María Julia Ardao 

Directora Interina del Museo Histórico Nacional 

DiONrsio Trillo Pays 

Director de la Biblioteca Nacional 

Juan C. Gómez Alzóla 
Director del Archivo General de la Nación 



Colección de Clásicos Uruguayos 

Vol 113 
Julio Herrera y Reissig 
OBRAS POETICAS 

Preparación del texto a cargo del 
Departamento de Investigaciones de la Biblioteca Nacional 



JULIO HERRERA Y REISSIG 



OBRAS 
POETICAS 

Prólogo de 
ALBERTO ZVM FELDE 



MONTEVIDEO 
1966 



PROLOGO 



Herrera y Reissig está situado ya, definitivamente, como 
uno de los tres poetas mayores del Modernismo hispano- 
americano, y uno, entre los grandes, de la poesía en lengua 
castellana de todos los tiempos. Sin el perfil imperial de 
Darío, fundador y pontífice de aquel movimiento literario 
en América y en España, y sin la proteica potencialidad y 
el enciclopedismo intelectual de Lugones — poetas ambos 
con quienes integra esa trimurti del Modernismo — Herre- 
ra ha llegado a una magia más sutil del lenguaje poético, 
fundiendo en prodigiosa unidad funcional el complejo y 
refinado barroquismo del estilo con la pura subjetividad 
lírica. Y como la poesía del ciclo modernista en América 
lia sido superior a la de España, su posición en el conjunto 
anfictiónico de la lengua, y en cuanto respecta a ese pe- 
ríodo histórico, se mantiene la misma, dentro de esa inte- 
gración. 

Pero su posición, en el plano más alto de la poesía 
mundial, trasciende, asimismo, esa limitación relativa de 
idioma y de época, como ocurre con todos los grandes poe- 
tas, que lo son, precisamente, en virtud de la universalidad 
de su arte. 1 

Si bien es cierto que en sus primeros ejercicios retó- 
ricos de catecúmeno, tras de su conversión casi súbita al 



(1) Parecería que, en esta referencia, a los Ases del Modernis- 
mo, omitiéramos indebidamente a Delmira Agustim, poetisa genial 
— Es que, el Modernismo, en la autora de Loa Cálices Vacíos, es 
una cualidad secundaria, extrínseca, no intrínseca, debido mas a 
un hecho de gravitación temporal dentro de cierto lenguaje lite- 
rario de época, que a la índole y la significación de su poesía, que 
escapa a una definición de ese género Lo grande de ella no es lo 
que tiene de modernista, sino al contrario: esa sería su flaqueza. 



VII 



PROLOGO 



Modernismo, hacia 1899, se evidencia la influencia for- 
mal dominante de sus maestros inmediatos: Darío, Lugo- 
nes, en proceso rapidísimo de madurarión se amancipa de 
ambos, llegando a la propiedad magistral de su estilo, en 
una perfecta síntesis de las dos corrientes universalizadas 
del movimiento: la parnasiana y la simbolista. De la in- 
fluencia Darío-Lugones, pasa a beber directamente en las 
fuentes mismas del esteticismo francés, imperante en la se* 
gunda mitad del XIX, asimilando todos sus elementos ori- 
ginarios para reelabor arlos en su secreto laboratorio inte- 
' rior de alquimista. De modo que, estando todos ellos en él 
— de Baudelaire a Verlaine, de Mallarmé a Samain — con 
sus virtualidades de iniciadores, él es todos, refundidos, 
siendo por lo tanto, él mismo. El último gran epígono his- 
panoamericano de la escuela, es una síntesis maravillosa 
de toda la enseñanza hermética en poesía. 

Pero, siendo la modalidad estética del autor de "Los 
Parques Abandonados", parte de un vasto y múltiple fe- 
nómeno literario de época, para comprenderlo en sus ver- 
daderos términos es necesario encararlo en el cuadro feno- 
menología que integra y de cuyos caracteres y significa- 
ciones participa. 

Desde 1852. en el Prólogo de Poémes Antigües* Le- 
conte de Lisie, anunciando el fin del Romanticismo, "cet 
art de seconde main...", proclama la teoría del Arte por 
el Arte, es decir, lo que luego se ha llamado el Esteticismo, 
y que sería en adelante la de todas las escuelas poéticas de 
Francia: y de casi toda Europa. Pero^ más profundo y tras- 
cendente que el solemne pontífice parnasiano, rival de Hu- 
go, — a quien luego tacharían de ''académico" — el verda- 
dero genio inspirador de todo el movimiento poético, padre 
de la Decadencia, (Decadencia que. por aparente paradoja, 
marca la mayor grandeza de la lírica en Francia, su Siglo 
de Oro) el ángel sombrío de Las Flores del Mal, da, en 



VIII 



PROLOGO 



1856, el libro único y original, aquel del cual parten todos 
los caminos, y trae en sí el germen o el "fermento" de to- 
das las formas. Todos los post-románticos fueron enton- 
ces parnasianos (por el Parnasse Contemporaine, del edi- 
tor Lamerre) hasta que en 1885, Moreas, en "El XIX sié- 
ele 1 ", inaugura el nombre de "simbolismo" para los "disi- 
dentes *' del Parnaso, el que habría de prevalecer como 
denominación definitiva de una estética. Sin embargo, ha- 
cia el mismo tiempo, los postreros románticos, — Gautier, 
Bambille, Barbey — proclaman y practican ya un credo esté- 
tico que se aleja tanto del romanticismo como se acerca 
al modo parnasiano. Y es, precisamente Theophile Gautier, 
el mismo del chaleco más famoso en la historia de la Lite- 
ratura, el de las grandes pasadas batallas románticas del 
35 — ya quien están dedicadas Las Flores del Mal como 
"au poete impeccable, au parfait magicien des lettres fran- 
caises" — quien, en su magnífico estudio sobre Baudelaire, 
que sirve de Prólogo a la segunda edición del libro genial, 
aparecida después de la muerte del poeta "maldito", formu- 
la la primera y por siempre válida definición de la nue- 
va Estética, la que comprende a las diversas ramas en 
que se divide el árbol de la Decadencia, cuyo común 
denominador consiste en ese refinado barroquismo del len- 
guaje, — el mismo que define a Herrera y Reissig, medio 
siglo después — el "stil d'or", que declara Verlaine. 

Decía Gautier; — U E1 poeta de Las Flores del Mal, 
amaba lo que se llama impropiamente el estilo de decaden- 
cia, y que no es otra cosa que al arte llegado a ese punto 
de madurez extrema que determina a sus soles oblicuos las 
civilizaciones que envejecen: estilo ingenioso, complicado, 
sabio, lleno de matices y de búsquedas, haciendo retroceder 
siempre los límites de la lengua, tomando prestado a todos 
los vocabularios técnicos, colores a todas las paletas, notas 
a todos los claves, esforzándose en hacer rendir al pensa- 



IX 



PROLOGO 



miento lo que tiene de más inefable, y a la forma sus 
contornos más vagos y más fugitivos, escuchando para tra- 
ducirlas las confidencias más sutiles de la neurosis, las con- 
fesiones de la pasión fatigada que se deprava, y las aluci- 
naciones bizarras de la idea fija, tornándose locura. Se 
puede recordar a propósito de él, la lengua jaspeada ya de 
los verdores de la descomposición y como "faisandée" del 
Bajo Imperio Romano, y los refinamientos complicados de 
la escuela byzantina, últimas formas del arte griego caído 
en delicuescencia; pero tal es, el idioma necesario y fatal 
de los pueblos y las civilizaciones donde la vida ficticia ha 
reemplazado a la vida natural, y desenvuelto en el hom- 
bre deseos desconocidos» Nada menos fácil, por lo demás, 
que este estilo despreciado por los pedantes, pues él expresa 
ideas nuevas con formas nuevas, y palabras que no se ha- 
bían oído todavía". . . 

Estos conceptos tienen su confirmación y otras preci- 
siones, en las posteriores declaraciones teóricas de los maes- 
tros del Simbolismo, tales como se contienen, por ejemplo, 
en "Art Poétique" de Verlaine, con aquello tan repetido de 
"la música ante todo" y de "torcerle el cuello" (a la elo- 
cuencia) ; o aquello de Mallarmé: "Las cosas no deben ser 
dichas sino sugeridas", como en la música, cuya esencia, 
según Valéry, es la clave de todo el fenómeno simbolista. 

El Prólogo de Gautier es del 68. En el Parnaso, de 
Lamer re, consta también el famoso manifiesto simbolista 
de Moreas, en el 85, que consagra la adopción definitiva 
de ese nombre, Pero al año siguiente del Manifiesto, Ver- 
laine vuelve a reinvindicar para sí, para su poesía, el mote 
"decadente" de que ya hablara Gautier en el 68, y que el 
mismo autor de "Poéraes Saturniennes" había asumido en 
el difundido verso: — "Je suis Tempire a la fin de la deca- 
dence..." Y para que no hubiera dudas al respecto, la 
revista de sus amigos, que él patrocina, se llama precisa- 



X 



PROLOGO 



mente "Le Decadente'', empleada la palabra en el mismo 
sentido que la definiera Gautier. 

En la segunda edición de Las Raros, de 190S, ¡se 
queja Darío: — "Fui atacado y calificado con la inevitable 
palabra "decadente". Pero, ¿acaso el nombre no estaba au- 
torizado por Verlaine, su "padre y maestro mágico, Iiróf oro 
celeste...", dándole un valor distinto al peyorativo del vul- 
go académico? Recordemos, empero, que tampoco Darío se 
quiso llamar nunca simbolista, ni siquiera modernista; que 
no aceptó ningún nombre de escuela, pues, pretendía estar 
fuera y por encima de ellas. Y lo estaba en cierto modo, 
por supuesto: en el modo que toda personalidad auténtica 
puede tener una modalidad propia, dentro y a través del 
común denominador de un bien definido estilo de época. 
También Herrera y Reissig estaba en esa posición con res- 
pecto al Modernismo, llámasele simbolista o decadente, y 
siendo, en verdad y a su manera, ambas cosas. 

Ecléctico, universal, cosmopolita, "con Hugo fuerte y 
con Verlaine ambiguo", así quería ser Darío, y lo fue; o 
lo es. Mas, en realidad, tanto él como sus ilustres cofrades 
de la época, operaban a sabiendas o sin saberlo, dentro de 
la doble corriente paranasiano-simbolista, y eran "decaden- 
tes" aunque no les gustara la palabra; porque el Decaden- 
tismo, tal como acabamos de verlo, en el Prólogo de Gau- 
tier, es la clave de toda su estética, no siendo aquello de la 
música de que nos hablan Verlaine y Valéry, sino formas 
de manifestación de ese estado de conciencia estética. La 
definición de Valéry, último gran sobreviviente del grupo 
de Mallarmé, y por tanto, muy testimonial, en el Prefacio 
del libro de versos C orináis sanee de la Déesse, de su amigo 
L. Fabre, asegura, hacia 1920, que, "lo que fue bautizado 
con el nombre de Simbolismo' 1 ', se resume muy simplemente 
en la intención común a varias familias de poetas, de "re- 
prendre a la Musique leur bien". Podría admitirse como 



XI 



PROLOGO 



exacta esa explicación en lo que se refiere al Simbolismo, 
— entendiendo que ella alude a la esencia psicológica de la 
música no a sus formas sonoras de concreción — pero deja 
fuera la otra rama de esa doble estética: la parnasiana, 
cuyas formas tendrían más similitud íntima con la plástica, 
tal como le vemos en Leconte, en Heredia, en Regnier, en 
Samain y, aquí, en América, en parte del mismo Darío, y 
más aún en "Los Extasis de la Montaña" y en "Las Clep- 
sidras" de Herrera y Reissig. ¿No fueron, sus cultores, cali- 
ficados de "lapidarios" y de "orfebres", por el ajuste y la 
preciosidad verbal de sus versos? 

Pero, en verdad, ambas formas no aparecen casi nunca 
separadas y exclusivas, sino, antes bien, coexistentes al par 
en los mismos poetas; y aun en los mismos poemas. En 
Regnier y Samain, se presentan casi refundidas. Y así en 
Herrera y Reissig, aunque predominando más la una o la 
otra, según se observen en las "Eglogánimas^ o las u Eufo- 
cordias". Regnier es predominantemente simbolista en toda 
su producción, hasLa 1396 en que aparece Jeux rustiques 
et divins y en 1900 Médailles d 'argüe , libros ambos en 
la manera netamente parnasiana, resultando un Heredia más 
sutil, un Heredia pasado por el Simbolismo; y se le con- 
sidera uno, sin embargo, de los maestros de esta escuela de 
orfebres y lapidarios. 

El Modernismo hispanoamericano, es. desde su inicia- 
ción en Darío, una síntesis de ambas maneras. Y por ende, 
sus caracteres comunes y fundamentales están dentro del 
"decadentismo", como estética general de su tiempo. Como 
norma estética, nada existe pues, de original, en la poesía 
de los líricos i o los "líridas", como también se les llamó 
en su hora), de esta porción del mundo, ni en los mayoies, 
ya citados, ni desde luego, en los menores, que no citamos. 
Todos son "epígonos' 1 de aquellos "hermes" europeos, — 
valgan las palabras introducidas por Cansinos Assens. E in- 



XII 



PROLOGO 



tegran el gran movimiento de la poesía occidental de la 
segunda mitad del Ochocientos, y primera década del Nove- 
cientos, hasta la primera gran guerra mundial, compren- 
diendo, asimismo, en parte* los géneros en prosa, e inte- 
grando — con el Impresionismo pictórico y musical — el 
estado de conciencia estética propio de toda una época. Sólo 
se levanta, frente a ella, como un fenómeno aparte, Walt 
Whitman ; pero Whitman tuvo muy escasa resonancia en esta 
América, que vivía bajo el influjo dominante de la cultura 
europea, mayormente de la francesa. En el Uruguay, Ar- 
mand Vasseur tradujo Hojas de Hierba (no muy fielmen- 
te) ; pero en su propia poesía, la influencia whitmaniana 
no es mucha. Aun en él, predomina — aparte de su horren- 
do cientificismo — el influjo de poetas europeos revolucio- 
narios (en el sentido social) tales como Verhaerent, Rapiz- 
zardi y otros. 

La posible originalidad modernista está únicamente en 
la personalidad de cada poeta, que es, después de todo, 
donde debe estar, pues las "escuelas" — entendiendo por 
ello una comunidad de conciencia estética epocal — no son 
originales de nadie, sino formaciones de desenvolvimiento 
colectivo, fenómenos históricos de la evolución de la cultu- 
ra. Así, vemos que, tanto Darío como Lugones o Herrera 
presentan espirituales y formales semejanzas con sus maes- 
tros franceses, pero no dejan de ser ellos mismos, por la ma- 
nera propia de manejar los motivos y las palabras, en fun- 
ción de la expresividad psicológica. 

La influencia normativa, por más imperiosa que sea, 
(y lo fue tanto para nuestros modernistas como lo había 
sido para los románticos) — y aún más que las normas con- 
cientemente adoptadas, las sugestiones estéticas operando 
en el Subconciente — no inhiben la personalidad, cuando 
ésta existe, como hecho psicológico lo suficientemente per- 
sonal para requerir expresión propia, asimilando de todos 



xm 



PROLOGO 



los elementos de esa alma colectiva estética, y operando con 
ellos para expresarse en virtud de su "principa individua» 
tionü". 

La misma diversidad de influencias dentro de tenden- 
cias acordes, tal como ocurre con nuestros modernistas his- 
panoamericanos (denominación ésta que el movimiento par- 
nasiano-simbolista asumió en América y en España, aunque 
abarcando otras formas literarias de la época) recibidas de 
muchos poetas franceses de personalidad distinta, si bien 
de igual "escuela", y no de uno solo de ellos (que en esto 
estaría el mayor peligro) da por resultado un producto que, 
teniendo rasgos generales comunes, normativos, no es re- 
flejo de ninguno de aquellos, sino otro, diferenciado, al 
modo como la fusión de dos o más colores da un color 
distinto, particular. Así lo comprobamos en Darío y luego 
en Herrera. Pero lo que diferencia y particulariza verda- 
deramente el nuevo producto de esa fusión es la perso- 
nalidad del poeta, que dispone los elementos estéticos en 
virtud de su propia manifestación. Sin la pre-existencia de 
esa personalidad psicológica, imperativa, no se produciría 
el valor propio. 

Hay, sin embargo, analogías de caracteres; lo que pro- 
duce analogías literarias. Tal es el caso cíe Samain y de 
Herrera. Al gran poeta francés finisecular, que, también 
como Herrera murió muy joven, en la plenitud de su obra 
lírica, la crítica francesa atribuye la cualidad de haber 
unido el sentimiento romántico, al artificio precioso del 
parnasianismo y a la sutileza musical del simbolismo, resul- 
tando como un ecléctico de las esencias poéticas del siglo. 
Basta esta definición, atestiguada por la lectura de Aux 
}lanc du vase y Le jardin de 1' Infante, Les Charriots 
(T0r„ para comprender la influencia ejercida por aquél 
sobre el autor de "Los Parque» Abandonados". Lo mis- 
mo habría que decir de él. El es, también, un poeta de 



XIV 



PROLOGO 



esencia romántica, manifestándose dentro de la más refi- 
nada y compleja forma verbal, del artificio estético más 
sutil. Quien, como Samain dice "Mon ame est un enfant 
en robe de parade", o "Mon ame est un velours douloreux 
que tout froisse, . .", es bien el hermano mayor del sensi- 
tivo y delicado orfebre y músico verbal de la "Torre de 
los Panoramas". Un "doloroso terciopelo oscuro" y un "co* 
mo un niño me alejé llorando", andan por las "Eufocor- 
dias". Pero este último es un verso de Musset, nada me- 
nos, (queremos decir: nada más romántico) que sirve de 
acápite a un soneto herreriano; y al que recuerda aquel 
niño samaineano, triste en su traje de fiesta. El traje de 
fiesta es, en Samain como en Herrera, el esteticismo for- 
mal; el niño, lo romántico que había dentro. Y esto es algo 
de lo que más diferencia a Herrera de Lugones* ambos 
discípulos de Samain en ese tipo de soneto. Lugones no 
era romántico, aunque en su« juveniles primigenias Mon- 
tañas del Oro predomine la influencia de la retórica gran- 
dilocuente de Hugo. Lugones fue siempre, a través de todos 
sus avalares poéticos, un retórico poderoso, un consumado 
artífice verbal, capaz de producir con igual maestría técni- 
ca en todos los estilos. De ahí que, dentro del complejo 
barroquismo verbal de Herrera, se halle siempre, sutilmente 
administrado^ aquel estremecimiento de alma, aquella he- 
rencia patética, en él estilizada, alambicada, del viejo (y 
tal vez eterno) "Sturm und Drang"; pero unido al otro 
"estremecimiento" que Hugo ya sintiera en la poesía de 
Baudelaire (y que tampoco experimentó auténticamente 
Lugones, tampoco fue en él vivencia, aunque pudo versi- 
ficarlo magistralmente) : el de la "Decadencia", el de la 
Neurosis. Sentimiento romántico, sensibilidad decadente, uni- 
dos, estilizados, destilados a través de los finísimos alam- 
biques de su esteticismo formal, hacen de la poesía de He- 
rrera una síntesis propia, una expresión auténtica en sí 

XV 



PROLOGO 



misma, y de las más valiosas, en la antología poéti- 
ca de esa gran época occidental de la Literatura; es decir, 
un clásico del Modernismo, 

* 

** 

Mas, ha de tenerse en cuenta que, la relativa origina- 
lidad del Modernismo poética hispanoamericano — del cual 
está dicho que no es original en el sentido de su origen — 
implica, sin embargo, un factor de orden más genérico y 
común que el de la sola personalidad intrínseca del poeta. 
Este factor consiste en la renovación del lenguaje en virtud 
de U nueva estética, Se produce así, en Hispanoamérica una 
nueva forma de la propia escuela, tal como se manifestara 
en Francia, su patria de origen, al ser transfundida su esté- 
tica al cuerpo formal de un nuevo idioma. Pues, implicando 
la estética del Modernismo, ante todo, en sus técnicas o 
procedimientos fundamentales, una renovación del lenguaje, 
a más de su enorme enriquecimiento, el trasplante hispano- 
americano importa tanto como una recreación. 

Todo nuevo movimiento poético de época, trae consigo, 
necesariamente, una renovación del lenguaje. El vocabula- 
rio poético del Romanticismo no es el del Neoclasicismo 
académico que le precede y al que sustituye. Pero esa re- 
novación idiomática atañe sólo al repertorio verbal: no es 
una revolución como la del Modernismo, porque ésta al- 
canza, además, a la función misma de la palabra y a su 
contenido, al hacer de ella el instrumento refinado, hiper- 
sensible y complejo de una estética que le atribuye y exige 
valores plásticos y musicales, virtualidades de sugerencia, 
perspectivas psíquicas que modifican y multiplican su sen- 
tido primario, directo, y estrictamente gramatical. 

Las palabras, en la poética modernista hispanoameri- 
cana, — como en la parnasiano -simbolista francesa — ad- 



XVI 



PROLOGO 



quieren un segundo, un tercero o más planos de significa- 
ción, una dimensión distinta a la del Diccionario de la Len- 
gua. Y esta operación determina ya, de por sí, necesaria- 
mente, ese factor de originalidad creadora a que aludimos. 
Basta, para comprender ese fenómeno leer a Herrera y 
Reissig. 

No es cierto lo que aseguró Blanco Fombona en su 
estudio sobre el Modernismo, en aquel tiempo, — y tal co- 
mo lo creían muchos modernistas y lo han seguido afir- 
mando críticos posteriores — que este estilo de época con- 
virtió en oro el bronce de la lengua española, aludiendo 
así al lenguaje duro y enfático de los anteriores. Olvidan 
esos críticos, en su euforia apologética, hipeibolizante, que 
el castellano contaba ya, históricamente, con formas de len- 
guaje tan refinadas, tan "áureas", como las de Góngora, 
por ejemplo ía quien Verlaine llamaba "ese simbolista./'), 
que otros clásicos del Siglo de Oro, como Garcilaso, Que- 
vedo, San Juan de la Cruz, no escribían tampoco sus ver- 
sos en lengua broncínea, sino bastante sutil; y que aun 
en fecha más próxima, tampoco puede ser clasificada de 
tal, la lengua de Bécquer, que introdujo en el castellano 
oratorio de la época, la levedad y la musicalidad vagorosa 
que sus adversarios campanudos llamaban "suppirillos ger- 
mánicos", aludiendo a Heine. 

Pero sí, es cierto, que el Modernismo introdujo, siste- 
matizándolo, el principio del estilo "ingenioso, sabio, com- 
plicado, etc." de que ya hablara Gautier, salvando esa gran 
laguna de dos siglos (con excepción de Bécquer) y reali- 
zando así esa recreación idiomática de aquel estilo. Si ella 
fue inaugurada por Darío en Prosas Profanas, seguida 
por Lugones en Los Crepúsculos del Jardín, Lunario Sen- 
timental y otros, a nuestro parecer culmina en Herrera 
y Reíssig. Su "Tertulia Lunática", antes, su "Desolación 
Absurda" — aunque también, en mucho, sus Eglogánimas y 

xvn 



PROLOGO 



Eufocordias, — son las cumbres de esa transfiguración es- 
tética del idioma, representativa de una época magnífica de 
la poesía hispan oamericana, no menos perdurable, en su 
valor, que la del Siglo de Oro hispánico. 



La conversión, casi súbita, de Herrera, al Modernis- 
mo, es un fenómeno de psicología literaria muy singular y 
sorprendente, difícilmente explicable dentro de lo normal 
En artículos de crítica dados en "La Revista" — la publica- 
ción quincenal aparecida en Agosto de 1899, bajo su di- 
rección — ■ condena, como una aberración, la nueva estética, 
sobre la cual demuegtra, sin embargo, perfecto conoci- 
miento. Y en la misma revista, en el mismo año, es decir, 
con dos o tres meses de diferencia, aparece su primera 
composición de tipo "decadente*', la titulada "Wagneria- 
ñas", y sin que medie advertencia ni justificación alguna 
de su parte, en lo que parecería implicar una contradicción. 
Es un viraje radical y repentino. Entre los años 98 y 99, 
pero no en "La Revista", que no había aparecido todavía, 
sino en otras publicaciones literarias del país, había dado 
a conocer sus Cantos "A España", "A Castelar", "A La- 
martine", "A Guido Spano", todos dentro de la vieja retó- 
rica romántica, ya desaparecida en Europa, pero aún recal- 
citrante en América, con predominio de la elocuencia hugo- 
niana. A todo esto, hacía ya casi un lustro que Rubén Da- 
río había publicado Los Raros y Prosas Profanas, ini- 
ciando con impulso dominador la nueva escuela, importada 
de Francia. Y ya Rodó había" publicado en "La Revista Na- 
cional" de Montevideo, que codirigía, su amplio comen- 
tario al libro inicial de Darío y, en general, al movimiento 
renovador que representaba. Herrera permanecía, pues, aje- 
no y adverso a ese movimiento fundamental en la historia 



XVIII 



PROLOGO 



de la poesía hispanoamericana. Adviértase asimismo que 
el propio Lugones, ya convertido por Darío a la nueva es- 
tética, tras su todavía romántico primer libro juvenil Las 
Montañas del Ora, había dado a conocer también en re- 
vistas argentinas, algunos sonetos de "Los Doce Gozos". 

Parece que al rezagado — y empecinado — conserva- 
dor romántico de la víspera, le hiere, de improviso, algún 
misterioso rayo revelatorio interno, en ese Camino de Da- 
masco literario, que empieza en sus artículos persecutorios 
contra la nueva estética; y el enemigo de su culto se con- 
vierte en su mayor devoto. Normalmente, no basta para 
comprender ese singular y un poco desconcertante fenó- 
meno psicológico, la influencia aducida de su joven amigo 
Vidal Belo, de quien inserta en "La Revista" los poemas 
"Pontifical" y "Noche Blanca", de corte simbolista; com- 
posiciones éstas — sólo discretas — que, por tanto, son las 
primeras de esa modalidad aparecidas en el Uruguay. Pero 
ya Herrera conocía esa modalidad suficientemente, en publi- 
caciones europeas, como se deduce de sus artículos. 

Otro factor, principal o complementario, se ha adu- 
cido también, además de ese: la influencia que habría ejer- 
cido sobre él su otro amigo modernista de entonces, Ro- 
berto de las Carreras, escritor recién llegado de París, en 
ese fin de siglo. Es una mera conjetura lógica, pero sin 
pruebas. No existe documento alguno que lo atestigüe. Por 
lo demás, y eso es lo más extraño, el mismo Herrera nunca 
dio explicación alguna de ese cambio de posición. 

R. de las Carreras, de los primeros contertulios de "La 
Torre", personaje famoso en la historia literaria del Uru- 
guay — no tanto por el valimento en sí de sus escritos, 
cuanto por su ruidosa militancia de dandy anarquista y 
quijote paradojal del Amor Libre, prodigándose en cró- 
nicas escandalosas y agresivos panfletos revoluciona- 
rios — pudo, efectivamente, ejercer gran influencia por su 



PROLOGO 



personalidad bizarra, de fama diabólica en el ambiente, 
sobre el ánimo de Herrera y Reissig; pero mayormente en 
el plano ideológico que en el estético. Ideológicamente, esa 
influencia parece evidenciarse en la actitud de agresivo an- 
tinacionalismo de que Herrera hace gala y desplante, en 
su 5 escritos en prosa, y cuya más notable expresión es su 
Epilogo wagneriano a la Política de Fusión, el alegato 
crítico de tipo panfletario* publicado en forma epistolar, 
con motivo del libro de su amigo Onetto y Viana, apare- 
cido en 1902, de materia histó rico-política» Y es versión, 
no confirmada, que por este tiempo trabajaba en colabo- 
ración con R. de las Carreras en un libro de terrible sátira 
contra el ambiente social e intelectual del país, que no llegó 
a publicarse y del cual no se conservan borradores. Pero, 
el impacto convíctivo de este contertulio diabólico de "La 
Torre'* en la conversión estética de Herrera es ya sólo hipó- 
tesis, probabilidad. Lástima que no existan hasta hoy, da- 
tos más concretos y seguros sobre el fenómeno de esa súbita 
transformación que sigue un tanto misteriosa, de uno de 
los mayores representantes del Modernismo. 

Otro problema literario: la semejanza de cieTta parte 
de la obra de Herrera con la de Lugones, parece haber 
sido, en cambio, resuelto sobre datos concretos. En el año 
1914, la Editorial Garnier, de París, publicó Los Peregri- 
nos de Piedra con un prólogo de Rufino Blanco Fombona, 
afirmando que Leopoldo Lugones había imitado a Herrera 
y Reissig en la serie de sus sonetos -'Los Doce Gozos v , in- 
cluida en "Los Crepúsculos del Jardín ,? . El caso planteado 
por el escritor venezolano, que provocó resonantes polé- 
micas, se basaba en el hecho confusivo de que el citado 
libro de Lugones apareció en 1905, después de haber sido 
publicados los sonetos de Herrera en revistas del Plata. En 
la colección postuma de sus obras completas, Miranda 
los incluye bajo el título general de la parte titulada Los Mai- 



XX 



PROLOGO 



tines de la Noche, nombre éste que ya se hiciera muy cono- 
cido en su tiempo, en vida del autor, 

Blanco Fombona ignoraba que los sonetos de Lugones 
aludidos en ese juicio habían sido ya publicados anterior- 
mente a los de Herrera, también en revistas platenses. La 
"Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales*', de 
Montevideo, insertaba en su número del 10 de Agosto de 
1897, el soneto de Lugones titulado "El Pañuelo", que for- 
ma parte de esa serie mencionada. 

Y en el año 98, la revista argentina "La Quincena" 
publicaba íntegramente í% Los Doce Gozos". Este dato fue 
revelado por Horacio Quiroga, en artículo aparecido en 
"El Hogar", la popular revista ilustrada porten a, en Julio 
de 1925. Por su parte, el crítico uruguayo José Pereira Ro- 
dríguez, ha dado a conocer el dato de la grabación en ci- 
lindros fonográficos — hecha en Marzo de 1901 — por el 
propio Lugones, de algunos sonetos suyos, a pedido del 
"Consistorio del Gay Saber", el otro cenáculo modernista 
de la época, que presidía Quiroga. La oportunidad fue la 
breve visita de Lugones a Montevideo, en carácter de dele- 
gado argentino a un Congreso Científico Iberoamericano 
que se efectuaba en esta Capital. Invitado por los compo- 
nentes del Consistorio, admiradores devotos de Lugones, 
Herrera conoció personalmente al argentino en esa oportu- 
nidad, y escuchó el recital de los sonetos grabados en los 
cilindros (que se perdieron). La prioridad temporal de Lu- 
gones r en ese aspecto, ha quedado pues, comprobada docu- 
mentalmente. Pero ello en nada afecta la personalidad ni 
la obra total de Herrera. En todo caso, habría que referirse 
— para juzgar de esa semejanza estilística — al antecedente 
común de ambos poetas platenses: el francés Albert Sa- 
main, en sus libros Aux flanes du Vase y Le Ckarriot 
d'Qr 9 tal como se ha anotado ya en esta reseña. Y ello, 
qü& *e refina especialmente a la parte de su obra "Loa Par- 



XXI 



PROLOGO 



ques Abandonados" (Eglogánimas) , por las razones ya 
apuntadas, tampoco afectaría en lo principal el valor autén* 
tico de la poesía herreriana. 

También se ha discutido mucho acerca de la versión 
difundida en su tiempo — y, mayormente, es claro, por sus 
enemigos — sobre la morfinomanía del poeta. Lo que se 
sabe, al respecto, es lo siguiente» Hacia 1901, según datos 
de sus familiares, y durante una corta excursión a Piriápo- 
lis, sufrió un grave ataque al corazón, y hubo que traerlo 
precipitadamente a Montevideo, donde, el Dr. B. Etchepare, 
que le asistía, le recetó morfina para calmar los sufrimien- 
tos del mal. De entonces data el uso de la droga que He- 
rrera hacía, a veces, cuando sufría crisis de su taquicardia. 
De ahí esa versión de que era morfinómano, lo que fue 
siempre negado por sus allegados. El testimonio al parecer 
más concreto a favor de esa versión, es una crónica apa- 
recida en Enero de 1907, en la revista porteña "Caras y 
Caretas", firmada por J. de Soiza Reylly, titulada "Los 
martirios de un poeta aristócrata". En ese reportaje, con 
vistas al sensacionalismo, que cultivaba como modalidad 
el citado cronista, Herrera mismo declara el uso de la mor- 
fina como exitante mental. Y en una de las cuatro fotogra- 
fías que ilustran la nota, tomadas en! "La Torre", aparece 
el poeta aplicándose — o simulándolo — una inyección. Se- 
guramente ha sido ésta la base de esa difundida leyenda; 
y es indudable que el mismo Herrera se complacía en ella. 
Pero es también casi seguro — dadas sus características — 
que en realidad no se trata sino de una "posse", uno de 
esos gestos "pour epater les bourgeois", deporte literario 
favorito, entonces, entre los "decadentes" — y del que He- 
rrera dio otras muestras — cuyo ilustre iniciador, como 
se sabe, fue Baudelaire, al declarar, entre otras reales o 
fingidas extravagancias, que le placía comer sesos de niño. 
Por lo demás, toda su poesía, aún en sus partea más oscu- 



XXXI 



PROLOGO 



ras — como en "Tertulia Lunática" — es de una lucidez in- 
telectual, es decir, autocrítica, que parecería difícilmente 
posible en estado mórbido; aunque tal fenómeno no pueda 
descartarse en absoluto. Más, aun cuando pudiera atribuirse 
a la morfina un poder estimulante de la actividad mental, 
sin inhibición del pleno dominio autocrítico, ha de tenerse 
en cuenta que toda la obra válida de Herrera — y más la 
mejor — es producto, no de momentos extraordinarios de 
exaltación imaginativa, sino de una elaboración y reelabo- 
ración constantes del artífice, labor de corrección, de modi- 
ficación, de ajuste, como lo prueban sus manuscritos. Por 
lo demás* como estas anotaciones no responden a ningún 
problema de orden moral, sino puramente psicológico, cabe 
aclarar que, fuera o no parte de su obra, realizada bajo 
ese estímulo artificial, su valor estético no se alteraría; pues, 
lo que vale, al fin, es el producto, no los factores. 

•*« 

En su famosa crítica a Prosas Profatias de Darío 
— una de las piezas capitales para formar juicio acerca de 
la mentalidad de la época — había dicho Rodó, en el 99, 
expresando el pensamiento de su generación acerca del pro- 
blema del americanismo literario, frente a la promoción 
reciente del Modernismo: — "Me parece muy justo deplo- 
rar que las condiciones de una época de formación, que 
no tiene lo poético de las. edades primitivas ni de las eda- 
des refinadas, posterguen indefinidamente en América la 
posibilidad de un arte en verdad libre y autónomo. Confe- 
sémoslo; nuestra América actual es, para el Arte, un suelo 
bien poco generoso. Para obtener poesía, de las formas 
cada vez más vagas e inexpresivas de su sociabilidad, es in- 
eficaz el reflejo: sería necesaria la refracción en el cerebro 
do un iluminado, la refracción en el cerebro de Walt Whit- 



XXIII 



PROLOGO 



man. Fuera de esos dos motivos de inspiración — (se re- 
fiere a h Naturaleza y la vida rural) — los poetas que 
quieran expresar en forma umversalmente inteligible, para 
las almas superiores, modos de pensar y sentir enteramente 
cultos y "humanos*', deben renunciar a un verdadero sello 
de americanidad original 1 '. Y, para Darío, el poeta máximo 
de aquella hora, lo único digno de poesía que había en 
América era su arqueología precolombiana: "el gran Moc- 
tezuma de la silla de oro../' "Lo demás es tuyo, viejo 
Walt Whitman". 

Todo el Modernismo hispanoamericano, de acuerdo con 
su cultura estética formalmente europea, y con su estado 
de alma determinado por la cultura, no por la vida (su vida, 
estéticamente, era su cultura) estaba en la nu\*ma posición 
intelectual de esos dos maestros de su generación. Pero, 
en realidad, el conflicto no estaba planteado entre la rea- 
lidad de la vida americana y las exigencias estéticas! de la 
poesía, pues, la poesía no está en las cosas sino en el 
poeta, no consiste en las formas de la objetividad sino en 
la subjetividad del que las recrea estéticamente, dándole 
valores umversalmente humanos. El conflicto planteado era 
entre realidad y Modernismo. Pero, que ese conflicto no 
era tampoco insoluble, tal como lo parecía en aquella hora 
inicial del 900, lo probaron después Lugones y. en parte, 
el mi*mo Darío, en sus cantos americanos. Oclas Secula- 
res de aquél, Cantas de Vida y Esperanza de éste, lo ates- 
tiguan. Y no citamos a Chocano, porque su poesía indo- 
hispana de Alma América es demasiado decorativa y 
retórica; y además, su americanismo es anacrónicamente 
virreinal. 

Herrera y Reissig fue un exotista radical; no salió 
jamás de su Torre, como salieron Darío y Lugones, para 
cantaT un tema americano. Aunque, es cierto que desapare- 
ció muy joven, y que hay indicios de que su actitud podría 



XXIV 



PROLOGO 



haber cambiado a ese respecto. En discurso pronunciado 
ante la tumba del poeta gauchesco Alcides de María, en 
1909, — y tras de hacer una encendida y bizarra apología 
del viejo criollista de "El Fogón", declara su intención de 
"fijar en el mármol del alejandrino, la geórgica nativa". 
La intención no pasó de tal, si realmente la hubo; moría 
al año siguiente, sin dejar rastro alguno de ejecución. 

Lo que realmente se desprende de sus escritos, así en 
verso como en prosa, hasta ese momento, es que profesaba 
el más airado desdén por el ambiente nacional en que lo 
había tocado vivir, como un sonámbulo. Esta palabra es 
suya, precisamente. "No sé qué será de mi arcilla fosfó- 
rica y sonámbula, errante sobre este empedrado de trivia- 
Iismo de provincia . . . " ; dice en el más famoso y docu- 
mental escrito en prosa que trazó au pluma: el Epílogo 
wagneriano a La Política de Fusión, ya mencionado en 
esta reseña. Su posición intelectual absolutamente euro- 
peísta, asume expresión radical en esa crítica negativa, des- 
piadada, de tono panfletario, flagelando el estado de sub- 
desarrollo cultural del medio nativo, ciudadano. Y aspira 
a ser justificación de su soberbio desdén y su aislamiento 
superior. 

En realidad, esta página, en la bizarría de su diatriba, 
es el documento más representativo del conflicto que se pro- 
dujo entre el estado social del medio ambiente, en su época, 
y el Modernismo ; y no sólo en su país, sino en toda América 
Latina. El Modernismo era en él, como ya lo había sido en 
Darío, el Iniciador, en su hora finisecular, un estado de 
cultura intelectual y principalmente estética, que lo hacía 
sentirse radicalmente extraño, extranjero, en su medio so* 
cial, una posición sicológica de desarraigo. El fenómeno del 
Modernismo se define en América como un total contraste 
entre la cultura estética europea, del que era el más maduro 
frates f «1 clima social, cultural» político, de estos paíaes, que 



PROLOGO 



aún permanecían en un estado de desarrollo histórico, en 
el que predominaban las valoraciones tradicionales y el culto 
de los principios, y las costumbres solariegas y patricias. 
Era posible en tal ambiente el idealismo ateneísta de Rodó, 
pero no el refinado esteticismo modernista. Una negación 
del famoso axioma positivista de Taine, según el cual el 
arte es una planta del medio. El medio se hallaba aún, en. 
lo estético, dentro de la tradición romántica que había im- 
perado en toda su formación republicana del XIX. Pocos 
años después, sin embargo, ese conflicto dialéctico se resol- 
vería por asimilación de las nuevas escuelas. 

No es, empero, su posición intelectual, como miembro 
de una sociedad, lo que importa a la finalidad do este ca- 
pítulo, sino la significación de esa actitud con respecto a 
tos valores mismos intrínsecos de su poesía. El problema 
que se plantea es éste: ¿hasta qué punto su exotismo lite- 
rario es o no un pecado estético que afecte la autenticidad 
de su obra? No se trata de que el poeta deba o no usar 
el motivo nacional, por razones éticas, nacionales, sino de 
las razones puramente estéticas que deben o no determinar 
esa conducta del poeta — de todo poeta — en cuanto tal. 

Cierto es que, en tesis general, la creación poética ha 
de fundarse, para ser auténtica, en la vivencia propia, en 
la experiencia o la intuición inmediata de lo real, de las 
cosas, de los seres, de sí mismo. En este sentido, la poesía 
de Herrera y Reissig es totalmente de origen literario. 
Su materia prima, digámoslo así, proviene casi exclusi- 
vamente de sus lecturas, de su cultura. Su mundo poéti- 
co nada tiene que ver con el de su vivencia biográfica, 
sea ésta ambiental o personal, transfigurada en su crea- 
ción estética. Sus "Eglogánimas" y sus baladas pasto- 
riles, trasuntan un ambiente campestre típicamente europeo, 
culminando tal exotismo en sus "Sonetos Vascos"; o, son 
también, en parte, reminiscencia de la poesía pastoral clá- 



XXVI 



PROLOGO 



sica, greco-latina, garcilaseana. Recordemos que la poesía 
pastoral del Renacimiento — y su novela — cultiva, no el 
motivo real, nacional, contemporáneo, sino el antiguo, 
el grecolatino; y no sólo en sus imágenes sino en sus 
nombres. En esto, Herrera sigue esa tradición literaria; 
pero, en parte, ofrece también la originalidad de cultivar 
el motivo eglógico de su tiempo, aunque europeo, no ame- 
ricano, con su colorido típico (tal en los Sonetos Vascos) , 
cuyo porqué no deja de ser un tanto misterioso, aun supo- 
niendo lógicamente que provenga de la fuerte sugerencia de 
alguna lectura (o de grabados). 

Sus "Eufocordias", en cambio, si bien nacidas en ese 
clima literario en que predomina el color violeta, decadente, 
francés, puede ser de motivación más general, en sus esce- 
nografías, en sus circunstancias; y hasta pudiera ser un poco 
el de su propio Montevideo, en la melancolía de sus antiguas 
quintas señoriales, de sus parques con escalinatas, estatuas y 
glorietas, diseñados a la manera europea, de sus salones 
barrocos decorados a la francesa o la italiana. 

Anotemos, de paso, que el violeta es estrenado litera- 
riamente, aquí en el Plata, por Lugones. Un soneto de 
Los Crepúsculos del Jardín, empieza: — "Calló por fin el 
mar; y así fue el caso: — en un largo suspiro violeta, — se 
extenuaba de amor la tarde quieta — con la ducal decrepitud 
del raso". Pero, en Herrera, lo violeta adquiere más subjeti- 
vidad lírica que en Lugones. "Y palomas violetas salen co- 
mo recuerdos — de las viejas paredes arrugadas y oscu- 
ras"... ("Claroscuro". — "Los Parques Abandonados".) 

No hagamos, en este punto, cuestión de sus Clepsidras, 
de motivación histórica universal, porque ello responde al ti- 
po de motivación exótica, ya usada por los parnasianos, 
Leconte, Heredia, etc., y que es un rasgo de su estética. En 
cuanto a otro género de composiciones, de un tipo más abs- 
tracto, como "Tertulia Lunática" o "Desolación Absurda", 



xxvn 



PROLOGO 



— y que es lo más original de su obra — no cabe repro- 
charle su "literatura' 1 , pues, por su índole, no pueden ser, 
en sus figuras y en su lenguaje, sino motivaciones del mun- 
do intemporal y universal de la cultura, transportados a un 
plano subjetivo puramente simbólico, transformados en de- 
lirio lírico, 

Pero estas últimas observaciones, con motivo de esos 
poemas, sitúan, no sólo estos poemas mismos, sino, en mo- 
do general casi toda su poesía, aun la más objetiva, como 
las "Eglogánimas", y aun las "Clepsidras", en un clima fue- 
ra y por encima de aquella posición meramente literaria, en 
cuanto esta clasificación suponga de negativo con respecto 
a la autenticidad del contenido. Esa virtud de la autentici- 
dad se da en Herrera — y muy excepcionalmente, por cierto, 
dentro de la poesía universal — a pesar del carácter "litera- 
rio M de la materia poética, por la profunda vivencia psíqui- 
ca, imaginativa, de los temas. En tal sentido de la vivencia 
imaginativa, Herrera y Reissig es uno de los casos más ex- 
traordinarios que se conocen. 

Encerrado simbólicamente en su Torre — cuyos ver- 
daderos panoramas, dijimos, no eran los de la objetividad 
circundante, sino los lejanos, imaginativos, de su poesía — 
y ajeno mentalmente a toda realidad circunstancial inme- 
diata, ese mundo de sus lecturas, era su verdadero, su único 
mundo mental, el de sus experiencias anímicas, el de sus 
contenidos de conciencia. Y como la autenticidad no se re- 
fiere, en último término, a la existencia objetiva de las co- 
sas que el poeta maneja, sinó a su vivencia interna de las 
imágenes, así se refieran éstas a cosas distantes en tiempo 
o espacio, resulta que el mundo poético de Herrera, aunque 
ajeno a su medio físico y humano, es intrínsecamente autén- 
tico por virtud de esa vivencia subjetiva, que es también 
experiencia profunda del yo, tanto como la que responde 
a la vida. 



xxvin 



PROLOGO 



Conviene no olvidar la distinción necesaria entre la 
autenticidad experiencial biográfica, y la realidad imagi- 
naria, subjetiva, en cuyo caso es idealidad, informando esta- 
dos de alma puramente líricos. Esta segunda forma de au- 
tenticidad, para la que no rige condición de lugar y de 
tiempo, por cuanto el espíritu es universal e intemporal por 
naturaleza, — es la que atañe al caso de Herrera y Reissíg. 
Y aunque en él se halla pocas veces esa expresión de la 
vida subjetiva, directamente, pues la da casi siempre a tra- 
vés de situaciones de ficción, en función de ellas, ella no 
es menos verdadera, siendo ésta, la suya, una forma pura- 
mente poética de expresión, en la que se da la íntima natu- 
raleza de sí mismo, de su temperamento, de su yo profundo. 
Así lo hallamos mayormente en sus "Eufocordias" y en su 
"Tertulia Lunática".' 

La vivencia de esas situaciones poéticas imaginarias, 
es como la de los sueños, — en este caso, ensueños. — crea- 
ciones simbólicas del yo profundo, y expresiones de su 
psicología. Por lo demás, el mundo mental de la cultura, 
es, para el hombre civilizado, — y mayormente para el inte- 
lectual — una realidad psíquica tan auténtica como la de 
la experiencia personal inmediata. Los seres de la ficción 
novelesca y dramática, las situaciones humanas creadas por 
la literatura y el arte, — por cuanto son expresiones de la 
vida y el espíritu humanos, forman parte de la conciencia 
del hombre, integran su mundo subjetivo, son espiritual- 
mente- reales ; tanto o más reales a veces que aquellos de la 
realidad inmediatamente percibida. Todo depende del po- 
der de la subjetividad en el individuo. Y la prueba de ese 
tipo de autenticidad subjetiva en Herrera, es decir, de su 
verdad poética, está en la maravillosa identificación de su 
imagen con la vida. Y en el poder mágico de su vivencia 
sobre el lector. 



XXIX 



PROLOGO 



* 

** 

¿Cuál es el grado de vigencia de la poesía de Herrera 
y Reissig, — y, en espécimen, de este tipo de poesía — trans- 
curridos ya más de cincuenta añoa de su muerte, al entrar 
en el tiempo de estos apuntes, segunda mitad del siglo? La 
cuestión se plantea, no sólo con respecto a su propia obra, 
en particular, sino a todo el Modernismo dentro del cual 
se sitúa, de cuya psicología y cuya estética participa ínte- 
gramente. 

Parnasianismo y simbolismo, las dos confluencias prin- 
cipales que lo componen, son corrientes esencialmente este- 
ticistas, vale decir que tienen por principio y finalidad el 
culto de la belleza en sí misma y por sí sola, con prescin- 
dencia de los otros valores de la triada platónica tradicio- 
nal: la verdad y el bien; mayormente esta última. Ambas 
se tenían por extra-poéticas. La verdad era creada por el 
poeta. El bien era su belleza. 

de nuestra condición humana, , goce de la plenitud de su 
El estado de alma de la época que comprende la se- 
gunda mitad del XIX, — y, para América Latina, la pri- 
mera década del XX — en el plano de la Poesía — eso que 
Rodó llama en su pequeño ensayo El que vendrá, hacia 
el 97, "la caravana de la Decadencia ... " — se desentiende 
de todo otro valor humano que no sea el de la belleza en 
ese estado, químicamente puro, en que el carbono se con- 
vierte en diamante. El hombre y la vida están superados por 
ese ideal de pureza estética, que aspira a crear en la poesía, 
por encima de toda realidad humana existencial, y "más 
allá del Bien y del Mal", un paraíso ideal maravilloso, donde 
el espíritu, liberado de todo lo que atañe a este bajo mundo 
sueño. 

Esa voluntad de crear un paraíso artificial, un tras- 
mundo mágico, patria de la beatitud estética, es lo que 
identifica, precisamente, la poesía con la música, que es 
creación espiritual pura, reino absolutamente irreal, o cuya 

XXX 



PROLOGO 



única realidad está en sí misma. Y tal sería el sentido más 
íntimo de aquel "prende a la musique leur bien", que dijo 
Valéry, definiendo al Simbolismo, 

"La realidad es vil", había dicho a su vez Mallarmé, el 
maestro; pero no vil sólo éticamente, sino ante todo esté- 
ticamente. Y cuando Ortega y Gasset, hacia 1920, habla del 
"asco de lo humano" — refiriéndose a las corrientes del 
arte de la época, la de post-guerra, y que rigió hasta la 
Segunda Guerra Mundial — dice algo que tiene plena apli- 
cación a la época anterior, la "decadente". ¿Y no podría 
decirse lo mismo del gongorismo (o, mejor dicho, de Gón- 
gora?). 

El Modernismo* pues, en sus formas más netas, es un 
arte de evasión, con respecto a la vida. Y la poesía de 
Herrera y Reissíg se rige toda por esa psicología estética 
de evasión, de arte puro, de alienación mágica. Esta carac- 
terística fundamental suya y de su época, es lo que le dife- 
rencia y le distancia del estado de conciencia estética pre- 
dominante en esta otra época del arte. Y no decimos del 
concepto del arte, porque el concepto viene después, es un 
segundo término consecuente de conciencia intelectual, sino 
de su psicología, de su sensibilidad, de un imperativo ín- 
timo determinante. Porque si el arte se rigiera por concep- 
tos, por doctrina, y no por imperativos psicológicos, en 
parte subconcientes, sería un arte sólo intelectual, y por 
tanto, carente de sustantividad en sí mismo. Y el arte en 
esta época no es así, felizmente, salvo en el caso de ciertos 
escritores embargados por principios ideológicos, no esté- 
ticos. 

La sicología estética de este mediados del siglo, se 
rige por dos imperativos distintos, actuando a veces jun- 
tos, a veces separados; a veces también opuestos; ambos de 
profundo arraigo en el estado de conciencia del hombre 
actual Uno es el de la realidad del §er en su condición 



XXXI 



PROLOGO 



humana, la experiencia existencial, el phatos del Yo viviente, 
del hombre en su dramatismo pascaliano, carnal y metaíí- 
sico, en su miseria y en su grandeza, en su "'sentimiento 
trágico de la vida" — y de la muerte — , en su destino, El 
otro podría definirse como un sentimiento, y un sentido, 
de profunda comunión moral con los demás hombres, con 
el mundo real, con su contorno humano, creándole el im- 
perativo de bu participación, su responsabilidad, su com- 
promiso, con el complejo humano en que esta inserto. Al 
contrario de aquella actitud aristocrática, que apartaba al 
artista de la comunidad, éste, no separa ahora los valores 
éticos de los estéticos: tiende a conjugarlos en la integra- 
ción de su arte» Pero sin confundir el arte con la socio- 
logía ni con la política, por que estas hon realidades con- 
ceptuales, aparte de la índole intuitiva de la poesía, so pena 
de invalidarse estéticamente. Aunque, naturalmente, el te- 
rreno es muy resbaladizo; y se producen caídas. 

También se producen caídas en otro sentido: el del es- 
tilo, que tiende a ser llevado, por razón funcional, a un tipo 
de lenguaje llano, simple, cotidiano, el cual suele deslizarse 
fácilmente hacia el prosaísmo meramente trivial, subvirtién- 
dose así la calidad estética propia de la poesía; y hasta su 
razón de ser. Ello ocurre por reacción contra el retoricismo 
verbal* pero incurriendo a veces en el error contrario, no 
menos desvirtuante. 

En verdad, toda modalidad estética epocal, — \ incubada 
a sus propias circunstancias históricas, — tiene que pasar 
por esa prueba de las mutaciones temporales. El Moder- 
nismo esteticista — con todas sus virtudes y sus defectos, — 
virtudes y defectos de todo lo humano — está sometido a esa 
prueba, en esta época, como lo estuvo el neo-clasicismo con 
respecto a su sucesor, el Romanticismo, y éste con respecto 
al Modernismo. ¿Qué es lo que sobrevive, de cada escuela? 
¿Qué es lo que sobrevive del Modernismo de la primera 



XXXII 



PROLOGO 



década del Novecientos — iniciado en las postrimerías del 
XIX — en esta nueva y tan distinta posición de conciencia 
de la segunda mitad del siglo, en América? 

Tal vez podría responderse: lo que hay en esa y en 
toda otra modalidad temporal, de fundamental y perma- 
nentemente humano, puesto que el hombre es, en el fondo, 
el mismo a travéa de los tiempos y los cambios. El mismo 
e inmodif icable ; porque su tipo está fijado como el de toda 
especie. La evolución eg exterior; no lo afecta intrínseca- 
mente. Así, aquellos poetas que han puesto en su arte, bajo 
cualquier forma, esa realidad esencial y genérica humana, 
umversalmente compartible, identificante, porque tiene sus 
raíces en esa zona de profundidad permanente, — sobrevi- 
ven a través de todos los cambios, incorporando su arte a 
la herencia viviente de la cultura humana. El tiempo no 
pasa para su verdad interior, antes bien la enriquece con 
nuevas interpretaciones, porque cada generación pone en 
ella su propia visión, lo suyo. 

Si las grandes escuelas pasan, en aquello que tie- 
nen de caduco no de perenne, toda experiencia humana 
en el curso del tiempo integra la gran experiencia del hom- 
bre total, en esa inmensa aventura que es su existencia his- 
tórica. ¿Cómo no lo sería, pues, esa doble experiencia, tan 
patética en su fondo, de la neurosis espiritual de la Deca- 
dencia, y esa desesperada — aunque lúcida — voluntad de 
evasión estética hacia planos de conciencia donde el sueño 
sustituye a la vida? 

Nadie, en el curso de la historia del Arte, ha hecho 
más radical y hondamente esa experiencia que los "deca- 
dentes". Los auténticos, se entiende, pues también los hubo, 
artífices sabios y admirables, que han dado perfectamente 
la forma, pero vacía de alma. Pues, dentro del esteticismo 
"modernista", concierne o inconcientemente, queriéndolo o 
sin quererlo — la poesía también ha expresado lo humano 

XXX1L1 

8 



PROLOGO 



viviente, existencial. Si bien destilado a través de sus com- 
plejos alambiques. ¿Puede desconocerse lo profundamente 
humano, dramático, de la poesía de Baudelaire, y lo que 
hay de permanente en su estado de alma?; y lo que hay 
en Verlaine?; y aun en Mallarmé, no obstante su artificio?; 
y así, en mayor o menor grado, en otros, de su generación? 
Hablando de los latinoamericanos, ¿Rubén Darío no ha 
alcanzado también momentos de auténtico y doloroso li- 
rismo, casi confesional, y está viviente, en muchos de sus poe- 
mas mejores (mayormente en Cantos de Vida y Esperanza) ? 
Dentro de su poesía, ¿no está muchas veces el nombre, el 
"de carne y hueso"? 

Herrera y Reissig vive, — y no sólo en el Panteón de 
los muertos ilustres — porque el esteticismo sutilmente ba- 
rroco de su arte, contiene, en gran parte, una carga huma- 
na de lirismo, por cuanto él mismo, su alma, palpita dentro 
de esa ficción mágica. Así, más evidentemente en sus "Eu- 
focordias" (donde el fondo romántico que había en él está 
apenas velado tras el artificio exquisito de la imagen) y 
en su "Tertulia Lunática'*, tras el dramatismo hermético, 
por momentos sombríamente funambulesco, de los símbo- 
los, entrando en el infierno terrenal de los poetas "maldi- 
tos"; pero también en la beatitud panteísta de sus "eglogá- 
nimas", donde cada cuadro es un "estado de alma". Ya 
nos lo dice él mismo, lo declara, en esos certeros neolo- 
gismos. 

Mas, ocurre que en él — como en loa otros grandes 
"decadentes", sus maestros, a los que alcanzó (y aun su- 
peró, a veces . . . ) — lo lírico, aún lo más sombrío, está 
convertido, por virtud del arte, en una especie de masoquis- 
mo espiritual; y hasta ese infierno terrenal baudelaireano, 
se torna en el placer del sufrimiento, al transfigurarse en 
belleza, ideal de su arte, diosa de su culto, (cuyos templos, 
actualmente, suelen estar un poco desiertos . . , ) 



XXXIV 



PROLOGO 



Y ello es, también, un modo de comunión estética — y 
humana — con los demás hombres, en todo tiempo, a pesar 
de lag diferencias de lenguaje, siempre que el lector sea lo 
suficientemente inteligente para sentir y comprender la pre- 
sencia de un alma dentro de la simbología de su estilo. Tal 
vez hoy se le prefiera en su desnudez, como en Valle jo, 
¿Pero ello impide comulgar con la posición estética de otra 
época? Si así fuera, no habría continuidad histórica del 
arte. Todo el arte universal de los siglos nos sería ajeno. 
Cada época sería una isla incomunicada, sólo frecuentada 
por los eruditos. El arte evoluciona en sus formas pero en 
su fondo humano es idéntico, como la cultura, como el 
hombre mismo. Hoy no se hace arquitectura gótica, ni mú- 
sica a lo Beethoven: ¿dejamos por ello de admirar y "sen- 
tir" a Beethoven o al gótico? No se escribe ya como He- 
rrera y Reissig; pero lo que éste escribió sobrevive en la 
unidad esencial y total del espíritu humano. 



ALBERTO ZUM FELDE 



XXXV 



JULIO HERRERA Y RE1SSIG 



Nació en Montevideo «1 9 de enero de 1875, hijo de Manuel Herré* 
ra y O bes y de Carlota Reissig. Hace sus primeros estudios en el 
Colegio Lavalleja, En 1890 ingresa como funcionario en la Alcaidía 
de la Aduana, cargo al que renuncia dos años después. En 1895 
es designado Secretario Adjunto del Director de la Inspección Na- 
cional de Instrucción Pública, José Pedro Massera, puesto que aban- 
dona en 1897 cuando éste es sustituido por el Dr. Abel J. Pérez, 
Vive entonces con eu familia sin mayores apremios económicos y 
comienza a escribir poemas, publicando el primero "Miraje" en 
abril de 1898. Da a la estampa un folleto Canto a Lamartine, MonL, 
1898, En 1899 funda <( La Revista", que cuenta con varias colabora- 
ciones suyas en prosa y verso y que cesa en julio de 1900. Realiza 
luego una breve incursión en la política y publica la conferencia 
Al Partido Colorado, Mont., 1900. Se muda con su familia en 1902 
a la casa donde establecerá la famosa Torre de I09 Panoramas, lugar 
por el que pasaron la mayoría de los escritores de la época En 
tanto, ya definitivamente conquistado por el Modernismo, da a cono- 
cer varias poesías en diversas publicaciones. 

Luego, en 1904 a consecuencia de la Guerra Civil, emigra a Buenos 
Aires, donde desempeña un puesto como Jefe del Archivo del Censo. 
Vuelto a Montevideo en 1905 reinicia su vida literaria en la Torre 
de los Panoramas y entra en el cuerpo de redacción de "La Demo- 
cracia". Es colaborador de la mayor parte de las revistas uruguayas 
y argentinas. En 1907 funda "La Nueva Atlántida" que alcanzó sola- 
mente al segundo número. Muere su padre. Acepta un empleo en 
"El Nacional" y continúa viviendo con su madre. El 22 de julio de 
1908 contrae enlace con Julieta de la Fuente Inicia un negocio de 
vinos que fracasa y trabaja como agente de seguro* en "La Uru- 
guaya". Busca finalmente un empleo del Estado» que obtiene, tiendo 
nombrado en 1910 Sub-archivador Bibliotecario del Departamento 
Nacional de Ingenieros No puede desempeñar so cargo pues estaba 
ya muy enfermo y fallece el 18 de marzo de 1910. 

Desde algún tiempo antes, había comenzado a recolectar sus poe- 
sías en un volumen Los Peregrinos de Piedra, Mont, O M Bertani, 
1909, que aparece a mediados de 1910 Posteriormente se publicaron 
por primera vez sus Obras Completa^ Mont., O. M. Bertani, 1913 



XXXVI 



CRITERIO DE LA EDICION 

i 

La ordenación de este volumen de la Obra Poética de Herrera 
y Reissig, no responde a la cronología de su producción, sino a 
un criterio de valoración representativa de su personalidad Hemos 
expuesto en primer plano la obra de su madurez estética, aquella 
que, verdaderamente, le confiere su jerarquía en la Posteridad; y 
situado en segundo término, en su mayor parte retrospectivo, a que- 
lias composiciones menos valiosas, de interés sólo documental, las 
más correspondientes a los dos o tres primeros años que anteceden 
a su plenitud. Y hemos descartado, por razones implícitas, las más 
juveniles, anteriores a su conversión al Modernismo, tales como sus 
largos Cantos a Lamartine, Castelar, a España, y otros, de interés 
sólo para los eruditos. 

Por otra parte, siendo la cronología exacta del conjunto de su 
producción muy insegura, hemos preferido seguir en la ordenación 
una norma temática y estilística, de acuerdo con 3as mismas líneas 
distintas y paralelas de su creación, a través de los escasos diez 
años de labor que abarca Así, se juntan en sene única sus "Eglogá- 
nimas", añadiéndoles sus "Sonetos Vascos" y sus poemas pastoriles, 
que les son afines; igual orden se sigue con la serie completa de 
sus "Eufocordias", escritas en diversas fechas; y en la unidad serial 
de los "Cromos Exóticos", "La Vida'\ integra con "Desolación Ab- 
surda" y **Tertulia Lunática", un tríptico de índole más abstracta 
e identidad formal. No era lógico mantener la separación en grupos 
distintos de esos poemas de una misma temática y estilo, tal como 
aparecieron en la edición postuma, completa, de mis obras, hecha 
por Orsmi Bertani, en cinco volúmenes, y ordenada por César Mi- 
randa, salvo el primer tomo* Los Peregrinos de Piedra, único 
que el propio autor dejara dispuesto para la imprenta íy que tam- 
poco se ajusta a orden cronológico). 

Consideramos igualmente arbitrarios los títulos y subtítulos de 
los distintos volúmenes y partes de aquella edición, como también 
algunos que se han introducido posteriormente en algunas antolo- 
gías, utilizando de los muchos — en borradores — que el autor 
proyectó y barajó en su vida; por lo cual hemos prescindido de ellos. 

En la presente edición, se ha seguido la antedicha de Bertani, 
depurándola de los que nos parecieron evidentes errores de imprenta 
y modernizando la ortografía 

Z. F. 



xxxvn 



OBRAS POETICAS 



LOS EXTASIS DE LA MONTAÑA 

30NETOS VASCOS - CILES ALUCINADA 

LAS CAMPANAS SOLARIEGAS 
La Muerte del Pastor 



LOS EXTASIS DE LA MONTAÑA 

Eglogánimas 



EL DESPERTAR 

Ahsia y Clons abren de par en par la puerta 

Y torpes, con el dorso de la mano haragana, 
Restréganse los húmedos ojos de lumbre incierta, 
Por donde huyen los últimos sueños de la mañana . • 

La inocencia del día se lava en la fontana, 
El arado en el surco vagoroso despierta 

Y en torno de la casa rectoral, la sotana 

Del cura se pasea gravemente en la huerta. . . 

Todo suspira y ríe La placidez remota 
De la montaña sueña celestiales rutinas 
El esquilón repite siempre su misma nota 

De grillo de las candidas églogas matutinas 

Y hacia la aurora sesgan agudas golondrinas, 
Como flechas perdidas de la noche en derrota 



[5] 



EL REGRESO 



La tierra ofrece el ósculo de un saludo paterno 
Pasta un mulo la hierba misera del camino 

Y la montaña luce al tardo sol de ímierno, 
Como una vieja aldeana* su delantal de lino 

Un cielo bondadoso y un céfiro tierno 
La zagala descansa de codos bajo el pino, 

Y densos los ganados, con paso paulatino, 
Acuden a la música sacerdotal del cuerno 

Trayendo sobre el hombro leña para la cena, 
El pastor, cu>a ausencia no dura mas de un día, 
Camina lentamente rumbo de la alquería 

Al verlo la familia le da la enhorabuena 
Mientras el perro, en ímpetus de lealtad amena, 
Describe coleando círculos de alegría 



[6] 



EL ALMUERZO 



Llovió Trisca a lo lejos un sol convaleciente, 
"Haciendo entre las piedras brotar una alimaña 

Y al son de los compactos resuellos del torrente, 
Con áspera sonrisa palpita la campaña 

Rumia en el precipicio una cabra pendiente, 
Una ternera rubia baila entre la maraña 

Y el cielo campesino contempla ingenuamente 
La arruga pensativa que tiene la montaña 

Sobre el tronco enastado de un abeto de nieve, 
Ha rato que se aman Damócans > Hebe, 
Uno con su cavado reanima las pavesas, 

Otro distrae el ocio con platicas sencillas 

Y de la misma hortera comen higos y fresas, 
Manjares que la Dicha sazona en sus rodillas 



[7] 



LA SIESTA 



No late más que un único reloj el campanario, 
Que cuenta los dichosos hastíos de la aldea, 
El cual al sol de Enero agriamemente chispea, 
Con su aspecto remoto de viejo refractario 

A la puerta, sentado se duerme el boticario 
En la plaza yacente la gallina cloquea 

Y un tronco de ojaranzo arde en la chimenea, 
Junto a la cual el cura medita su breviario 

Todo es paz en la casa Un cielo sin rigores, 

Bendice las faenas, reparte los sudores 

Madres, hermanas, tías, cantan lavando en rueda 

Las ropas que el Domingo sufren los campesinos 

Y el asno -vagabundo que ha entrado en la vereda 
Huye, soltando coces, de loa perros vecinos 



[8] 



LA VELADA 



La cena ha terminado legumbres, pan moreno 

Y uvas aún lujosas de virginal rocío 
Rezaron ya La luna nieva un candor sereno 

Y el lago se recoge con lácteo escalofrío 

El anciano ha concluido un episodio ameno 

Y el grupo desanudase con un placer cabrio , 
Entre tanto, alia fuera, en un silencio bueno, 
Los campos demacrados encanecen de frío 

Lux canta L>dé corre Palemón anda en zancos 
Todos ríen La abuela demándales sosiego 
Anfión, el perro, inclina, junto al anciano ciego, 

Ojos de lazarillo, familiares y francos, 

Y al son de las castañas que saltan en el fuego 
Palpitan al unísono sus corazones blancos 



[9] 



EL ALBA 



Humean en la vieja cocina hospitalaria 

Los rústicos candiles Madrugadora leña 
Infunde una sabrosa fragancia lugareña, 

Y el desayuno mima la vocación agraria , 

Rehota en los collados la grita rutinaria 
Del boyero que a ratos deja la vunta y sueña 
Filis prepara el huso Tetis, mientras ordeña, 
Ofrece a Dios la leche blanca de su plegaria 

Acongojando el \alle con sus beatos nocturnos, 
Salen de lo* establos, lentos y taciturnos, 
Los ganados La joven brisa se despereza 

Y como una pastora, en piadoso desvelo, 
Con sus ojos de bruma, de una dulce pereza, 
El Alba mira en éxtasis las estrellas del cielo 



C 10] 



LA VUELTA DE LOS CAMPOS 



La tarde paga en oro divino las faenas 

Se \en limpias mujeres vestidas de percales, 

Trenzando sus cabellos con tilos y azucenas 

O haciendo sus laborea de aguja, en los umbrales 

Zapatos claveteados y báculos y chales 
Dos mozas con sus cantaros se deslizan apenas 
Hu>e el \uelo sonambulo de las horas serenas 
Un suspiro de Arcadia peina los matorrales 

Cae un silencio austero. Del charco que se nimba 

Estalla una gangosa balada de marimba 

Los lagos se amortiguan con espectrales lampos, 

Las cumbres, ya quiméricas, corónanse de rosas «, 

Y humean a lo lejos las rutas pohorosas 

Por donde los labriegos Tegresan de los campos 



4 



[11] 



LA HUERTA 



Por la teja inclinada de las rosas techumbres 
Descienden en silencio las horas El bochorno 
Sahuma con bucólicas fragancias el contorno 
Ufano como nunca de vistosas legumbres 

Hécuba diligente da en reparar las lumbres 
Llegan por el camino cánticos de retorno 
Iris, que no \e casi, abandona su torno, 

Y buspira a la tarde, libre de pesadumbres 

Obscurece Una mística Majestad unge el dedo 
Pensativo en los labios de la noche sin miedo • 
No llega un solo eco, de lo que al mundo asombra, 

A la almohada de rosas en que sueña la huerta 

V en la sana \ivienda se adivina la sombra 

De un orgullo que gruñe como un perro a la puerta 



[12] 



CLAROSCURO 



En el dintel del cielo llamó por fin la esquila 
Tumban las carrasqueñas voces de los arrieros 
Que el eco multiplica por cien riscos y oteros, 
Donde laten bandadas de pañuelos en fila, 

El humo de las chozas sube en el aire lila, 
Las \acas maternales ganan por los senderos, 

Y al hombro sus alforjas, leñadores austeros, 
Tornan su gesto opaco a la tarde tranquila 

Cerca del Cementerio, — más allá de las granjas, — 
El crepúsculo ha puesto largos toques naranjas 
Almizclan una abuela paz de las Escrituras 

Loa vahos que trascienden a vacunos y cerdos . 

Y palomas violetas salen como recuerdos 
De las \iejas paredes arrugadas y obscuras 



[13] 



LA IGLESIA 



i 



En un beato silencio el recinto vegeta 

Las vírgenes de cera duermen en su decoro 

De terciopelo lívido y de esmalte incoloro 

Y San Gabriel se hastía de soplar la trompeta 

Sedienta abre su boca de mármol la pikta 
Una vieja estornuda desde el altar al coro 

Y una legión de átomos sube un camino de oro 
Aéreo , que una escala de Jacob interpreta 

Inicia sus labores el ama reverente 

Para saber si anda de buenas San Vicente 

Con tímidos arrobos repica la alcancía 

Acá y alia maniobra después con un plumero, 
Mientras por una puerta que da a la sacristía, 
Irrumpe la gloriosa turba del gallinero 



[14] 



EL CURA 



Es el Cura Lo han visto las crestas silenciarias 
Luchando de rodillas con todos los reveses, 
Salvar en pleno invierno los riesgos montañeses 
0 trasponer de noche las rutas solitarias 

De su mano propicia, que hace crecer las mieses, 
Saltan como sortijas gracias involuntarias, 

Y en su asno taumaturgo de indulgencias plenarias, 
Hasta el umbral del cielo lleva a sus feligreses 

El pasa del hisopo al zueco y la guadaña, 
El ordeña la prodiga ubre de su montaña 
Para encender con oros el pobre altar de pino, 

De sus sermones fluyen suspiros de albahaca 
El único pecado que tiene es un sobrino 

Y su piedad humilde lame como una vaca 



[15] 



LA LLAVERA 



Viste el hábito rancio y habla ronco en voz densa, 
Sigue un perro la angustia de su sombra benigna, 
Mascullando sus votos, reverente, consigna 
Un espectro achacoso de rutina suspensa 

Al repique doméstico de sus llaves, se piensa 

En las brujas de Rembrandt Sin embargo es tan digna 

Que Luzbel la chamusca, por lo cual se persigna 

Y con aguas benditas neutraliza la ofensa 

Ella sabe la historia de los Santos Patrones, 
De Syllabus, de ritos y de Kineleysones 
Ella sufre nostalgias sordas del Santo Oficio 

En la gloria del Padre será libre de expurgo 

Y se tiene por cierto que en la Noche del Juicio 
Dará fe de los buenos parroquianos del burgo 



[16] 



EL CONSEJO 



El Astrónomo, el vate y el mentor se han reunido ♦ 
La montaña recoge la polémica agreste, 
Y en el aire sonoro de campana celeste, 
Las tres voces retumban como un solo latido 

Conjeturan íiebrosos del principio escondido 
Luego el mago predice la miseria y la peste, 
El poeta improvisa, mientras, vuelto al Oeste, 
El astrónomo anuncia que en Híspanla ha llovido 

Ebrios de la divina majestad del tramonto, 

Los discursos se agravan Es ja noche De pronto, 

Arde en fuga una estrella Interrogan sua rastros 

Cual mil ojos abiertos al Enigma Infinito 
Se hace triple el silencio del consejo erudito 
Dedos entre la sombra se atoan hacia los astros 



[17] 



LA NOCHE 



La noche en la montaña mira con ojos viudos 
De cierva sin amparo que vela ante su cria, 
Y como si asumieran un don de profecía. 
En un sueño inspirado hablan los campos rudos 

Rayan el panorama como espectros agudos, 
Tres álamos en éxtasis Un gallo desvaría, 
Reloj de medianoche La grave luna amplia 
Las cosas, que se llenan de encantamientos mudos 

El lago azul de sueño, que ni una sombra empaña, 
Es como la conciencia pura de la montaña 
A ras del agua tersa, que riza con su aliento, 

Albino, el pastor loco, quiere besar la luna 

En la huerta sonámbula vibra un canto de cuna 

Aullan a los diablos los perros del convento 



1 18 3 



EL ANGELUS 



Salpica, se abre, humea, como la carne herida, 
Bajo el fecundo tajo, la palpitante gleba, 
AI ritmo de la yunta tiembla la corva esteva, 
Y el vientre del terruño se despedaza en vida 

Improba y larga ha sido como nunca la prueba 
La mujer, que afanosa preparo la comida, 
En procura del amo \iene como abstraída, 
Dando al pequeño el Ubio, dulce licor que nieva 

De pronto, a la campana, todo el valle responde 
La madre de rodillas su casto seno esconde, 
Detiénese el labriego y se descubre, y arde 

Su mirada en la súplica de piadosos consejos . 
Tórnanse al campanario los bueyes A lo lejos 
El estruendo del río emociona la tarde 



[10] 



LAS HORAS GRAVES 



Sahúmase el villaje de olores a guisados, 

El parraco en su muía pasa entre reverencias, 

Laten en todas partes monótonas urgencias, 

Al par que una gran calma inunda los sembrados 

Niñas en las veredas cantan En los porfiados 
Cascotes de la vía gritan las diligencias, 
Mientras en los contornos, zumba, hacia las querencias, 
El cuerno de los viejos pastores rezagados 

Lilas, violadas > lóbregas, mudables como ojeras, 
Las rutas, poco a poco, aparecen distintas, 
Cuaja un 9ilencio obscuro, alia por las praderas 

Donde cantando el día se adormeció en sus tintas 

Y adioses familiares de gritas lastimeras 

Se cambian al cerrarse las puertas de las quintas 



[20] 



LA FLAUTA 



Tinta entre algodones húmedos la arboleda 
La cumbre está en un blanco éxtasis idealista, 

Y en brutos sobresaltos, como ante una imprevista 
Emboscada, el torrente relinchando rueda 

Todo es grave En las cañas sopla el viento flautista 
Mas súbito, rompiendo la invernal humareda, 
El sol tras de los montes, abre un telón de seda, 

Y ríe la mañana de mirada amatista 

Cien iluminaciones, en fluidos estambres, 

Perlan de rama en rama, lloran de los alambres 

Descuidando el rebaño, junto al cauce parlero, 

Upilio se confía dulcemente a su flauta, 

Sin saber que de amores, tras un álamo, incauta, 

Contemplándole Fíüda muere como un cordero 



[21] 



LOS PERROS 



El olivo y el pozo Dormida una aldeana 
En el brocal A un lado la senda viajadora, 

Y un hombre paso a paso todo lo que a la hora 
Suspira una e\ angélica gracia samantana 

El sol es miel la brisa pluma > el cielo pana 

Y el monte, que una eterna candidez atesora 
Ríe como un abuelo a la joven mañana, 

Con los mil pliegues rústicos de su cara pastora 

Pan v frutas ingenuos desayunos frugales 
Mientras que lo* pastores huelgan de sus pradiales 
Fatigas o se lavan en los remansos tersos, 

Maniobran hacia el valle de tímpanos agudos, 

Los celosos instintos "Se los perros lanudos, 

De voz ancha, que integran los ganados dispersos» 



IDILIO 



La sombra de una nube sobre el césped recula,. 
Aclara entre montañas rosas la carretera 
Por donde un coche antiguo de tintinante muía, 
Llena de ritornelos la tarde placentera 

Hundidos en la hierba gorda de la ribera, 
Los vacunos solemnes satisfacen su gula, 

Y en lácteas vibraciones de ópalo, gesticula 
Alia, bajo una encina, la mancha de una hoguera 

Edipo y Diana, jóvenes libres de la campiña, 
Hacen testigo al fuego de sus amores sabios, 
Con gestos y pelliscos recélance de agravios, 

Mientras el finge un largo mordisco, ella le guiña 

Y así las horas pasan en su inocente riña, 
Como una suave pluma por unos bellos labios 1 



[23] 



EBRIEDAD 



Apurando la cena de aceitunas y nueces, 
Luth y Cloe se cambian una tersa caricia, 
Beben luego en el hoyo de la mano, tres veces, 
Kl agua azul que el cielo dio a la estación propicia 

Del corpino indiscreto, con ingenua malicia, 

Ella deja que alumbren púberas redondeces 

Y mientias Luth en éxtasis gusta sus embriagueces, 

Cloe los bucles pálidos del amante acaricia 

Anochece Una bruma violeta hace vagos 
El aprisco y la torre, la montaña y los lagos 
Sofocados de dicha, de fragancias y trinos, 

Ella calla y apenas el suspiraba ¡Oh Cloe* 
Mas de pronto se abrazan al sentir que un oboe 
Interpreta fielmente sus silencios dmnos r 



[24] 



LAS MADRES 



Verde luz y heliotropo en los amplios confines 
El cielo, paso a paso, deviénese incoloro , 
En la fuente decrepita iza un iris canoro 
La escultura musgosa de los cuatro delfines. 

Suena, de roca en roca sus candidos trin trines 
La vagabunda esquila del rebaño, y en coro, 
Ante Dios que retumba en la tarde, urna de oro, 
Los charcos panteistas entonan sus maitines 

Y a gra\e paso acuden, por los senderos todos, 
Gentes que rememoran los antiguos éxodos 
Mujeres matronales de perfiles obscuros, 

Cuyas carnes a trébol y a tomillo trascienden, 
Ostentando el pletónco seno de donde penden 
Sonrosados infantes, como frutos maduros 



[25] 



LOS CARROS 



Mucho antes que el agrio gallinero, acostumbra 

A cantar el oficio de la negra herrería, 

Husmea el boticario, abre la barbería 

En la plaza hay tan sólo un farol (que no alumbra) 

A través de la sórdida nieve que apesadumbra, 
Los bueyes del cortijo aran la cercanía, 

Y en gesto de implacable mala estación, el guía 
Salpica de improperios rurales la penumbra 

Mientras, duerme la villa señorial Los amores 
Ue la fuente se lavan en su mármol antiguo, 

Y bajo el candoroso astro de los pastores, 

Ungiendo de añoranzas el sendero contiguo, 
Pasan silbidos lentos v aires de tiempo ambiguo, 
En tintinambulantes carros madrugadores 



[26] 



LA DICHA 



Todas — blancas ovejas fieles a su pastora — 
Recogidas en torno del modesto santuario, 
Agrúpanse las pobres casas del vecindario, 
En medio de una dulce paz embelesadora 

La buena grey asíate a la misa de aurora 
Entran gentes obscuras, en la mano el rosario, 
Bendiciendo a los niños, pasa el pulcro vicario 

Y detrás la llavera, siempre murmuradora 

Se come el santuario musgoso la borrica 

Del doctor, que indignado un sochantre aporrea 

Transparente, en la calle principal, la botica 

Sugestiona a las moscas la última panacea 

Y al "ras" de su cuchillo cirujano, platica 
El barbero intrigante folletín de la aldea* 



[27] 



5 



BUEN DÍA 



"Do re mi fa" de un piano de vidrio en el follaje , 
Regalase la brisa de un sicro olor a hinojos, 
Y protegiendo el dulce descanso del villaje, 
Vela el paterno cielo con un billón de ojos 

Lumbres en la montaña vuelcan sobre el paisaje 
Claroscuros cromaticos y vagos infrarrojos, 
Pulula en monosílabos crescendos un salvaje 
Rumor de insectos, ladran perros en los rastrojos 

De súbito, el sereno, en trasnochado canto, 
Pregona "Son las cinco Tal como por encanto, 
De gárrulas comadres y vírgenes curiosas, 

Revrven los umbrales , y noche todavía, 

Cruzan de boca en boca los ingenuos "buen día", 

Como hilos de alegre rocío entre las rosas 



[28] 



EL SECRETO 



Se adoran Timo atiende solicita al gobierno 
De su casuca blanca Bión a sus pocas reses 

Y bajo la tutela de días sin reveses, 

Amor retoza y medra como un cabrito tierno 

Con casta dicha, Timo, en el claustro materno, 
Siente latir un nuevo corazón de tres meses 

Y sueña, en sus obscuros arrobos montañeses, 
Que la penetra un rayo del Dinamismo Eterno 

Ante el amante, presa de ardores purpurinos, 
Se turba y el secreto tiembla en sus labios rojos 
Huye, torna, sonríe, se oculta entre los pinos , 

Bión calla, pero apenas descifra sus sonrojos, 
La estrecha, y en un beso pone el alma en sus ojos 
Donde laten los últimos ópalos vespertinos 



C2»] 



EL DOMINGO 



Te anuncia un ecuménico amasijo de hogaza, 
Que el instinto del gato incuba antes que el horno 
La grey que se empavesa de sacrilego adorno, 
Te sustancia en un módico pavo real de zaraza > 

Un rezongo de abejas beatifica y solaza 

Tu sopor que no turban ni la rueca ni el torno 

Tú irritas a los sapos líricos del contorno, 

Y plebeyo te insulta doble sol en la plaza 

Oh Domingo 1 La infancia de espíritu te sueña, 

Y el pobre mendicante que es el que más te ordeña 
Tu genio bueno a todos cura de los ayunos, 

La Misa te prestigia con insignes vocablos 

Y te bendice el beato rumiar de los vacunos 
Que sueñan en el tímido Bethlem de loa establos 1 



[30] 



PANTEO 



Sobre el césped mullido que prodiga su alfombra, 
Job, el Mago de acento bronco y de ciencia grave, 
Vincula a las eternas maravillas su clave, 
Interroga a los astros y en voz alta les nombra 

El discurre sus signos El exulta y se asombra 
Al sentir en la frente como el beso de un a\e, 
Pues los astros le inspiran con su aliento sua\e 

Y en perplejas quietudes se hipnotiza de sombra 

Todo lo insufla Todo lo desvanece el hondo 
Silencio azul, el bosque, la Inmensidad sin fondo 
Trasubstanciado el siente como que no es el mismo, 

Y se abraza a la tierra con arrobo profundo 
Cuando un grito, de pronto, estremece el abismo 

Y es que Job ha escuchado el latido del mundo 1 



[31J 



LA MISA CANDIDA 



Jardín de rosa angélico, la tierra guipuzcoana' 
Edén que un Fra Domémco soñara en acuarelas 
Los hombres tienen rostros vírgenes de manzana, 

Y son las frescas mozas óleos de antiguas telas 

Fingen en la apretura de la calleja aldeana, 
Secretearse las casas con chismosas cautelas 

Y estimula el buen ocio un tnn-tnn de campana, 
Un pum pum de timbales y un fron-fron de vihuelas 

Oh campo siempre niño* Oh patria de alma proba r 
Como una virgen, mística de tramonto, se arroba 
A\es s mar, bosques todo ruge, solloza y trina 

Las Bienaventuranzas sin código y sin reyes 

Y en medio a ese sonámbulo coro de Pallestrina, 
Oficia la apostólica dignidad de los bueyes f 



[32] 



LA ZAMPOÑA 



Lux no alisa el corpino, ni presume en la moña; 
Duda y calla cruelmente, y en adustos hastíos 
Sus encantos se apagan con dolientes rocíos, 

Y su alma en precoces desalientos, otoña 

Job también hace tiempo receloso empozoña 
Sus ariscos afectos con presuntos desoíos 

Y a la luna y durante los ocasos tardíos, 

Da en contar sus dolencias a la buena zampoña 

En casa, las amigas de Lux le hacen el santo, 

*La obsequian y la adulan Bulle la danza, en tanto 

Lux ríe Su hermosura esa noche destella 

Mas de pronto se vuelve con nervioso desvelo, 
La cabeza inclinada y los ojos al cielo, 
Pues ha oído que llora la zampoña por ella 1 



[33] 



LA ESCUELA 



Bajo su banderola pertinente, la escuela 
Bate con aleluyas de gorrión lugareño, 

Y chatos de modorra, endosados a un leño, 
Unos tristes jamelgos dicen la clientela 

Desde el pupitre, rígido el preceptor recela 
Por el decoro unánime mas, estéril empeño, 
Amasando el "morrongo" cabecea su sueño 
Lo que escurre conatos sordos de francachela 

Entona su didáctica de espesas digestiones, 
A cada rato un riego enorme de oraciones 
Aunque, a decir lo ju^to, su ciencia es harto exigua, 

La palmeta y la barba le hacen expeditivo 

Y entre la grev atónita, dómine equitativo, 
Rebaña su mirada llena de luz antigua 



[34] 



GALANTERIA INGENUA 



A través de la bruma invernal y del limo, 
Tras el hato, Fonoe cabra la senda terca, 
Mas de pronto, un latido dícela que él se acerca 

Y en efecto oye el silbo de Melkmpo su primo 

A la llama, el coloquio busca sabroso arrimo, 
Luego inundan sus fiebres en la miel de la alberca, 
Hasta que la incitante fruta de ajena cerca 
Les brinda la luz verde dulce de su racimo 

Después ríen de nada 1 para qué tendrán boca 9 

Y, por fin — Dios lo quiso — él, de espaldas la choca 

Y la estriega y la burla, ya que Amor bien maltrata , 

Y ella en púdicas grimas, con dignidades tiernas 
De doncellez, se frunce el percal que recata 

La primicia insinuante de sus prósperas piernas 



[35] 



EL GUARDABOSQUE 



La mesnada que aulle o la sierpe se enrosque, 
Vela impávido, y solo que un mal sueño lo exija, 
Suspicaz como un gato, duérmese el guardabosque 
Con su brazo de almohada y el buen sol por cobija 

Él se mira en su selva como un padre en su hija 

Y aunque cruja la nieve y aunque el cielo se enfosque 
La primera instantánea del Oriente lo fija 

Como a un genio hieratico, Sacerdote del bosque 

Los Domingos visita la cocina del noble, 

Y al entrar, en la puerta deja el palo de roble 
De jamón y pan duro y de lástimas toscas 

Cuelga al hombro un surtido y echa a andar taciturno , 
Del cual comen, durante la semana, por turno 
El, los gatos y el perro, la consorte y las moscas 



[36] 



EL BAÑO 



Entre sauces que velan una anciana casuca, 
Donde se desvistieran devorando la risa, 
Hacia el lago, Foloe, Safo y Ceres, de prisa 
Se adelantan en medio de la tarde caduca 

Atreve un pie Foloe, bautízase la nuca 

Y ante el espejo de ámbar arróbase indecisa, 
Meneando el talle, Safo respinga su camisa 

Y corre, mientras Ceres gatea y se acurruca 

Después de agrias posturas y esperezos felinos, 
Gimiendo un jay T glorioso se abrazan a las ondas, 
Que críspanse con lúbricos espasmos masculinos . 

Mientras, ante el misterio de sus gracias redondas, 
Loth, Febo y David, púdicos tanto como ladinos, 
Las contemplan y pálidos huyen entre las frondas 



[37] 



EL LABRADOR 



Cual si pluguiese al Diablo — vaya un decir — engorda 
El granero vecino con la triple cosecha 

Y aunque el jura y zuequea, esta arcilla maltrecha 
Sigue siendo madrastra o que realmente es sorda 

Mas con todo "¿Aire rubios 1 " — tesonero barbecha, 

Y bien que el medro esquivo no es una vaca gorda, 
A Dios gracias la era patrimonial desborda 
Cuanto para ir capeando la estación contrahecha 

Y mientras el probable rendimiento calcula, 
Con un pan de la víspera entretiene su gula 
Sabe un gusto a consorte en la masa harto linda, 

Por lo cual en domésticas bendiciones se arroba 

Y con ojos de humilde Lázaro, el terranova 
Atisba las migajas que a intervalos le brinda 



[38] 



LA GRANJA 



Monjas blancas y Lías de su largo convento, 
Las palomas ofician vísperas en concilio, 

Y ante el Sol que, custodia regia, bruñe el idilio, 
Arrullan al milagro vivo del Sacramento 

Una vil pesadumbre, solemne en su aspaviento 
Suntuoso, ubica el pavo Gran Sultán en exilio 
El disco de los cisnes sueña Renacimiento, 
Mármoles > serenos éxtasis de Virgilio 

Con pulida elegancia de Tenorio en desplante, 

Un Aramís erótico, fanfarrón v galante, 

El gallo erige Oh huerto de la dicha sin fiebre' 

No faltan más que el agua bendita y el hisopo, 
Para mujir las candidas consejas del pesebre 

Y cacarear en ronda las fábulas de Esopo 



[39] 



OTOÑO 



La druídica pompa de la selva se cubre 

De una gótica herrumbre de silencio y estragos, 

Y Cibeles esquiva su balsámica ubre, 

Con un hilo de lágrimas en los parpados vagos 

Sus cabellos de místico azafrán llora Octubre 
En los lívidos ojos de muaré de los lagos 
Las cigüeñas exodan Y los buhos aciagos 
Ululuan la mofa de un presagio insalubre 

Tras de la cabalgata de metal, las traillas 
Ladran a las casacas rojas y a las hebillas 
El cuerno muje Todo ríe de austera corte 

El abuelo Silencio trémulo se solaza 

Y zumba la leyenda ecuestre de la caza, 

En medio de un hieratico crepúsculo del Norte 



EL MONASTERIC 



A una menesterosa disciplina sujeto, 
Él no es nadie, él no luce, él no vive, él no medra 
Descalzo en dura arcilla, con el sayal escueto, 
La cintura humillada por borlones de hiedra „ 

Ahatido en sus muros de rigor y respeto, 

Ni el alud, ni la peste, sólo el Diablo le arredra, 

Y como un perro huraño, él muerde su secreto, 
Debajo su capucha centenaria de piedra 

Entre sus claustros húmedos, se inmola día y noche 
Por ese mundo ingrato que le asesta un reproche . 
Inmóvil ermitaño sin gesto y sin palabras, 

En su cabeza anidan cuervos y golondrinas, 
Le arrancan el cabello de musgo algunas cabras 

Y misericordiosas le cubren la9 glicinas 



LA CATEDRA 



De pie, entre sus discípulos y las torvas montañas, 
El Astrónomo enuncia todo un oleo erudito 
El explica el pentagrama del Arcano Infinito, 
El amor de los mundos y las fuerzas extrañas 

Con preguntas que inspiran las nocturnas campañas, 
Lo sumerje en hipótesis el pastor favorito 
El mistena v de nue^o, en un gesto inaudito 
Lo Absoluto discurre por sus barbas hurañas 

De pronto, suda y tiembla, pahdo ante el Enigma • 
El eco que traduce una burla de estigma, 
Le sugiere la estéril vanidad de su ciencia 

Su \oz, como una piedra, tumba en la inmensa hora 
Arrodillase, y sobre su contrita insolencia 
Guiña la eterna y muda comba interrogadora 



[42] 



EXTASIS 



Bión y Lucma, émulos en fervoroso alarde, 
Permútanse fragantes uvas, de boca a boca, 

Y cuando Bión ladino la ebria fruta emboca 
Finge para que el juego lánguido se retarde 

Luego ante el oportuno carillón de la tarde, 
Que en sus almas, perdidas inocencias evoca, 
Como una corza tímida tiembla el amor cobarde, 

Y una paz de los cielos el instinto sofoca 

Después de un tiempo inerte de silencioso arrimo, 
En que los dos ensayan la insinuación de un mimo, 
Ella lo invade todo con un suspiro blando, 

Y él, que como una esencia gusta el sabroso fuego, 
Ra) a un beso delgado sobre su nuca, y ciego 

En divinos transportes la disfruta soñando r 



6 



[43] 



ILUMINACION CAMPESINA 



Alternando a capricho el candor de sus prosas, 
Ruth sugiere a la cítara tan augustos momentos ! 

Y Fanor en su oboe de aterciopelamientos 
Plañe bajo el ocaso de oro y de mariposas 

Ante el genio enigmático de la hora, sedientos 
De imposible y quimera, en el aire de rosas, 
Pnnen largo silencio sobre los instrumentos, 
Para soñar la eterna música de las cogas 

Largas horas, en trance de eucarísticos miedos, 

Amortiguan los ojos y se enlazan los dedos 

— Dulce amigo 1 — ella gime, > Fanor — Oh mi amada 1 

Y la noche inminente lame sus mansedumbres 
De pronto, como bajo la varilla de un hada, 
Fuegos, por todas partes, brotan sobre las cumbres 

1904 



[441 



EL TEATRO DE LOS HUMILDES 



Es una ingenua página de la Biblia, el paisaje 
La tarde en la montaña, moribunda se inclina, 
Y el sol un postrer lampo, como una aguja fina, 
Pasa por los quiméricos miradores de encaje 

Un vaho de infinita guturación salvaje, 
De abstrusa disonancia, remonta a la sordina ♦ 
La noche dulcemente sonríe ante el villaje, 
Como una buena muerte a una conciencia albina 

Sobre la gran campaña verde azul y aceituna, 
Se cuajan los apriscos en vagas nebulosas, 
Cien estrellas lozanas han abierto una a una, 

Rasca un grillo el silencio perfumado de rosas» 
El molino en el fondo, abrazando la luna, 
Inspira de romántico viejo tiempo las cosas 



[45] 



ÉL DINTEL DÉ LA VIDA 



Oh, la brega que jacta de viruta y de pieles 1 
Las espesas comadres mascan livianas prosas, 

Y en proverbiales éxodos promiscúan las jocosas 
Diligencias, su carga, bajo los> cascabeles 

Ah, dicha analfabeta sin resabios, m hieles 1 
El rudo pan del Cielo sabe a tomillo y rosas 
Ah, bañarse en la atónita desnudez de las cosas, 

Y morir en los brazos de la buena Cibeles * 

Oh, mañana inefable de la Vida* Oh, la franca 
Risa como de leche de la conciencia blanca 1 
Ante el alba inocente — no bien la noche fuga — 

Se abre, entre la hierba viciosa de sus calles, 
La dulce aldea blanca violeta de los valles, 
Siempre dichosa y siempre buena porque madruga 



£46] 



CLAROSCURO 



Son campos solariegos Tal vez, ay r ese muro 
Algún idilio trágico en su orfandad recuerde, 

Y la hiedra rmsaritropa que su mármol remuerde, 
Dio sombra al gran Virgilio o a Lamartine tan puro 1 

El viejo caserío, chato, de aspecto duro, 
Allá en los accidentes, sonambulo, se pierde, 

Y la pradera huraña mira, en éxtasis verde, 

Al monte que en el cielo enfosca un gesto oscuro 

La siembra su chillona, rústica pompa viste 
En pañuelos pictóricos, que \an hasta los cerros, 
Bordados de hortalizas de Uno, mies y alpiste 

Y en tanto, entre las roncas alarmas de los perros, 

El tren se hunde en el túnel, como un ciclón de fierros, 
El llanto de una gaita vuelve la tarde triste 



[47] 



LA PROCESION 



El señor Cura, impuesto de sus oros sagrados 
Acaudilla al piadoso rebaño serraniego, 
En voz alta exorcisa los demonios, y luego 
Salpica de agua santa las siembras y los prados 

Corean cien ladridos la procesión Por grados, 
Las músicas naufragan en el ancho sosiego 
Todo vuelve al divino mutismo solariego 
Gentes, rebaños, eras, parroquias y collados 

La emoción del crepúsculo pesa solemnemente 
Pájaros en triángulos vuelan sobre el torrente 
De cuando en cuando gime con unción oportuna, 

La inválida miseria de un viejo carricoche 
Todo es grave El castillo encantado de luna, 
Llena de cuentos de hadas los campos y la noche 



[48] 



EL BURGO 



Junto al cielo en la cumbre de una sierra lampiña, 
Tal como descansando de la marcha se sienta 
El burgo, con su iglesia, su molino y su venta, 
En medio a un estridente mosaico de campiña 

Regalase de oxigeno, de nuez sana y de pina 
Rige chillonamente gitana vestimenta 
Chales de siembra* rosas y una carga opulenta 
De ágatas, lapislázulis y collares de viña 

Naturaleza pródiga lo embriaga de altruismo, 
El campo es su filosofo, su ley el catecismo 
Fieramente embutido en sus costumbres hoscas, 

Por vanidad ni gloria mundanas se encapricha, 

Tan cerca esta del cielo que goza de su dicha, 

Y se duerme al narcótico zumbido de las moscas 



r«3 



LA VENDIMIA 



Mordiscan las tijeras con apáticos mimos, 
En un brillo piadoso, por los pámpanos ciegos, 
Carbunclos y esmeraldas, gemas de extraños fuegos, 
Desmayan sobre el cesto, en engarces opimos . 

La rendición copiosa — premio de cien trasiegos — 
Licencia enhorabuena los galantes arrimos , 

Y ufanadas las mozas con lustrosos racimos 
Trenzan cucas muñeiras y fandangos manchegos 

Es ya noche Prismáticas transparencias de uvas 
Rutilan en las fauces borrachas de las cubas 

Y mientras Pan despierta himnos entre los saúcos 

« — Ebria de lacrimosos frutos la frente eximia — 
Como al cuerno propicio de Baco, — la Vendimia, 
Hacia la luna joven, abre sus ojos glaucos 



INVIERNO 



El invierno embalsama, con sugestión de faustos 
Emolientes, las cosas Ebria por el ventisco, 
La luna sesga en postuma decrepitud su disco 
De azogue, que hipnotiza los predios inexhaustos 

La casa 8e reposa Se ove el balar arisco, 
Como una pesadilla de clamores infaustos, 
En duelo de quien sabe qué antiguos holocaustos 
Que lloran en el alma cristiana del aprisco 

Riendo ante la bella Neith que su prez modula, 

El viejo una gloriosa lágrima disimula 

Por fin, la besa y luego que solemne la escruta, 

Úngela de tabaco, y su dicha completa 
Picándola en su barba las mejillas de fruta, 
Que aterciopela un vello brumoso de violeta 



tai] 



LA CASA DE DIOS 



Flamante con su» gafas sin mucho» retintines, 

Ataca a sus enfermos el medico cazurro 

Al bien forrado, es lógico, lo cura con latines, 

Y en cuanto al pobre, rápido receta desde el burro 

Como antes, la acequia comenta en parlanchines 
Borbollones el mismo confidencial susurro, 
La orquesta del Casino, de un arpa y tres flautines, 
Descerraja una polca contra el coro baturro 

El pueblo ronca viejas credenciales de gloria 
Bastiones y acueductos con sus barbas de historia, 
Una escuela sin bancos y un hospicio en la cumbre, 

Cnpta9 y humilladero» con medrosos retablos» ♦ 

Y en los mismos dinteles, bajo un fanal sin lumbre, 
Una gran Cruz de fierro para ahuyentar los diablos 



I 32 ] 



EL GENIO DE LOS CAMPOS 



Por donde humea el último arado en los cultivos, 
Agrias interjecciones el eco desentona 
De tarde en tarde el ámbito trasunta en su bordona 
La égloga que sueñan los campos subjetivos. 

Alamos oxidados y sauces compasivos 
Aldeanas con cestos de fruta Una amazona 
El silencio en la inerte Cartuja congestiona 
De mística Edad Media los panoramas vivos 

Insinúase un vaho de fresales maduros, 
Con sabrosas resmas y \iolentos sulfuros « 
Bajo el vetusto puente, clásica linfa corre, 

Holgándose entre vegas de ópalo y de raso, 
Mientras, muecin sonámbulo, la esquilo de la torre 
Traspasa de ultratumba y de Dios el ocaso» 



[53] 



EL ESPEJO 



Se hunden en una Borda crisis meditabunda 
El oca9o suaviza los últimos enojos, 

Y Neith enjuga el oro liquido de sus ojos, 
Triste como su hermana, la tarde moribunda « 

Conspira en acres vahos la insinuación fecunda 
De la Naturaleza, por siembras y rastrojos, 

Y ellos, que ora se brindan flores en vez de abrojos, 
Suman entrelazados una unidad profunda 

Largamente, idealmente, como un sacro beleño, 
Bión la apura de un beso hasta el fondo del sueño 
Por no verla, en procura de un instante de calma, 

Cierra luego los ojos, declinando en el hombro 
La armoniosa cabeza, y oh' dulcísimo asombro 
Como en un claro espejo, la contempla en el alma. 



LA CASA DE LA MONTAÑA 



Ríe estridentes glaucos el valle, el cielo franca 
Risa de azul, la aurora ne su nsa fresa, 

Y en la era en que ríen granos de oro \ turquesa, 
Exulta con cromático relincho una potranca 

Sangran su risa flores rojas en la barranca, 
En sol y cantos ne hasta una obscura huesa, 
En el hogar del pobre ríe la limpia mesa, 

Y allá sobre las cumbres la eterna risa blanca 

Mas nada ríe tanto, con risas tan dichosas, 
Como aquella casuca de corpino de rosas 

Y sombrero de teja, que ante el lago se alma 

Quién la habita 9 Se ignora Misteriosa > huraña 
Se esta lejos del mundo sentada en la montaña, 

Y ríe de tal modo que parece una niña 



[55] 



CANICULA 



Labora la coqueta falange rusticana 

Que se prepara el sábado para lucir en misa 

Zumba la pedrería musical siempre a prisa, 

De la colmena Un grillo cri-cra entre la ventana 

La tarde suda fuego No cesa la roldana 
La gente en los sembrados anda esta vez remisa, 
Y hasta la dócil yunta, al aguijón sumisa, 
Obedece, por cierto, que de muy mala gana 

Holgando breves horas en la estación que enerva, 
Zagales y zagalas se unen sobre la hierba 
Ellas descuidan blancas florescencias carnales, 

Que muestran, aguas puras, su interior sin mancilla 
Cantan, juegan, y todos son un alma sencilla, 
Tal como en las desnudas épocas fraternales 



[56] 



DOMINUS VOBISCUM 



Bosteza el buen Domingo, zángano de semana 
El trapero del burgo ronda las callejuelas, 

Y enluta el Seminario, en dos sordas estelas, 
Su desfile simétrico^ de una misma sotana 

Junto a la fuente, donde chocan *us castañuelas 
Los sapos, el "elenco" debuta en la tartana, 

Y beato sobre tantas mansedumbres abuelas, 
El cielo inclina un gesto de bendición cristiana 

Dos turistas, muñecos rubios de rostro inmóvil, 
Maniobran la visita de un fogoso automóvil 
Con su lente y sus frascos > su equipo de viaje, 

Investiga el zootécnico, profesor de lombrices, 

Y a su \era, dos chicos, en un gesto salvaje, 
Atisban, con los húmedos dedos en las narices 



[57] 



BOSTEZO DE LUZ 



Cien fugas de agua viva rezan a la discreta 
Ventura de los campos sin lábaro v sin tronos 
El incienso sulfúrico que arde por los abonos, 
Se hermana a los salobres yodos de la caleta 

Con sus densos perfiles y sus abruptos conos, 
A lo lejos, la abstracta serranía concreta 
Una como dormida tormenta violeta 
Que el crepúsculo pnsma de enigmáticos tonos 

Silencio Una gran silencio que anestesia y que embruja, 

Y una supersticiosa soledad de Cartuja 
Ripian en la plazuela sobre el único banco, 

£A señor del Castillo con su galgo y su rifle 

Y alia en la carretera que abre un bostezo blanco 
Se duerme la tartana lerda del mercachifle 



[56] 



EL AMA 



Erudita en legías, doctora en la compota 

Y loro en los esdrújulos latines de la misa, 
Tan ágil viste un santo, que zurce una camisa, 
En medio de una impávida circunspección devota 

Por cuanto el señor cura es más que un hombre, flota 
En el naufragio unánime su continencia lisa 

Y un tanto regañona, es a la ve/ sumisa, 

Con los cincuenta nrviernos largos de su derrota 

Hada del gallinero Genio de la despensa 

Ella en el paraíso fia la recompensa 

Cuando alegran sus vinos, el vicario la engríe 

Asustándole en chanza las pomposas casullas 

Y en sus manos canónicas, golondrinas y grullas 
Comulgan los recortes de las hostias que fríe 



7 



[59] 



EXHALACION SUPREMA 



Bajo el regio crepúsculo de oro azul y grosella, 
Titiro en la dulzaina solemniza su cuita, 
Mientras Lux taciturna de idilio en la hora aquella, 
Bajo los abedules, solo por él palpita 

Lux delira, en su alma ha nacido una estrella, 
A&pirando esa música tan honda ) exquisita, 
Que evapora un suspiro de la tarde infinita, 
Con todo lo que calla de mas sublime en ella 

En su seno de virgen, late Amor un impronto 

De ansiedad que la axfisia Es )a noche De pronto, 

La dulzaina solloza un adiós mortecino, 

Y silencia ante el éxtasis de los lagos a/ules 
Ha muerto un alma blanca bajo los abedules 
Voces inteiraitentes zumban en el camino 



[60] 



EL ENTIERRO 



Cuatro rudos gañanes, sobre el hombro herculoso 
Sustentan el humilde féretro descubierto 
El cura ronca el salmo del eterno reposo, 

Y redobla la esquila desde el valle hasta el huerto 

Las melenas \ oleadas de dolor, con incierto 
Ritmo tardo v solemne adelantan al foso 

Y los torvos ancianos, con la \ista en el muerto, 
Se arrodillan en medio de un silencio espantoso 

"Adiós alma bendita, paloma de los cielos' 1 . 
Reza el cura Y unánimes desdoblan los pañuelo» 
Por fin sobre la caja, con intimo leproche, 

Cada cual un puñado de tierra vil derrumba 
Todo duerme A intervalos lastiman en la noche, 
Los aullidos del perro que vela ante la tumba 



[61] 



MERIDIANO DURMIENTE 



Frente a la soporífera canícula insensata, 

La \ieja sus remiendos monótonos frangolla, 

Y al son del gluglutante rezongo de la olla, 
Inspirase el ambiente de bucólica beata 

En el sobrio regazo <de la cocina grata 
Su folletín la candida maledicencia empolla, 
Hasta que la merienda de hogaza v de cebolla 
Abre un dulce paréntesis a la charla barata 

Afuera el aire es plomo Casiopea y Melampo, 
Turban sólo el narcótico gran silencio del campo 
Ella la muy maligna finge torpes enredos, 

Como le habla al oído de drvinos deslices 

Y así el tiempo resbala por sus almas felices, 
Como un rosario fácil entre unos bellos dedos 



[62 3 



LA SIEGA 



La mocedad que acude, briosa de las campañas, 
A los mutuos apremios, puja a las maravillas, 
Ellos los mocetones torvos, con las guadañas, 

Y ellas con las tijeras fáciles, en cuclillas 

Unos apilan mieses, otros atan gavillas, 
Muchos juegan o comen tortas en las cabanas, 
Mientras el vecindario pobre de las orillas 
Espiga en los rastrojos mustios y entre las cañas 

Hacia la era, inválidos, bajo una gloria de oro, 

Vacilan los vehículos su viaje sonoro 

Cien rapazuelos llueven ágiles sus guijarros, 

En medio de estridentes júbilos de ludibrio, 

Y al fin restableciendo todos el equilibrio, 
Fáciles sabandijas cuélganse de los carros 



[63] 



LA CENA 



Un repique de lata la merienda circula 
Aploma el arte-ano *u crasura y secuestra 
Media me¡»a en canónicas dignidades de bula, 
Comiendo con la zurda por alrtiar la diestra 

Mientras la grev famélica los manjares adula, 
kn sabroso anticipo, sus colmillos adiestra, 

Y por merecimiento casi más que por gula, 
Duplica su pitanza de col y de menestra 

Luego, que ante el rescoldo sus digestiones hipa, 
Sumido en la enrulada neblina de su pipa, 
Arrullan, golosinas domésticas de invierno 

La Hormiga \ Blanca Nieves, Caperuza y el Lobo 

Y la prole apollada, bajo el manto materno, 
Choca de escalofríos, en un éxtasis bobo 



[64] 



SONETOS VASCOS 



DETERMINISMO PLACIDO 



De tres, en tres las muías resoplan cara al viento, 

Y hacia la claudicante berlina que soslaya, 
El sol por la risrosa terquedad de Vizcaya, 
En soberbias fosfóricas, maldice el pavimento 

La Abadía El Castillo Actúa el brioso cuento 
De rapto y lid Hernam alh campo su raya 

Y fatídico emblema, bajo el cielo de faya, 

En rosarios de sangre, cuelga el braio pimiento 

La Terina Un can La jaula del frontón en que bota, 

Prisionera del arte, la felina pelota 

El convoy en la bruma, tras ei puente se avista 

El vicario La gresca Doble» y tamboriles 
El tramonto concreta la evocación carlista 
De somatén y "ordagos" y curas con fusile* 



[05] 



EL MAYORAL 



Con la faja incendiaria de crujiente pingajo, 

Con su boina arrogante del carlismo y sus prendas, 

Ruge el viejo Pelajo sus morriñas tremendas, 

Y sus "jos" y sus "erres" desenfunda a destajo 

Nadie anima una yunta, nadie blande las riendas, 
Como el Cid montonero campeador del atajo, 
Juega en su modo el guante dócil de su agasajo 

Y le ofusca un invierno de lejanas leyendas 

El eco de sus bélicos alaridos rebota 

De valle en monte, en ágiles balances de pelota 

En su recia cabeza y en su garbo de roble, 

Se recela un instinto al^o terco de cabra 

Y soslava sus ojos de mastín bravo y noble, 
El orgullo que roe la tristeza cántabra 



[66] 



EL POSTILLON 



Con sus líneas redondas y su barba lampiña. 
De un embrión truculento, — él en vez de navaj a, 
Blande un puño zaguero contundente en la riña, 

Y en el "mus" canta un "ordago" su invencible baraja 

La mirada de lobo montañés, aventaja 

En la noche andariega al halcón de rapiña, 

Y en su rostro agri dulce de bandido y de niña, 
Rinde un beso la aurora y el valor agasaja 

Su lento hablar, solemne, con bríos de falsete, 

Prolonga y balancea "ie&" de clarinete ♦ 

Por San Ignacio y Carlos de Borbón Dios que alumbre ' 

El, que no jura en vano, uTge que se le crea 

Y siempre en un hidalgo desprecio de costumbre, 
Su fusta como un crótalo bravo castañetea 



[67] 



LA TRILLA 



Ocho muías con clámides, blondas v ramilletes, 
Fingen de trilladoras en la huerta vizcaína 
Gradúa el mecanismo una urgente azotaina, 

Y revientan zorcicos y castañas y cohetes 

"Demoñua' Arra>ua f y Alpe r Maduxa y Vaina T " 
La interjección salpica iracundos falsetes 
Arde la ingenua sidra Chillan los gallardetes 

Y suspira de júbilo la sabrosa dulzaina 

Los coloquios ufanos de oros > de claveles, 
Brindan al son de crótalos pitos y cascabeles 
Sobre el bolero que arma su \oragine pronta, 

El pol\o de las eras signa brumosas tildes, 

Y traduce el incienso, que el pan grato remonta, 
Hacia el buen Sol, patrono de las hambres humilde» 



168] 



EL JEFE NEGRO 



Temerario y agudo y diestro entre los diestros 
El jefe negro empuña su indómita mesnada, 

Y en pos de bendiciones o al son de padre nuestro, 
Desata las guerrillas y asorda la emboscada 

Comulgan en su alforja con los bandos siniestros 
El cáliz, y con chumbos la Custodia Sagrada 
Canta misas en medio de los bosques ancestros, 

Y del santo responso pasa a la cuchillada 

Espeluzna en su neutra virilidad de eunuco 
El rosario enroscado a un enorme trabuco 
Oh, buen leon r Apenas bate el hierro inhumano, 

Para orar por el alma del -vencido se vuelve» 
El enemigo pronto se convierte en hermano, 

Y La mano que mata ea la mano que absuelve 1 



[69] 



TARASCON 



Oh, Tarascón heráldico sin tacha y sin deslices, 
Quijote de la hipérbole, Sancho del alma fresca 1 
Soñando tiburones, no duerme por la pesca; 

Y es fama de que muchos pescaron sus narices 

Oh, espanto de las liebres T Oh epicúreos felices 1 
En Tarascón no hay liebres, sin intención burlesca, 
Cazan a la platónica luna tartarinesca 

Y a sus gorras que luego, guisan como perdices 

El sol, aquel sofistico mago de Mediodía, 
Exalta con alquimias locas la fantasía 
Densos y doctorales, jactan en sus querellas 

De agrios positivismos, y aun los que pintan canas, 
Son almas tanto ilusa9, que dijéranse hermanas 
De los sauces misántropos pescadores de estrellas 



[70] 



EL CAUDILLO 



Reciamente miraron siempre al destino bizco, 
Sus diez lustros nivosos, ebrios de joven Majo, 

Y en el crespo entre\ero, despojándose el sayo, 
Ordenó "Fuera pólvora 1 A puñada y mordisco 1 " 

Nadie ajusta una barra, nadie bota un pedrisco, 
Ni la caustica fusta zigzaguea en un rayo, 
Como el ancho caudillo, que en honor de Pelayo, 
Cabalgara montañas, fabuloso y arisco 

Ya que baile o que na, ya que ruja o que cante, 
En la lid o en la gresca, nadie atreve un desplante, 
Nadie erige tan noble rebelión como el vasco, 

Y sobre esa leonina majestad que le orla, 
Le revienta la boina de valor, como un casco 
Que tuviera por mecha encendida la borla 1 



[ti] 



EL GRANJERO 



Ysaac, Mago en la siembra, gracias al recio puño, 
Intuye de la geórgica progenie, linea a linea 
Ama a la remolacha^ buena porque es sanguínea, 
Al apio vil y al torpe alcornoque gazcuño 

Respetan por innocuo todos su refunfuño 
El melón insinuante y la poma virgínea, 
El perejil humilde y la uva apolínea 

Y el ajo, maldiciente canalla del terruño 

En el gesto ermitaño de la barba su risa 
Desciende como un óleo de consejo y de misa 
El puede, aunque reumático, sustentar una mole, 

San Isidro y las hadas miman su blanco lecho 

Y el sudor que adereza el buen pan de la prole 
Condecora diamantes de honradez en su pecho 



[72] 



VIZCAYA 



AI pie de sus fruncidos campanarios* madura 
Vizcaya sus chillonas primaveras de Infantes, 
Los muros haraposos, antiguos mendicantes, 
Duelen en una terca limosna de dulzura 

Pífanos v panderos molinos de aventura 
Chalecos que detonan en rojos insultantes 
La danza de las boinas rechina sus desplantes, 
Al viento de la patria que ruge de bravura 

Con el oso adivino y la mona burlesca, 

Abre el titiritero rostros despavoridos ♦ 

La indumentaria aulla duelos de antigua gresca 

Raptos galantes, curas, infantes y bandidos 
Y la jerga que estira la vocal pintoresca, 
Latiguea en "redioses", guturales chasquidos 



[73] 



CILES ALUCINADA 



Mirabar quid maesta déos Amanily, vocarea, 

Ipsae te, Tityre, pinna, 
Ipsi t« fontes, íp&a haec arbusta vocabant 

Virgilio 

Ciles es rubia y hermosa Su niñez como una llama 
Se alargó, y a los diez años hubo que hacerle una cama 
La historia de sus primores hizo en los -valles estruendo 
En sus mejillas parece que hay un beso amaneciendo, 

Y cuando Ciles suspira lleva el soplo de su boca, 
Hehotropos insinuantes y ternuras de mandioca 

Pero Ciles no es la misma desde algún tiempo a esta parte, 

Ni siquiera con el cura que va a su casa, departe, 

Ya los sábados no corre, trémula de regocijo, 

A esperar en el sendero la borrica del cortijo 

Ella no acepta de nadie nueces, ni frutas, ni mieles, 

Ni tampoco se comide para aliñar los pasteles, 

Y en \ez de cuentas y lazos, que le llevan las amigas, 
Sueña que un duende peludo le ofrece arañas y ortiga» 

Ya no luce aquella negia íedtcüla, m entrelaza 
Blancas flores de los prados, hace tiempo que no caza 
Mariposas de la tarde para adornar su corpino 
Todo en ella es negligencia, todo en ella es desaliño 



[74] 



Ya no cuida de su saya de rojos pliegues pesado», 
Que le besan media pierna Y sola en los descampados, 
Sin oír las resonancias de los místicos cencerros, 
Abandona sus majadas al cuidado de sus perros 

Hace ya un rato que Ciles se encuentra inmóvil La luna 
Pinta en el lago una eglógica decoración aceituna, 

Y allá por las hondonadas, sobre los muertos pantanos, 
Lloran sus misantropías algunos sauces humanos 

La hora es cordial Hasta el ancho azul ingenuo del cielo 
Sube el grito del torrente Con su romántico vuelo, 
Algunas brisas, que vienen desde los \ alies dormidos, 
Llevan al alma el secreto de los insomnios floridos 

Triste, fantástica, muda, con el color de una muerta, 
Ciles suspira hace rato junto al umbral de la puerta 
Cautiva de su quimera o herida por un deslío, 
Tiemblan sus largas pestañas como el follaje en el río 
La rigidez de sus dedos en que brilla una sortija, 
Marca la pálida recta de la obsesión honda y fija, 

Y entre el cabello que cae asoma el seno tierno 
Como un blanco animahto que toma sol en invierno 

Ya no canta los prodigios de los graves ermitaños 
Que espantaban a los diablos, reunidos en los castaños, 
Ni cuando corre una estrella se persigna, dando aviso 
"En este momento ha entrado un alma en el paraíso 
Ya no cura los cabritos llevándolos a su lecho 
Para que duerman calientes, pegados contra su pecho 

No piensa en cuando su abuelo, después de un largo relato, 

Picándola con su barba la hizo llorar un buen rato, 

Tal vez no extraña el cachorro que se murió entre la nieve, 

Por haber perdido el rastro de su piececito leve, 

Su dulce amigo que al verla murió diciendo en un grito 

"Tengo celos de tu amante, aquel hermoso cabrito 1 w 

Ni aquella historia recuerda, que la dejó medio boba, 

[75 1 

3 



De una santa que vivía de las tetas de una loba, 

Y la loba al morir, entre muchas maravillas, 
Le pidió la bendición, poniéndose de rodillas 

Pobre Ciles 1 ella mira tras de la cumbre sedeña, 
Ella ha jurado tres veces, mientras cortaba la leña, 
Matar a quien le enseñara, sólo con un caramillo, 
A enamorar las culebras y a darle celos al grillo 
A la virgen ese día (Mes ha dado palabra 
De consagrarle un tocino y a mas un queso de cabra 
Ella sabe del efímero que suele ser noctivago 

Y que se place a estas horas entre los tules del lago, 
Donde ella lo vio una tarde, cuando empezó a darle daño, 
Cogido de su cintura, mientras se le iba el rebaño 

Reina una paz infinita De todos lados se exhalan, 
Humanamente, rumores Algunos corderos balan 
Cual recelosa nodriza que vela junto a su niño, 
Oles se mueve en silencio, después de algún escudriño, 
Pero al andar unos pasos, vuélvese a mirar la choza 

Y apretándose la cara con ambas manos, solloza. 

Pues ella piensa en sus tiernos hermanitos que abrazados, 

Sobre un vellón cuya albura le da eficacias de nuevo, 

Duermen, hace rato, juntos, calientes, casi pegados, 

Tal como dos pajaritos que están en el mismo hue\o T 

Lejos, de algunas cabanas, por entre un soto de aloes, 

Llegan sonidos de gaitas, de caramillos y oboes, 

\ Ciles recuerda el canto primero que le enseñara 

Su mal pastor (una noche, como esa noche tan clara 

Se llama "El canto del bosque' ) Al principio no entendía 

Un acorde con escalas de sahaje gritería, 

Torpes y flojos sus dedos andaban, casi encogidos, 

En el instrumento como corderos recién pandos 

Y ella, aunque sabe que es ruda, tiene la blanca certeza 
De que los ojosi de Elias aumentaron su torpeza, 



[76 1 



Pues siempre que él la miraba — no le mienten ios 

[recuerdos — 

Sus dedos se humedecían, estaban mucho más lerdos 

Bajo el augusto misterio, por entre zarzas y riscos, 
Ciles veloz se desliza, dejando atrás los apriscos, 
Los pueriles saltos de agua vagabunda en que mil chorros 
La nombran, y un tronco donde una pareja de zorros 
Está adorando la luna Fue allí, en una tarde opaca, 
Donde él la besó en el hombro, al ir a ordeñar la vaca, 
A traición mientras se hincaba, donde Ciles por recato 
Sq bajó bien el vestido, y se quejó del mal trato 
Que recibiera en el alma, y donde aquel pastorcillo 
Lloró para consolarla, soplando en el caramillo 1 

Nada, nada la detiene Llena de un ensueño vago, 

Quiere matar al pastor, allá en el fondo del lago 

Donde quizá sin recelo, blandamente se solaza 

Con la vaquera del prado, aquella hermosa rapaza, 

La misma de quien Elias una noche le dijera 

Cosas tan malas que hablaban de un lunar en la cadera 

Ella también morirá, y al entregarse a la onda, 

Le ha de encadenar por fin a su cabellera blonda, 

Y en el fúnebre deleite de los postreros abrazos, 

Lo clavará con mil besos sobre la cruz de sus brazos 1 

Un suave recogimiento reina en todo Se diría 
Que Ciles es la sonrisa de aquella melancolía 
Entre sus labios tiembla, la rosa de la aventura, 
Su marcha es ligera y fácil, y es tal su desenvoltura, 
Por entre breñas y heléchos tan dulcemente resbala, 
Como si en el pie esa noche le hubiera nacido un ala 

Repentino languidece Una infinita delicia 

La invade, todo su pecho se dilata a una caricia 

De ingenuas inspiraciones Aquiétase El magnetismo 



[77] 



De su lacónica patria, y un obscuro panteísmo 
Que no comprende, la postran Ella siente como un viento 
Apagar la viva hoguera de su sangre, y un ungüento 
De sobrehumanas dulzuras, siente una ociosa mañana 
De paz en el corazón y como una barba anciana 
Que se desliza en su seno, le parece que una lengua 
Divina le lame el alma y a poco su fuerza mengua 
Aquellas viejas montañas le ofrecen acogimiento, 
Como a una visión sagrada del Antiguo Testamento t 

Vuelve a pensaT en Elias y con extraña molienda 

Se adelanta, pero al punto descarriada de la senda, 

Ciles pesa mas y mas y vacila junto a un haya 

Se ha enredado su vestido, 

Y ella, sin volverse acaso, mira cómo de su saya. 

En procesión flavescente que se oculta en los barrancos, 

Cuelgan su madre que ha muerto y un ejercito florido 

De ángeles blancos 

La cadencia de un suspiro llena de un vago reproche 
La dulzura confidente de las almas de la noche 

Casi a punto de llorar se suspende toda ella 

Dei placer ultraterrestre que sentirá en su querella 

Cuando lo mate y de nuevo, parécele que una lengua 

Divina le lame el alma, y a poco su fuerza mengua 

Su pálida frente mana un \ivo sudor helado, 

Como si una nube santa se hubiese en ella posado 



Al ver el lago se agita pero esta \ez una inmensa 
Y como postuma dicha, dejala exangüe y suspensa 
Detiénese bruscamente Aquella piedra, esa rama, 
El matorral y la gruta, todo a un tiempo la reclama 



[78] 



Los perfiles patriarcales de aquellas severas cumbres 
Se humanizan a sus ojos con extrañas dulcedumbres 
Respirando plenitudes de amor absurdo y sereno, 
Siente que aterciopelado se duerme el mundo en su seno 
Ella ve una imploración por la salud de sus males, 
En la devota humildad de los sauces fraternales 
Un espejo la objetiva Todo lo que ella ha sentido 
Lo contempla en el paisaje, trasmigrado y confundido 

Su atención se ratifica de horizonte en horizonte, 

Y están llenos de su alma nubes, prados, valle y monte, 
Fausta embriaguez la manima Gesticulan conturbados 
Al verla, los insociables arbustos de los collados 
Tímidas hierbas le ofrecen lecho de olor Larga queja 
Le da el grillo, y la cañada, que despierta con la flora, 
Le habla entre dientes, la llama* como una abuehta vieja, 
Para lavarle la sangre de alguna espina traidora 

Recogida íntimamente no acierta en lo que le pasa 
Aquel cielo le es tan dulce como el techo de su casa 
Un encanto familiar la_ circunda por doquiera, 
Por momentos ella siente que es un objeto cualquiera, 

Y sonríe Formas vagas a media voz la interrogan, 
Aquí unos linos sonámbulos sobre sus manos dialogan, 
Alia rebaños de piedras le quieren contar su cuita, 

Y están mudas de emoción la a campanas de la Ermita 

CJe& no puede moverse tiene el alma prisionera, 
Todo aquel suelo la llama, como una dulce cordera 

Y entre esas viejas montañas que le dan acogimiento, 
Se parece a una visión del Antiguo Testamento ' 

Hacei un esfuerzo supremo un misterioso homenaje 
Se abraza de sus rodillas . entonces busca coraje 
En el cielo, pero en vano, pues ha visto que la estrella 
Que alumbró su nacimiento, tiembla da vivir sin ella, 



[79] 



Y la luna, al mismo tiempo, inertemente la inunda 
Con el ojo suplicante de una cierva moribunda 

Desde entonces hasta el alba, sublimemente olvidada 
Del pastor y de si misma, permanece hipnotizada 
Como e^os montes, rnmóiil como esas fuentes, rendida 
Como esas piedras, quimérica como esas nubes, sin vida, 
Casi extática, inconsciente, gra\e como el Monasterio, 
Rígida exhausta, cubierta de sueño, luna y misterio 1 

Todo es paz Hablan de amor las abstractas lejanías, 

Y bajo el dulce hipnotismo, por entre un soto de aloes, 
Suspirando las solemnes y hurañas melancolías, 

Se duermen ebrias de llanto las gaitas y los oboes 



[89] 



LA MUERTE DEL PASTOR 



Balada Eglógica 

Infehx o semper, oves, pecus 

Virgilio 

I 

Se lo dijo a la fontana 

El llanto de una aldeana. 

Ya el carrizal no lo duda, 

Que oyó gemir al Poeta 

Todo, todo, lo trasuda 

El sauce y la mejorana 

Es bien cierto Pobre nieta T 

Lo cuenta en su lengua ruda 

La" Soledad rusticana, 

Lo deplora la campana 

Desde la Ermita desnuda, 

La zampona que esta muda, 

La flauta > la pandereta 

Y hasta el cielo que interpreta 

Una gran tristeza humana 

Pobre meta 1 
Pobre abuelo 1 

Hay un gran beso de duelo 
En la quietud del ambiente 



[81] 



Murió el pastor quién lo duda' 
Desde la Ermita hasta el Huerto, 
La montaña lentamente 
Se está \istiendo de viuda' 

Es cierto, es cierto' 

Ya todos saben que ha muerto 

El mozo de la carreta 

Por el camino \ioleta 

Su corazón va llorando 

Como un cordero inexperto 

Armando 1 Armando' 

El alma de las montañas, 
De sugestiones tranquilas, 
Mira, con penas hurañas, 
Aquellas claras pupilas 
Que en el camino violeta 
Lloran con lágrimas lilas 
Muda está la pandereta, 
Mudas están las esquilas, 
Ya nadie emboca las cañas, 
Desde que Armando está ausente, 
En tanto que las montañas 
Miran pasar lentamente 
Aquellas vagas pupilas 
Que, tarde a tarde, intranquilas 
Van a llorar a I3 fuente . 
Cuánto tarda la carreta' 
Armando' Armando' , 
Van sus ojo* escrutando 
Por el camino violeta 

Por el camino violeta 
Va la pastora llorando, 



[83] 



Sin rumbo, no tiene mando 
Su voluntad incompleta 
— Llora acaso por Armando, 
El mozo de la carreta 9 
Adonde van sus pupilas 9 

Por el camino violeta 
Va la pastora dejando 
Su alma en lágrimas lilas 
Armando 7 Armando 1 

Murió, su pastor 9 Es cierto 9 
Ella interroga a la vieja 
Choza y al campo desierto, 
A la distancia bermeja 

Y hasta al porfiado pedrisco 
A la retama, al lentisco, 

A la vaguedad perpleja 
Del horizonte incierto, 
Al palomar, al aprisco, 
AI buho rapaz que bisco, 
Al asno, a la comadreja, 
A la congoja del Huerto, 
Al buho rapaz que bisco, 
Un mito burlón semeja 

Y todo le grita ha muerto 1 

Armando T Armando' 
Su corazón va llorando 
Como un cordero inexperto 

II 

Cruza junto al Adivino, 
Junto al Sabio y al Poeta, 
No se fija en el pollino 



[83] 



Del anciano Anacoreta, 

Y atraviesa la meseta, 
Bajo el misterio opalino 
De aquella tarde secreta 

— Adonde va 9 Qué la inquieta ? 

Ya la perdieron de \ista 

Las cabanas lugareñas, 

El pañuelo de batista 

Que de lejos le hizo señas, 

El sonámbulo molino 

Y hastn el estanque amatista 
Donde termina el camino ♦ 

Va sin rumbo, soñadora 
Por el camino \ioleta, 
La pastora ♦ 
Por qué llora * 
Desde cuándo 0 

Adonde va? Qué la inquieta 9 
Hov se tarda más que nunca la 
Armando 1 Armando 1 
El aire es de terciopelo 
Pot el camino violeta, 
Cual a través de una grieta, 
Se ve cómo piensa el cielo 
En el umbral el abuelo 
E^tá esperando a su meta 
Tiene en la mano un pañuelo 

Y en los ojos el consuelo 
De una lágrima secreta . 
Desde que partió la nieta, 
Llora a menudo el abuelo, 

Y por un ceño de hielo 

Se encuentra jay Dios' obsedido 
El hace, con su pañuelo, 
Señas al Sabio, al Poeta, 



[84] 



A la inválida carreta 

De andar penoso y dolido, 

A la corneja, al mochuelo 

Y al misterioso cometa 

Que, hace noches, desde el cielo 
Lo está diciendo* Y tu nieta 9 
i Mal año tienes abuelo T 

No es esa, no, la carreta 
Que tu esperabas, ni el vuelo 
De aquellas cornejas grises 
Te traerá de los países 
Tenebrosos a tu nieta» . 
Pobre abuelo T Pobre meta' 

Ya no \erás la carreta 

Por el atajo vecino, 

Ya no oirás la pandereta, 

Ni comerás del tocino 

Que te brindara tu nieta 

Ya ni el Sabio, ni el Poeta 

Podrán darte algún consuelo, 

Ya no tendrás otro abrigo 

Que la lámpara del cielo, 

Ni tendrás másj fiel amigo 

Que el pobre perro mendigo, 

Que fue en un tiempo de Armando, 

Y que ha de venir llorando 
A consolarse contigo 
Armando 1 Armando * 

III 

El aire es de terciopelo 
Por el sendero vecino 
Llega un eco mortecino 



[85] 



De voces gravea, el cielo 
Tiene un ensueño opalino . 
A la vera del camino, 
El Sabio y el Adivino 
Conversan con el Poeta 
Sobre el Amor y el Destino 

De repente, el Adrvino, 
Después de invocar al Cielo, 
Solemnizó — Pobre Armando 1 
Es un decreto divino 1 
Dios sabe — y sobre el pañuelo 
Se inclinó un rato llorando ♦ 

Dice el sabio — Qué saeta 
Tu\o el ingrato destino 1 
— Cierto 1 — reza el Adivino, 
Era virtuoso, era blando 1 

Dice a su tumo el Poeta 
— Hemos perdido un amigo' 
Mientras él perro mendigo 
Se acerca al grupo ladrando 
Armando 1 Armando 1 

Hoy no viene la carreta 
¡Qué desolación secreta 
Tiene la tarde en el Huerto 1 
Adonde ira la pastora 1 
Se habrá extraviado qué llora 
Como un cordero inexperto 9 

IV 

A la orilla de un camino 
Que frecuentó por su infancia, 



[8<5] 



Oy© el rumor campesino 

De una, antigua resonancia 

Es el pino, el viejo pino, 

Que le murmura temblando 

— Qué es de la vida de Armando 9 

Cual ha de ser tu destino 9 

Armando 1 Armando' , 

En una de esas mañanas, 
De esas mañanas muy blancas, 
Que parecen tener francas 
Ingenuidades de hermanas 
En una de esas mañanas, 
Al pie de ese mismo pino, 
Se dieron el primer beso 

Y partieron su destino 
Con una sola palabra» 
Mientras partieron el queso, 
El pan, la leche de cabra, 
La miel y las avellanas 1 
En una de esas mañanas» 

El perejil y el hinojo, 
El romero y el tomillo, 
Lamen el ruedo sencillo 
De su trajéalo rojo, 

Y por el vago rastrojo 

Y el carrizal amarillo, 
Llega Lux, el perro cojo 
Que perdió a au pastorcillo 
Armando 1 Armando 1 . 

Cómo lo ha perdido y cuándo 
De qué suerte ? Lux lo ignora, 
Pero aulla > lo deplora 

Y al presentir la pastora, 



[S7] 



Brizna a brizna rastreando, 
Corre a su encuentro, la implora, 
Pregúntale por Armando, 
Si es que murió, cómo y cuándo 9 

Y se arrodilla y lo llora 
Armando 1 Armando' 

— Adonde fue el pastorcillo 9 
— Adonde ira la pastora 9 
— Qué será del perro cojo 9 
El adivino lo ignora, 

Y también el ruedo rojo 

Y el perejil y el tomillo' 

V 

Nunca vendrá la carreta 

Ya no se oyen las tranquilas 

Dulzuras del caramillo, 

Y el crepúsculo amarillo 
Cuenta una historia secreta 
Muertas están las esquilas, 
Colgada la pandereta 
Sólo gime la campana 
Desde la Ermita desnuda, 
Bajo el cielo que concreta 
Una gran tristeza hermana' 

Mas, ciertas noches no hay duda, 
Cuenta la grey rusticana, 
Suele verse una carreta 

Y de tras una serrana 
Tocando la pandereta, 
Por el camino \ioleta 
Que conduce a la fontana» 



[88] 



— Adiós, mañanas tranquilas T 
i Oh, qué destino nefando 1 
— Diz que llora la silueta, 
Siempre andando, siempre andando 

— Qué ven sus glaucas pupilas? 
Adonde marcha sin mando 
Su voluntad incompleta 9 
Por el camino violeta, 
Va la pastora dejando 
Su alma en lagrimas lilas, 
Armando ! Armando T . 

1907 



[89] 



LOS PARQUES ABANDONADOS 



3 



LOS PARQUES ABANDONADOS 

Eufocordias 



EL BANCO DEL SUPLICIO 



•t pulí je Bilis paru, pkurant comme un enfanti 

Musset 

A punto de dormirte bajo el ledo 
Suspiro del arcángel que te guía. 
Hirióme el corazón tu analogía 
Con una ingrata que olvidar no puedo 

Reclinada en el banco del viñedo, 
Junto al tilo de exánime apatía, 
Al iluso terror de que eras mía 
Me arrodillé con tembloroso miedo 

Partido por antiguo sufrimiento, 
Sobre tu frente agonicé un momento 

Y cuando el sueño te aquietó en el blando 

Tul irreal de los deliquios suyos, 
Uniéronse mis labios a los tuyos, 

Y como un niño me alejé llorando! 



[»3] 



LA ESTRELLA DEL DESTINO 



La tumba, que ensañóse con mi suerte, 
Me vio acercar a vacilante paso, 
Como un ebrio de horrores, que al acaso 
Gustase la ilusión de sustraerte 

En una larga extenuación inerte, 
Pude medir la infinidad del caso, 
Mientras que se pintaba en el ocaso 
La dulce pnma\era de tu muerte 

La estrella que amparónos tantas veces, 
Y que arrojara, en medio de las preces, 
Un puñado de luz en tus despojos, 

Hablóme al alma, saboreando llanto 
"i Oh hermano, cuánta vida en esos ojos 
Que se apagaron de alumbrarnos tanto 1" 



EL CAMINO DE LAS LAGRIMAS 



Citándonos, después de obscura ausencia, 
Tu alma se derretía en largo lloro, 
A causa de quién sabe qué tesoro 
Perdido para siempre en tu existencia 

Junto a los surtidores, la presencia 
Semidormida de la tarde de oro, 
Decíate lo mucho que te adoro 

Y cómo era de sorda mi dolencia 

Pesando nuestra angustia y tu reproche, 
Toda mi alma se pobló de noche 

Y al estrecharte murmurando aquellas 

Remembranzas de dicha a que me amparo, 
Hallé un sendero matinal de estrellas, 
En tu falda ilusión de rosa claro 



[95] 



LA GOTA AMARGA 



Soñaban con la Escocia de tus ojos 
Verdes, los grandes lagos amarillos, 

Y engarzó un nimbo de esplendores rojos 
La sangre de la tarde en tus anillos 

En la bíblica paz de los rastrojos 
Gorgearon los ingenuos caramillos, 
Un cántico de arpegios tan sencillos 
Que hablaban de romeros y de hinojos 

|Y dimos en sufrir 1 Ante aquel canto 
Crepuscular, escintiló tu llanto , 
Viendo nacer una ilusión remota, 

Callaron nuestras almas hasta el íondo 

Y como un cáliz angustioso y hondo 
Mi beso recogió la última gota 



[96] 



LA SOMBRA DOLOROSA 



Gemían los rebaños Los caminos 
Llenábanse de lúgubres cortejos, 
Una congoja de holocaustos viejos 
Ahogaba los silencios campesinos 

Bajo el misterio de los velos finos, 
Evocaban los símbolos perplejos, 
Hierática, perdiéndote a lo lejos 
Con tus húmedos ojos mortecinos 

Mientras unidos por un mal hermano. 
Me hablaban con suprema confidencia 
Los mudos apretones de tu mano, 

Manchó la soñadora transparencia 
De la tarde infinita el tren lejano, 
Aullando de dolor hacia la ausencia 



LUNA DE MIEL 



Huyó, bajo sus velos soñadores, 
La tarde Y en los torvos carrizales 
Zumbaba con dulzuras patriarcales 
El cuerno de los últimos pastorea 

Entre columnas, ánforas y flores 
Y cúpulas de vrvas catedrales, 
Gemí en tu casta desnudez rituales 
Artísticos de eróticos fervores 

Luego de aquella voluptuosa angustia 
Que dio a tu faz una belleza mustia, 
Surgiendo entre la gasa cristalina 

Tu seno apareció como la luna 

De nuestra dicha y su reflejo en una 

Linfa sutil de suavidad felina 



[96] 



LA RECONCILIACION 



Alucinando los silencios míos, 
Al asombro de un cielo de extrañeza, 
La flébil devoción de tu cabeza 
Aletargó los últimos desvíos 

Con violetas antiguas, los tardíos 
Perdones de tus ojos mi aspereza 
Mitigaron Y entonces la tristeza 
Se alegró como un llanto de rocíos 

Una profética «fluxión de miedos, 
Entre el menudo aprisco de tus dedos, 
Como un David, el piano interpretaba 

En tanto, desde el místico occidente, 
La media luna, al ver que te besaba, 
Entro al jardín y se durmió en tu frente. 



r 99] 



DECORACION HERALDICA 



Señora de mis pobres homenajea, 
Debote amar aunque me ultrajes 

Oongora 

Soñé que te encontrabas junto al muro 
Glacial donde termina la existencia, 
Paseando tu magnifica opulencia 
De doloroso terciopelo obscuro 

Tu pie, decoro de marfil mas puro, 
Hería, con satánica inclemencia, 
Las pobres almas, llenas de paciencia 
Que aun se brindaban a tu amor perjuro 

Mi dulce amor que sigue sin sosiego, 
Igual que un triste corderito ciego, 
La huella perfumada de tu sombra, 

Buscó el suplicio de tu regio yugo, 
Y bajo el raso de tu pie verdugo 
Puse mi esclavo corazón de alfombra 



[100] 



LA VIOLETA 



Y «na violeta llenó 
el alma de la tarde 

Morían llenos de clamor los sotos, 
Y érase en aquel rincón exiguo, 
Un misterioso malestar ambiguo 
De dichas y de ayes muy remotos 

[Oh, cartas 1 en el cenador contiguo 
Las dalias recordaron nuestros votos, 
Cual si se condolieran de los rotos 
Castillos blancos de papel antiguo 

La tarde saturóse en la glorieta, 
De tu pañuelo sua\e de violeta 
Al par que sugiriendo tus agravios, 

Veló el cielo, como alma de reproche, 
La violeta cordial que aquella noche 
Suspendí de la gracia de tus labios 



[101] 



LA NOVICIA 



Surgiste — emperatriz de los altares, 
Esposa de tu dulce Nazareno, 
Con tu ata\ío vaporoso, lleno 
De piedras, brazaletes y collares 

Celoso de tus júbilos albares, 
El ataúd te recogió en su seno, 
Y hubo en tu místico perfil un pleno 
Desmayo de crepúsculos lunares 

AI contemplar tu cabellera muerta, 
Avivóse en tu espíritu una incierta 
Huella de amor Y mientras que los bronces 

Se alegraban, brotaron tus pupilas 
Lagrimas que ignoraran hasta entonces 
La senda en flor de tus ojeras lilas 

1900 



[102] 



EL SUSPIRO 



Quimérico a mi vera concertaba 
Tu busto albar su delgadez de ondina, 
Con mística quietud de ave marina 
En una acuñación escandinava 

Era mi pena de tu dicha esclava, 
Y en una loca nervazón divina, 
El tropel de una justa bizantina 
En nuestro corazón tambonlaba 

Strausa soñó desde el atril del piano 
Con la sabia epilepsia de tu mano,. 
Mendigo del azul que me avasalla, 

— En el hosco trasluz de aquel retiro — 
De la noche oriental de tu pantalla, 
Bajó en silencio mi primer suspiro 1 . , 



[103] 



CONSAGRACION 



Surgió tu blanca majestad de raso, 

Toda sueño y fulgor, en la espesura, 

Y era en vez de raí mano — atenta al caso — 

Mi alma quien oprimía tu cintura 

De procaces sulfato», una impura 
Fragancia conspiraba a nuestro paso, 
En tanto, que propicio a tu aventura, 
Llenóse de amapolas el ocaso 

Pálida de inquietud y casto asombro, 
Tu frente declinó sobre mi hombro 
Uniéndome a tu ser, con suave impulso, 

Al fin de mi especioso simulacro, 
De un largo beso te apuré convulso, 
Hasta las heces, como un vino sacro T 



[104] 



EL ENOJO 



Todo fue así Sahumábase de lilas 

Y de heliotropo el viento en tu ventana, 
La noche sonreía a tus pupilas, 

Como si fuera su mejor hermana ♦ 

Mi labio trémulo y tu rostro grana 
Tomaban apariencias intranquilas, 
Fingiendo tú mirar por la persiana 

Y yo soñar al son de las esquilas 

Vibró el chasquido de un adiós violento * ♦ 
Cimbraste a modo de una espada al viento, 

Y al punto en que iba a desflorar mi tema, 

Gallardamente, en ritmo soberano, 
Desenvainada de su guante crema, 
Como una daga, me afrentó tu mano 



[105] 



LA ULTIMA CARTA 



Con la quietud de un síncope furtivo, 
Desangróse la tarde en la vertiente, 
Cual si la hiñera repentinamente 
Un aneurisma determinativo ♦ . 

Hurlo en el bosque un pajaro cautivo 
De la fascinación de una serpiente» 

Y una cabra enigmática, en la fuente, 
Describió como un signo negativo* 

En su vuelo espectral de alas hurañas, 
La noche se acordó de tus pestañas 

Y en tanto que atiplaban mi vahído 

Las gracias de un billete perfumado, 

Oficio la veleta del tejado 

El áspero responso de tu olvido 1 



[106] 



RENDICION 



Evidenciaban en moderna gracia, 
Tu fina adolescencia de capullo. 
El corpino y la falda con orgullo 
Ceñidos a tu esbelta aristocracia 

Henchíase tu alma de la audacia 
De la Naturaleza y del murmullo 
Erótico del mar, y era un arrullo 
El vago encanto de tu ídiosincracia 

Lució la tarde, ufana de tu moño, 
Ojeras lilas, en toilette de otoño 
Ante el crespo Neptuno de la fuente, 

En el cielo y tu faz brotaron rosas, 
Mientras, como dos palmas fervorosas, 
Rindiéronse tus manos, dulcemente' 



10 



[107] 



ANIMA CLEMENS 



Palomas lilas entre los alcores, 
Gemían tus nostalgias inspiradas, 

Y en las ciénagas, de astro ensangrentadas, 
Corearon su maitin roncos tenores 

En los castillos y en los miradores, 
Encendía el ocaso cuentos de hadas, 

Y aparecía, al son de agrias tonadas, 
El gesto obscuro de los leñadores 

Como una buena muerte, sin angustia 

Durmióse el día, \ioleta mustia 

En tan propicia media luz de olvido, 

Naufragaron tus últimos lamentos, 
Mientras, en los cortijos soñolientos, 
Rebotaba de pronto algún ladrido 1 ♦ 



[108] 



EL SAUCE 



A mitad da mi fausto galanteo, 

Su paraguas de sedas cautelosas 

La noche desplegó, y un lagrimeo 

De estrellas, hizo hablar todas las cosas 

Erraban las Walkinas vaporosas 
De la bruma, y en cósmico mareo 
Parecían bajar las nebulosas 
Al cercano redil del pastoreo , 

En un abrazo de postrero arranque, 

Caímos en el ángulo del bote 

Y luego que llorando ante el estanque 

Tu invicta castidad se arrepentía, 
El sauce, como un viejo sacerdote, 
Gravemente inclinado nos unía 1 * 



[109] 



LA FUGA 



Temblábamos al par En el austero 
Desorden que realzaba tu hermosura, 
Acentuó tu peinado su negrura 
Inquietante de pajaro agorero 

Nadie en tus ojos vio el enigma, empero, 
Calló hasta el mar en su presencia obscura * 
Inaccesible y ebria de aventura, 
Entre mis brazos te besó el lucero 

Apenas subrayó el esquife vago 
Su escuálida silueta sobre el lago, 
Te sublimaron trágicos sonrojos 

Sacramentó dos lagrimas postreras 
Mi beso al consagrar sobre tus ojos 
Y se durmió la tarde en tus ojeras 1 



[110] 



EXPIACION 

Errando en la heredad yerma y desnuda, 
Donde añoramos horas tan distintas, 
Bajo el ciprés, nos remordió una aguda 
Crisis de cosas para siempre extintas 

Vistió la tarde soñadoras tintas, 
A modo de romántica \iuda, 

Y al grito de un piano entre las quintas, 
Rompimos a llorar, ebrios de duda 1 

Llorábamos los íntimos y aciagos 

Muertos, que han sido nuestros sueños \ agos «, 

Por fin, a trueque de glacial reproche, 

Sembramos de ilusión aquel retiro , 

Y graves, con el último suspiro, 
Salimos de la noche, hacia la noche 1 



[111] 



SEPELIO 



Mirándote en lectura sugerente, 
Llegué al epilogo de mis quimeras, 
Tus ojos de palomas mensajeras 
Volvían de los astros, dulcemente 

Tenía que decirte lag postreras 
Palabras, y callé espantosamente, 
Tenia que llorar mis primaveras, 
Y sonreí, feroz indiferente ♦ 

La luna, que también calla su pena, 

Me comprendió como una hermana buena . . 

Ni una inquietud, ni un ademan, m un modo, 

Un beso helado una palabra helada 
Un beso, una palabra, eso fue todo 
Todo pasó sin que pasase nada' 



[U2] 



AMOR SADICO 



Ya no te amaba, sin dejar por eso 
De amar la sombra de tu amor distante 
Ya no te amaba, y 8 m embargo el beso 
De la repulsa nos unió un instante ♦ ♦ 

Agrio placer y bárbaro embeleso 
Crispó mi faz, me demudó el semblante 
Ya no te amaba, v me turbé, no obstante, 
Como una virgen en un bosque espeso 

Y ya perdida para siempre, al rerte 

Anochecer en el eterno luto, 

— Mudo el amor, el corazón inerte, — 

Huraño, atroz, inexorable, hirsuto 
Jamás viví como en aquella muerte, 
Nunca te amé como en aquel minuto ' 



£113] 



COLOR DE SUEÑO 



Anoche \ino a mí, de terciopelo, 
Sangraba fuego de su herida abierta, 
Era su palidez de pobre muerta, 

Y sus náufragos ojos sin consuelo . 

Sobre su mustia frente descubierta, 
Languidecía un fúnebre asfódelo 

Y un perro aullaba, en la amplitud de hielo, 
Al doble cuerno de una luna incierta 

Yacía el índice en su labio, fijo 
Como por grana de hechicero encanto, 

Y luego que, movido por su llanto, 

Quién era, al fin, la interrogué, — me dijo 

— Ya ni siquiera me conoces, hijo, 

i Si soy tu, alma que ha sufndo tanto! , 



[114] 



ERES TODO!. . 



Oh, tú, de incienso místico la más delgada espira, 
Lampara taciturna y Anfora de soñar 1 
Eres toda la Esfinge v eres toda la Lira 

Y eres el abismático pentagrama del mar 

Oh, Sirena melódica en que el Amor conspira, 
Encarnación sonámbula de una aurora lunar r 
Toma de mis corderos blancos para tu pira, 

Y haz de mis trigos blancos hostias para tu altar 

Oh, Catedral hermética de carne visigoda 1 
A ti van las heráldicas cigüeñas de mi Oda 
En ti beben mis labios, vaso de toda Ciencia 

Linca sensitiva que la Muerte restringe 1 
Salve, noche estrellada y urna de quintaesencia 
Eres toda la Lira y eres toda la Esfinge' 



[115] 



LA AUSENCIA MEDITATIVA 

Je me sou\ien5 
Dea jours anciens 
Et je pleure 

Varíame 

Tu piano es un enlutado misterioso v pensatrvo 
Ha> un sueño de Beethoven desma>ado en el atril, 
Su viudez es muy antigua y en su luto intelectivo, 
Tiene lagrimas mu> negras su nostalgia de marfil 

En la abstracción somnolienta del espejo, está cautivo 
El histérico abandono de tu tarde juvenil, 
Su metafísica extraña cuenta un cuanto extenuativo 
A la alfombra, a la cortina y al dolor de tu pemil 

Tus glorietas me abandonan Hoy los pálidos violmes 
Me anunciaron la agonía de tus últimos jazmines 
Fue mi llanto a la ribera Mientras el hada Neblina 

Abdicó frivolamente su corona de algodón 
En el clorotico espanto de la vela sibilina, 
Tus ausencias meditaban en mi gran desolación 1 



[1161 



NIRVANA CREPUSCULAR 



Con su veste en color de serpentina, 
Reía la voluble Primavera 
Un billón dé luciérnagas de fina 
Esmeralda, rayaba la pradera 

Bajó un aire fugaz de muselina, 
Todo se idealizaba, cual si fuera 
El vago panorama, la divina 
Materialización de una quimera 

En consustanciación con aquel bello 

Nirvana gris de la Naturaleza, 

Te inammaste Una irreal pereza 

Mimó tu rostro de incitante vello, 
Y al son de mis suspiros, tu cabeza 
Durmióse como un pájaro en mi cuello' . 



[117] 



HOLOCAUSTO 



Junto a la fuente, en posa de agonía, 
Con arrobo de trágicos juguetes, 
Hacías naufragar los ramilletes, 
Que fueran cla\e de tu amor, un día 

Con viperinas gulas, la onda impía 
Mordió los aromáticos billetes, 

Y el sol se desangró en la fantasía 
De tus sortijas y tus brazaletes, 

La tarde ahogóse entre opalinas franjas T 
En tanto, desde el fondo de las granjas, 
Avrvó un pianq los inciertos rastros 

Pe tu infantil amanecer primero, 

Y te sacrifiqué, como un cordero, 
Mi pobre corazón, bajo lqs astros». . 



U18] 



EL ABRAZO PITAGORICO 



Bajo la madreselva que en la reja 
Filtró su encaje de verdor maduro, 
Me perturbaba con el claroscuro 
De la ilusión, — en la glorieta añeja ♦ 

Cristalizaba un pájaro su queja „ 

Y entre un húmedo incienso de sulfuro, 
La luna de ámbar destaco al bromuro 
El caserío de rosada teja 

Oh, Sumo Genio de las cosas T Todo 

Tenía un canto, una sonrisa, un modo 

Un rapto azul de amor, o Dios, quién sabe, 

Nos sumó a modo de una doble ola, 

Y en forma de "uno", en una sombra «ola, 
Los dos crecimos en la noche grave 1 



[119] 



EL ROSARIO 



Sólo la noche y tu, Casto Incensario, 
Sabían mi odisea pecadora 
Volviendo de una orgía, hacia la aurora, 
Te vi, la última \ez, bajo el sudario 

Sé que me amaste, Lino Visionario, 
Que por mi culpa, — enferma y soñadora, 
Pasabas la vigilia, hora tras hora, 
Confiando hacia los astros tu rosario 

Abrazado a la Cruz, pesando aquellas 
Naufragas horas desmayé la frente, 
Rompiendo, al fin, en lúgubres querellas 

Mientras sobre tu tálamo yacente, 
La noche desgranaba dulcemente, 
Como un rosario fraternal de estrellas T 



[120] 



EL JARDIN DE PLATON 



Todo callaba El cristalino arpegio 
Del campanario se apago > resumen 
De aquella gran melancolía, Lumen 
Soñaba en la quietud del plinto egregio 

Con un suspiro ante el Ocaso regio, 
Cerramos el poético volumen, 
Y tus largos silencios en mi Numen 
Tejieron un drvmo florilegio 

En éxtasis tus ojos de cisternas, 
Mirábamos las lamparas eternas, 
Cuando al contacto de fugaz chibpazo, 

Nos enlazamos, conteniendo un grito, 
Y, oh, maravilla ingenua, en ese abrazo 
Nos pareció abrazar el Infinito 1 . 



[121 J 



EL BESO 



Disonó tu alegría en el respeto 
De la hora, como una rima ingrata, 
En toilette cruda, tableteado peto 
Y pasamanerías de escarlata 

De tu peineta de bruñida plata 
Se enamoró la tarde, y junto al seto, 
Loqueando, me crispaban de secreto 
Tus actitudes lubricas de gata 

De pronto, cuando en fútiles porfías, 
Me ajaban tus nerviosas ironías, 
Selló tu risa, de soprano alegro, 

Con un deleite de alevoso alarde, 

Mi beso, y fue a perderse con la tarde 

En el país de tu abanico negro r 



[122] 



LA CULPA 



Ante la tumba, que el destino torvo 
Abriera por tu amor, nos cito a juicio 
La honda conciencia, y fue nuestro suplicio 
Gomo un vampiro de implacable morbo» . 

Bajo el influjo del menguante corbo, 
Que acuchillaba un grave maleficio, 
Bebimos el horror del sacrificio, 
Agonía a agonía y sorbo a sorbo 

Sudando noche y asumiendo abismos, 
Borramos algo de nosotros mismos. 
Fue entonces que con fúnebre embeleso, 

Ay r saboreamos la crueldad vencida . 
Y ahogando de dolor un postrer beso, 
Partimos en silencio hacia la Vida 1 



{1331 



ELOCUENCIA SUPREMA 



La odiaba con pasión con entusiasmo 

Y oh, dicha de \engarme ! A poco trecho, 
El mar La noche arnba Y yo en acecho, 
Gustándola con risa v con sarcasmo' 

Mírela ante el abismo Sentí espasmo 
Ya la iba a hundir en el dantesco lecho, 
Hablóme el mar se conturbó mi pecho 

Y me detuve con profundo pasmo 1 

Ante esa voz, la noche, el inaudito 
Silencio eterno, comprendí contrito, 
Cuán pequeño y fugaz es lo que existe' 

Impétrela perdón con hondo acento 

Ella fue blanda f Y desde aquel momento, 

Suyo es mi amor ligeramente triste' 



[124] 



CREPUSCULO ESPIRITA 



Mustio fugaz y tétrico amaranto 1 
Tu precoz primavera se ahogo un día 
En la escarcha final La negra Harpía 
Te vio y celosa te raptó a mi encanto 

Ante la escala de ultratumba, tanto 
Fue tu enagenamiento de agonía, 
Que en la ansiedad de tu sonrisa ardía 
La misteriosa insinuación de un canto 

Soñé en la tarde — con molicie inerte — 
Darte mi único beso el de la muerte 
Con trágicas fruiciones, paso a paso, 

Guste en tua labios la fatal delicia, 
Mientras sensible a mi primer caricia, 
Se sonrojó tu alma en el Ocaso 1 



1 125 ] 



DISFRAZ SENTIMENTAL 



Bajo un azul severo de pizarras, 

La noche te amparó como una tienda, 

La última vez que te encontré en la senda, 

Por entre el laberinto de unas parras 

Dolíase, con líricas bizarras, 
Un piano en la poética vivienda, 

Y en el Cbopin atertipesto una horrenda 
Tortura con aullido* y con garras 

Solos con nuestras almas y la noche, 

Ni un halago cambiamos, ni un reproche , 

Yo te mentía de un amor ligero, 

Y tú exultabas con unción fingida, 
Mientras en nuestros ojos un lucero 
Sorprendía Una lágrima escondida ! . . 



tlM] 



EX VOTO 



Cantaban los estanques de agua ciega, 
Al mismo tiempo que quintaesenciara 
Tu amor, como una ambigua dulcamara 
De miel y duda, en la armoniosa vega 

El bosque olía a mirras como un ara, 
Y los tritones de la fuente griega 
Soplaban en su trompa solariega, 
Alucinados por la ninfa clara 

Me arrodillé 1 Y apenas a la ínfija 

Opalescencia, junto al sicómoro, 

Se abrió tu mano de musmé prolija, — 

Te di, bajo el crepúsculo sonoro, 
Sobre el áspid sutil de una sortija, 
Mi alma en una lagrima de oro! 



[127] 



IDILIO ESPECTRAL 



Pasó en un mundo saturnal Yacía 
Bajo caen noches pavorosas, y era 
Mi féretro el Olvido Ya la cera 
De tus ojos sin lágrimas, no ardía 

Se adelantó el enterrador con fría 
Desolación Bramaba en la ribera 
De la morosa eternidad, la austera 
Muerte hacia la infeliz Melancolía 

Sentí en los labios el dolor de un beso 
No pude hablar En mi ataúd de yeso, 
Se deslizó tu forma transparente 

Y en la sorda ebriedad de nuestros mimos, 
Anocheció la tapa y nos dormimos 
Es pi n tu ahzadi sim am ente 



f 128] 



DETERMINISMO IDEAL 



Otra vez el pasado, con abstrusa 
Niebla, obsedia su razón serena, 

Y yo insinuaba a tanta sorda pena, 
La sutileza de mi larga excusa 

Su llanto era un reproche en una ilusa 
Pauta de amor, y más que su alma buena, 
Me hablaba en elocuencia extraterrena, 
Su palidez celeste de reclusa 

Hacia la noche negra y estrellada 

Voh irnos abstraídos la mirada 

Nos pareció que sobre el tiempo amargo, 

Caía desde el cielo un gran borrón 

Y nos volcamos bajo un beso largo, 
Todos los astros en el corazón 1 



[120] 



LA INTRUSA 



Por aquella, que siempre me acompaña, 

Y a quien canto en mis versos, sientes duda* 
Que llora cuando lloro y que restaña 

Mi negra herida con su mano ruda 

No hay sino ella que a mi noche acuda, 
Con frente de&olada y alma extraña, 
A darme el beso de gu boca huraña, 

Y mirarme con ojos de viuda , 

Ella es mi hermana de melancolía, 
Que con pálida mano de abadesa, 
De mustia luna mi camino alfombra 

Ay f si te viera, cuánto te amaría 
La triste soledad, tu rival, esa 
Que odias v es apenas una sombra 1 



[130] 



EL JURAMENTO 



A plena inmensidad, todas las cosas 
Nos efluviaron de un secreto mago 
Walter Scott erraba sobre el lago, 

Y Lamartine soñaba entre las rosas 

Los dedos en prisiones temblorosas, — 
Nos henchimos de azul éxtasis vago, 
Venciendo a duras penas un amago 
Inefable de lágrimas dichosas 

Ante Dios y los astros, nos juramos 
Amarnos siempre como nos amamos 

Y un astro fugitivo, aquel momento, 

Sesgó de plano a plano el Infinito, 
Como si el mismo Dios hubiera escrito 
Su firma sobre nuestro juramento 1 



[131] 



ALMAS PALIDAS 



Mi corazón era una selva huraña 
El su) o asaz discreto era una urna 
Soñamos Y en la hora taciturna, 
Vibro como un harmonium la campaña 

La Excéntrica la Esfinge, la Saturna, 
Acongojóle en su esqunez extraña, 
Y toivo >o miraba la montaña 
Hipertrofiarse de ilusión nocturna 

— Sufres, me dijo, de algún mal interno? 

0 es que de sufrimiento haces alarde? 

— Esplm 1 — la respondí — mi esplín eterno ' 

— Sufres 9 — la dije, al fin — En tu ser arde 
Algún secreto Cuéntame tu invierno r 
—Nada 1 — Y llorando — Cosas de la tarde r 



[132] 



EL GATO 



Una música absurda v poseída. 
Con cárdeno sabor de sepultura, 
Dislocó de macabra y de otra vida 
El daño de mi enferma conjetura 

Exasperó mi carne desabrida 

Tu beso de adulterio y de locura, 

Y agrio de aquella pesadilla obscura, 
Empuñé el bierro con unción suicida 

Súbito, a modo de instintiva alarma, 
Con mudo espanto, invalidóme el arma 
La antigua sugestión de tu retrato. 

Se ahogó mi sueño en muecas de fantoche, 

Y displicente bostezo en la noche 
La fúnebre corneta de tu gato' 



I 133 ] 



EL CREPUSCULO DEL MARTIRIO 

Te vi en el mar, te 01 en el viento 

Ossian 

Con sigilo de felpa la lejana 
Piedad de tu sollozo en lo infinito 
Desesperó, como un clamor maldito 
Que no ttrviera eco La cristiana 

Viudez de aquella hora en la campana, 
Llegó a mi corazón y en el contrito 
Recogimiento de la tarde, el grito 
De un vapor fue a morir a tu ventana 

Los sauces padecían con los vagos 
Insomnios del molino La profunda 
Superficialidad de tus halagas 

Se arrepintió en el mar Y en las riberas, 
Echóse a descansar, meditabunda, 
La caravana azul de tus ojeras' 



[134] 



OLEO BRILLANTE 



Fundióse el día en mortecinos lampos, 

Y el mar y la ribera y las aristas 
Del monte, se cuajaron de amatistas, 
De carbunclos y raros crisolampos 

Nevó la luna, y un billón de ampos 
Alucinó las caprichosas vistas, 

Y embargaba tus ojos idealistas, 
El divino silencio de los campos 

Como un exótico abanico de oro, 
Cerró la tarde en el pinar sonoro 
Sobre tus senos, a mi abrazo impuro, 

Ajáronse tus blondas y tus cintas 

Y erro a lo lejos un rumor obscuro, 

De carros, por el lado de las quintas f . . 



LA LIGA 



"Hom soit qui maTy pense" 

Husmeaba el sol, desde la pulcra hebilla 
De tu botina, un paraíso blanco 

Y en bramas de felino, sobre el banco, 
Hinchóse el tornasol de tu sombrilla 

Columpióse, al vaivén de mi rodilla, 
La estética nerviosa de tu flanco, 

Y se exhaló de tu vestido un franco 
Eflu\io de alhucema v de vainilla 

Entre la fuente de pluviosas hebras, 

Diluía cambiantes de culebras, 

La tarde Tu mirada se hizo muda 

Al erótico ritmo, y desde el pardo 
Plinto, un Tritón significo su dardo 
Concupiscente hacia tu liga cruda' 



C 1361 



QUAND L'AMOUR MEURT 



Nada en mis labios Noche en su mirada 
No había en nuestras almas ni una huella 
De aquel amor, que, vagabunda estrella, 
Ardió una noche v se perdió en la Nada 

Inmóvil muda sin color helada f 
Ni un triste adiós, ni una postrer querella 
Yo bostezaba de agonía v ella 
Rió como una muerta embalsamada 

En una trémula capilla ardiente 
Trocóse el ancho azul Macabramente, 
El Carro de los Astros — regio coche 

Fúnebre del sepelio del Olvido — 
Se apareció a mi estro, y sin ruido 
Nos envolvió el sudario de la Noche 1 



[137] 



LA VIUDA 



Bajo la noche — su silueta aguda, 
Solemnizó — de adusto terciopelo 
Una discreta brumazón de duelo 
Turbaba sus encantos de viuda 

No sé qué Esfinge interrogante y ruda 
Nos constreñía a respetar el velo 
Mientras frivolizaba un ritornelo 
El surtidor en la heredad desnuda 

Interpretaban los silencios crueles 

Y el imposible de un amor sin miele», 

Hadas del piano turbador, sus palmas 

Hinchóse de solemnes confesiones 

La noche, y oh, dulzura, a nuestras almas 

Se aproximaron las constelaciones t 



f 138] 



FIAT LUX 



Sobre el rojo diván de seda intacta, 
Con dibujos de e\ótica gramínea, 
Jadeaba entre mis brazos tu virgínea 

Y exangüe humanidad de curva abstracta 

Miro el felino con sinuosa línea 
De ópalo j y en la noche estupefacta, 
Desde el jardín, la Venus curvilínea 
Manifestaba su esbeltez compacta 

Ante el alba, que izó nimbos grosellas, 

Ajáronse las últimas estrellas 

El Cristo de tu lecho estaba mudo 

Y como un huevo, entre el plumón de armiño 
Que un cisne fecundara, tu desnudo 

Seno brotó del virginal corpino 



12 



1 13©] 



EL GALARDON 



A punto de apremiarla en mi embeleso, 
Me sonreía como a un pobre amigo 

Y denigróme tanto, que del beso 
De un rival insolente fui testigo 

Ya derrotada se franqueo conmigo, 
Llorando al "otro 5 ', con instinto avieso 

Y yo, siempre a su sombra a pesar de eso, 
Fiel como un perro y como un vil mendigo' 

Fugaron tristes años Cierto día 

La ingrata iba a partir El mar gemía 

— "Perdón 1 — clamó de pronto — antes que 

"Te amo, te adoro 1 " En actitud de loca, 
Con un gran gesto, prosiguió "soy tuya", 

Y sollozando se volcó en mi boca 



BELEN DE AMOR 



Soñaban los jardines, y a despecho 
De Abril gemía en fluctuación redonda, 
Tu seno; y tu cabeza de Golconda 
Se deshojó de esplín sobre mi pecho 

En la quietud ingenua del barbecho, 
La arruga de mi mal se hizo más honda, 

Y un cisne daba luz entre la fronda 

De un sauce, a orillas del estanque estrecho 

Con la última voz del campanario, 
Ardió la tarde, como un incensario 
Cediendo débilmente a mi querella, 

Mojáronse tus ojos de idealismo, 

Y en nuestro corazón a un tiempo mismo 
Que en el azul, reverberó una estrella 1 



[141 j 



FLOR DE ANGEL 



Causóle pena el desenlace amargo 
No era un cuento de niños, por supuesto, 
Iba en los dieciséis, y aparte de esto 
Me sorprendió con su vestido largo 

— *'fil)s muño de amor v bajo un tiesto 
De rosas, duerme el eternal letargo 5 ' 
Dije, y huraña, al contener su embargo, 
Miró a la noche humedeciendo un gesto 

Fm yo, la luna o la ocasión traidora 
Que abrió su tenue corazón de aurora 9 
Su frente de irreales alabastros 

Se inclino apenas, como el hehotropo 

Que se despierta bajo el primer copo 

De blanco amor, y expira hacia los astros 1 . 



[ 142] 



BROMURO 



Burlando con frecuencia el \asallaje 
De la tutela familiar en juego, 
Nos dimos citas, a favor del ciego 
Azar, en el jardín, tras el follaje 

Fruí rutó de aventura tu aéreo traje, 
Sugestivo de aromas y de espliego ♦ 

Y evaporada entre mis brazos, luego, 
Soñaste mundos de arrebol y encaje 

Libres de la zozobra momentánea 

— Sin recelarnos de emergencia alguna — 

En los breves silencios, oportuna 

Te abandonabas a mi fe espontanea, 

Y sobre un muro, al trascender, la luna 
Nos denunciaba en frágil instantánea 1 f , 



r 14?] 



MUERTE BLANCA 



Morías, como un pájaro en su nido, 
En tu trono emoliente de escarlata , 
Tus dedos picoteaban al descuido 
La fresa que asomaba entre la bata 

A ratos delirabas la sonata 

Que te inspiró un amor desvanecido, 

Y oh, resurrexit* con la aurora beata 
Se abrió a tus ojos un Edén florido 

Plegóse en suavidades de paloma 

Tu honda mirada, un religioso aroma 

Fluvó del alma, entre los labios floj 

Y florecieron bajo tus pupilas, 
Como sonrisas muertas de tus ojos, 
Dos diminutas mariposas lilas 1 



[144] 



REPERCUSION ACIAGA 



Monologando en íntimo desdoble, 
Desplomóse tu frente entre tu mano, 
La solariega ancianidad de un Toble 
Era testigo de mi mal lejano 

Subía la montaña al son del doble 

La mancha oscura de un cortejo aldeano, 

Y junto al ataúd* aullando, el noble 
Perro gemía con un llanto humano 

Fraternizando con tan honda nota, 
Ligónos una horrenda simpatía 
Por una breve inspiración remota, 

El cisne del amor cantó aquel día, 

Y en el mismo pañuelo de agonía, 
Fundimos nuestras almas, gota a gota 



[145] 



LA CONFESION 



A plena soledad mientras Atropos 
Hilara lentas horas en mi estro, 
Creció lúgubremente el amor nuestro 
Entre la* ruinas como los hisopos 

Atraía, en idílico secuestro, 
Tus manos, que en la tarde eran dos copo«= 
Y, al par, mi beso — como un silfo diestro — 
Fugóse por tu nuca de hehotropos 

Callamos 1 Yo, por férvida maniobra 
Tú, de pena, de enigma y de zozobra 
Después, como sonando hacia las vegas, 

Rieron de perdón tus labios finos 

Y al primer astro, en éxtasis divinos, 

Se confesaron nuestras almas ciegas' 



[14(5] 



EL JUEGO 



Que nunca llegaremos a encontrarnos 

fíeme 

Jugando al escondite, en dulce aparte, 
Niños o pájaros los dos, me acuerdo, 
Por gustar tu inquietud casi me pierdo, 

Y en cuanto a ti problema era encontrarte 7 

Después, cuando el espíritu fue cuerdo, 
Burló mi amor tu afán en ocultarte 

Y al amarme a tu vez, en el recuerdo 
De otra mujer me refugie con arte 

De nuevo, en la estación de la experiencia, 
Diste en buscarme, cuando )o en la ausencia. 
Suerte fatal, me disfrace de olvido 

Por fin s el juego ha terminado Trunca 
Tu vida fue T Tan bien te has escondido, 
Que, vive Dios, no nos \ eremos nunca 1 



[147] 



TRANSPIRACION DE VIRGEN 



Ni recordarlo ni olvidarlo puedo 
De senda en senda, peregrino iluso, 
Te hablé al oído y te pedí confuso 
No puedo recordar fue en el \iñedo 

No lo podré olvidar la tarde puso 
En tus miradas v en tu paso quedo, 
Tan peligroso encanto, que me excuso 
De recordarlo porque siento miedo 

Ahogaste un grito v mientras en el acto, 
Te atempestabas de pudor intacto, 
Me saturé de una copiosa esencia, 

Como de seha virgen, zumo ileso 
Del fruto virginal de tu inocencia, 
Que nadie, nunca, gustará en tu beao' 



[148] 



NOCTURNO 



Todo era amor en el lozano amhiente, 
Todo era fiesta en el galante prado» 

Y en un banco decrépito a mi lado, 
Yo sólo el mudo y tu la indiferente 

A qué insistir' me dije obsesionado, 
Muerta de noche y sin color la frente, 
A qué insistir' si esa mujer no siente, 
Si no sabe sentir, ni nunca ha amado' 

Soñó la orquesta en la "terrasse" contigua, 

Y todo se turbaba de una ambigua 
Pesadilla de Schumann* Entre tanto, 

Tu clara risa con que al cielo subes, 

Aparecía bajo un tul de llanto, 

Como un rayo de luna entre dos nubes'. ♦ 



[149] 



LA ALCOBA DE LA AGONIA 

Y fue un cuer\o ^alante que visito raí jardín 

Tu llorabas, y junto a la etiqueta, 
Marfil arcaico, de tu pena clara, 
Violentamente se asomo en mi cara 
El mordisco sutil de tu peineta 

Parecióme de pronto, a la discreta 
Luz espectral de la cortina avara, 
Ver a la duplessis en la mampara 
Regando con su llanto una maceta 

Esa noche fue eterna Arrodillado, 
Ante el sueño hhal de tu calzado 
Sudé todo mi horror Y al otro día, 

En el vidnal que lagrimeó el relente, 
Tu mirada pensaba locamente, 
Y mi frente lloraba todavía 



[150] 



MOMENTO POETICO 



Con las pupilas ebrias de \isiones, 
Persiguiendo una estiella asaz remota, 
Ibamos con ia sombra que denota 
Las inefables reverberaciones 

Yo suspiraba, sin saber razones, 
O hablaba indiferente y como idiota 
Ella reía, con sonrisa ignota, 
Aunque menos que en otras ocasiones 

Era simple quimera, amor cobarde, 
Romanticismo o nubes de la tarde ? 
Yo solo sé que regresamos llenos 

De visiones, soñando hacia una estrella 
Yo suspiraba un poco más > ella 9 
Y ella sonreía un poco menos r 



l 1*1 1 



EL ALMA DEL POEMA 



Como una vieja estampa se fundía 
En bermellones tonos de dibujos 
Religiosos, la gama de anchos lujos, 
Del paisaje espectral en su agonía, 

Tal una perla, la ciudad surgía 

Sobre el golfo, a los cárdenos reflujos, 

Y un grupo de apreses parecía, 
Bajo de la capucha, hondos cartujos 

Piadosos clausuramos la lectura 

Y creímos sentir como una obscura 
Voz sobrehumana de inefable encanto, 

Que entrelazara, en milagrosos versos, 
Elegía a elegía, y llanto a llanto, 
Nuestros destinos para siempre adverso* 1 



EL DRAMA DEL SILENCIO 



Huyendo de la frivola algazara, 
Tomamos por un sitio verdegeante, 

Y al encontrarnos solos, tu semblante 
Se veló al punto de una nube rara 

Perdióse el eco de una murga errante, 
Como un suspiro de la noche clara, 

Y el gran silencio que nos circundara 
Iba a morir en la "terrasse" distante 

Nada, ni un gesto de sacerdotisa, 
Suscitó mi conducta harto indiscreta 
Mi alma pendía como una violeta 

De la dilatación de tu sonrisa, 

Y ay T para siempre, me robo la brisa, 
Tu amor, en una lagrima secreta' 



ti»] 



PRIMAVERA 



Con sus livianos trece años iba 
Detrás mío y crispándome de abrojos, 
Su clara risa entre sus labios rojos 
Triscaba como un chorro de agua viva 

Luego, de pronto, sin que hubiera enojos, 
Tornóse hostil, y a mi inquietud esquiva 
Se replegó como una sensitiva, 
Y un llanto de oro se agolpo en sus ojos, 

Fue brusco amor fue pubertad, fue instinto, 
Fue una perturbación de primaveras 9 
Vuelta al hogar rae pareció distinto 

Su encanto, y harto graves &us maneras, 
Con un misterio nuevo en sus ojeras 
Brumadas de un crepúsculo jacinto * 



[1M] 



LA GOLONDRINA 



Batiendo lindes y salvando zanjas, 
Alegraba el amor nuestros latidos, 
Pañuelos charros de amarillas franjas 
Dijéranse los predios florecidos 

Tiñeron el azul, desvanecidos 
Celajes rosas, lilas y naranjas, 

Y collares de fosforo en fluidos 
Guiños, relampaguearon en las granjas 

Pidiéndome que entrase — en tu querella — 
Mi alma en tu alma y anidase en ella, 
Busqué en tu boca el oportuno acceso, 

Y mi alma — pájaro invisible cuya 
Gorgeante nota fuera un frágil beso — 
Entró cantando al seno de la tuya 1 



tl*5] 

13 



PANTEISMO 



Los dos sentimos ímpetus reflejos, 
Oyendo, junto al mar, los fugitivos 
Sueños de Gluck, y por los tiempos viejos 
Rodaron en su tez oros furtivos 

La luna hipnotizaba nimbos vivos, 
Surgiendo entre abismáticos espejos 
Calló la orquesta, y descendió a lo lejos 
Un enigma de puntos suspensivos 

Luego la inmensidad, el astro, el hondo 
Silencio, — todo penetró hasta el fondo 
De nuestro ser Un inaudito halago 

De consubstanciación y aéreo giro 
Electrizónos, y hacia el éter vago 
Subimos en la gloria de un suspiro T . ♦ 



[1561 



EL RUBI DE MARGARITA 



— Piensa en Fausto, Margarita, deja el ingenuo santuario 
De tu alcoba, en el jardín la luna llena te citd, 
Ponte el vestido mas blanco y la joya favorita, 
De capa roja, te aguarda un elegante emisario 

— Dile que iré muy ufana, cuando termine el rosario 
— Huye, no temas, tu madre junto a la rueca dormita 
— Antes quiero consultar a mi Hada la Margarita, 

Y ver si a comido toda su golosina el canario 

Ya volvió muda v marchita, Margarita (Oh el avieso 
Mefistofeles* ) Jamas podrá confesarle al cura 
Ese pecado 1 Ni existe la absolución para un beso 

Corre al altar, virgen viuda de su infantil regocijo, 

Y al sollozar una súplica de perdón y de locura, 
Sobre su anillo de boda sangra un rubí el Crucifijo 



[157] 



EL LAUREL ROSA 

Apoteosis 



RECEPCION 

A Sully Prudhomme 

Almas amigas y bellos 
Gimnastas liras asones 
De la orquesta de Pitagoras, 
Venusinos Sacerdotes 
De la hembra Arquitectura 
Y taumaturgos del bloque, 
Príncipes doctos del Cromos, 
Panidas trasnochadores, 
Bajo la vinosa lampara 
Del sátiro Anacreonte, 
Navegantes espectrales 
Del Océano Aristóteles 
En los Imperios acústicos 
Rueda el soberbio desorden, 
Bate la Epopeya el bravo 

Desplante de sus apostrofes, 

La Majestad de la Dea 

Llena el ambiente, Cahope 

Palpita suave y redonda, 

En la plenitud del goce, 

Ríe el Agora estridente 

Y Vulcano a cada bote, 

Quema, en locas geometrías, 

Una gloria de asteroides, 

Febo aterciopela el extasíe 



[1611 



Vago de los horizontes 
Maniobra su cabalgata 
Un escándalo de histriones, 
Prima venza la Egloga 
Y- en dinamismos acordes, 
Trenzan su fuga liviana 
Dafne y Egena y Foloe 
Todo se inspira Los Númenes 
Trasudan su Pentecostés, 
Se exhalan a Diana, rubios 
Muezmes, los girasoles, 
Palas auspicia el banquete 
Melodioso y a sus sones, 
Orfeo mueve la danza 
Beatifica de los bosques 



¿Qué ha pasado, por qué ondean 

Los aleluyas de bronce, 

Por qué fluyen en Olimpia 

Briosos carros voladores, 

Por qué se ufana de tirsos 

La primaveral Melpómene, 

Por qué en las ánforas arden 

Los Amatantes y el Orbe 

Se embriaga uránicamente 

De los besos de la Noche 9 

¿Qué despunta en los laureles 9 

¿Quién aparece 9 ¿Quién corre 9 

Adelgazan sus tentáculos 

Las medusas pohformes, 

Ladra coleando Cerbero, 

Con sus tres lenguas feroces, 

Las Parcas huyen, se cierran» 

Con pavorosos redobles, 

Las puertas negras del Tártaro, 



[162 1 



Y en los ingenuos verdores, 
Con su pezuña galante, 
Pan multiplica los golpes 

De repente se hace el Ritmo 
En la flamígera Corte, 
Iris geometriza el curvo 
Baile de los tornasoles, 
Cabalgatas de hipocampos 
Rizan el piélago informe, 
Muje sus trompas un coro 
Glauco de viejos Tritones, 
Filan cromaticos ajes 
Las Sirenas y en acordes 
Trampolines de agua viva, 
Ruedan Nereidas de ónixes, 
En el reloj de los Siglos 
Nieva el granulo uniforme, 
Al par que un Termino escuálido 
Mima sus barbas de azogue 
Nace el Verso Primavera 
Suave posa el pie de ocre, 
Ríen los labios de leche 
De los luceros precoces, 
Por la montaña implacable 
Sisifo empuja su mole, 
Coros de ninfas hurañas 
Repican su leve trote, 
Mientras que faunos velludos 
Guiñan con ojos bribones . 
Todo exulta Ríe Atropos, 
Ríe el moroso Aqueronte, 
Jano enerva el combustible 
De las crespas Hecatombes, 
Bulle Psíquis por el parque 

[ 163] 



Liviano de los Amores, 
Peina el mar con su tridente 
Neptuno desde la Cólquide 
Y entre pluviales ga\ illas, 
Una fragancia salobre 
Denuncia el baño de Venus 
En el ámbar de su cofre 



¿Por qué se inspiran los Plectros? 
¿A dónde va el dios bicorne? 
¿Por quién erigen sus cráteras 
Los drvinos Anfitriones? ♦ 
Asume Urano la Cuadriga 
Trascendental de su coche, 
Las puertas del Gmecéum 
Giran de pronto en sus goznes 
Y entra Apolo con la gracia 
De las ninfas de S^cione 
Quiron v Neso radiantes 
Sobre las iras del vórtice, 
Interrumpen en el Cielo 
Sus elípticos galopes 

Saturno, el bizco, distrae 
La siembra de sus pasiones, 
Se empinan sobre las ínsulas 
Los lúbricos Helesphontes, 
La carraspera del Caos 
Penetra en los caracoles, 
Cien mil grillos "cnc-cracquean" 
Su nocturno monocorde, 
Los Orquestnones del viento 
Se complican y se rompen, 
En el Alcázar de Asteria 
Se inclinan las Trece Torre*, 



[164] 



Habla el Silencio palpita 
La inmensa Nada sin nombre, 
Brama la Esfinge el enigma 
De sus vigilias inmóviles, 
Claros aplausos estallan. 
Truenan los ígneos tambores, 
Sagitario da la hora 
De la Eternidad insomne 
Y en el Citerón fantasma 
Emerge, vaga y enorme, 
La silueta amaneciente 
De un olímpico dios joven 1 



¿Quién es este sol perínclito 
Del Partenón de los Soles' 
Es griego en su luz es sabio 

Y es triste conoce al hombre 1 
En la Ciudad de la Vida 
Vació su olímpico molde, 

Con lo etéreo de Atalanta 

Y lo profundo de Neóbule» 
Un corazón es su verso 
Eufónico de alma doble 

Es elegante y austero, 
No ignora qué magia esconde, 
Pohmnia > en qué montaña 
Sueñan los graves doctores 
Su Numen ciñe el coturno 
Eurítmico de los Proceres, 
Blande la flecha de Eros 

Y las remiges de Alcione, 
Es músico de serpientes 

Y domador de leones 1 



[165] 



Sully Prudhomme, tú has ido 
Hacia el Citerón, mil voces 
Te objetivaron , tú has hecho 
Temblar los antiguos robles , 
Por ti lloraron de dicha 
Los líricos ruiseñores 

Y despertó la Synnga 
Solariega de los bosques 

Y Pan floreció su granja 
Para los sátiros pobres, 
Por ti colmaron su cuerno 
De fresas y tiernos brotes, 
De mieles y de avellanas. 
Los prometidos pastores 

Y trenzaron sus cabellos 
Con tilos y caracoles, 
Por ti prolongan su pascua 
Los caprípedes veloces 

Y Baco para el invierno 
Preña de néctar sus odres, 

Tú has hecho que el noble Paros 
Burle la ley de Caronte 

Y en laa ubres de Cibeles 
El duro pezón retoñe, 
Que Venus auspicie el relo 
De las canículas torpes 

Y que maduren las ninfas 

Y que las musas retocen 

Y que en Jas ánforas nuevas 
El vino antiguo remoce 

Tú has hecho que la Bucólica 
De barba verde se esponje, 
La Aurora blanca te ha visto 
Desde los regios frontones, 



[166] 



A tu sombra se enconaron 
Las cantárida» de cobre 

Y los Ecos armoniosos 

Se crisparon de rumores, " 
Eres tú la sombra augusta, 
Eres tú la egregia torre 
Que a una señal del Arquero 
Se alzó en el gallardo monte 1 

Yo te vi reverberante, 
Con tus ojos viajadores, 

Y con tu perfil corínteo, 
En el regazo de Jove, 
Safo te arqueaba su risa 

Y te suspiraba Cloe 

Yo te vi, dulce sonámbulo 
De las nostalgias del Norte, 
Beber el licor castahdo 
De la piscina, y entonces 
A una pregunta solemne 
De Minerva hacia los Dioses, 
Abriéronse cien mil ojos 
En el Infinito miope, 
Redobló Pegaso el trueno 
Bajo sus cascos indóciles, 
Sonó su antífona el Pindó 
"iGlona plena tibí domine 1 ", 
Fulguraron zodiacales 
Signos A Sully Prudhomme 1 

Y Homero y Hugo y Verlaine 
Sublimizaron tu nombre 

1908. 



[167] 



LAS CLEPSIDRAS 

Cromos exóticos 

EL COLLAR DE SALAMBO 



LAS CLEPSIDRAS 



Cromoi Exótico» 

HELIOFINA 

Dorada a fuego por Amor y llena 
De la divina excelsitud de Aspasia 
Extasis de nerviosa aristocracia, 
Astra sutil de eternidad serena 

Palmeras, espejismos toda el Asia 
Suspira en tus encantos y enagena 
Hurí con ojos de profunda pena, 
Musa con labios de erudita gracia 

Las rosas que te ven, dicen es Ella r 

Y las estrellas cantan oh, que Estrella 1 . 
Ríes y evocas tu reír festivo 

Los grillos de oro del Amor cautivo, 

Y juraría que tu beso sella 
Eternidades con el lacre \ivo 



L 171 ] 



REINA DEL ARPA Y DEL AMOR 



Evocadora de Jerus aleñes 

Y de las graves Afroditas místicas 
De Salomón el creador de harenes 

Y sumo pájaro de las lingüísticas 

Duermen tus manos de prerrafaeiísticas 
Insinuaciones, todos mis vaivenes, 
Manos que son custodias eucarísticas 
Para las regias ostias de tus sienes 

Vamos a Dios T Entre floridos cánticos, 
Piquen tus dedos, pájaros románticos, 
El Arpa antigua del vergel de Sion 

Y alzando a ti mi beso, en un himno tico 
Rapto de azul, como en un cáliz gótico 
Beberé el vino de su corazón 



[172] 



IDEALIDAD EXOTICA 



Tal la exangüe cabeza, trunca y viva 
De un mandarín decapitado, en una 
Macábrica ficción, rodo la luna 
Sobre el absurdo de la perspectiva 

Bajo del velo, tu mirada bruna 

Te dio el prestigio de una hurí cautiva, 

Y el cocodrilo, a flor de la moruna 
Fuente, cantó su soledad esquiva 

Susceptible quién sabe a que difuntas 
Dichas, plegada y con las manos juntas, 
Te idealizaste en gesto sibilino 

Y a modo de espectrales obsesiones. 
La torva cornamenta de un molino 
Amenazaba las constelaciones 



[173 3 



SUPERVIVENCIA 



Con tu heroica sonrisa húmeda en llanto, 
La veste ensangrentada de amapolas 
Junto a la pira, jo\as y corolas 
Sacrificabas, con un gesto santo 

Viendo cadáver lo que fue tu encanto, 
Te helo vivir como un espectro a solas 

Y te ofreciste, impávida de espanto, 

Al fuego que se hinchó en hambrientas olas 

Rugiendo en bramas de pavor estigio, 
La hoguera, hipnotizada de prodigio, 
Lamio T león de trágicos antojos, 

Tus manos angustiosamente bellas 

Y al inmolarte lu2 a luz, tus ojos 
Sobrevivieron como dos estrellas 



[mi 



AMAZONA 



Sobre el arnés de plata y pedrería, 
En un trono de vértigo y marea, 
Te erguíste, zodiacal Pentesilea, 
Símbolo de la Eterna Geometría . 

Zigzagueó el rayo de tu fusta impía, 

Y humeando en nimbos de ópalo, chispea 
Sulfúrico el bridón, sangra y bravea 

Y escupe rosas en la faz del día 

Contra la Muerte, de un abismo a otro, 
Blandió tu mano capitana el potro, 
En un Apocalipsis iracundo, 

Lo dislocó, y ante la cresta indemne 

Surgiste sobre el sol, roja y solemne 

Como un Arcángel incendiando un mundo,,, 



L1V&J 



INSPIRACION REMOTA 



Muge un caimán Sobre la tersa duna, 
Maniobra un beato pescador isleño 
Ara el barco los cauces de mi sueño. 
En una etiope religión bo\una 

El \ lento se adormece con alguna 
Mus íc ación de Gneg Y en el pequeño 
Drama del abanico marfileño, 
Tu escote se ha fugado con la Luna 

Oh, dame de soñar, Amada mía* 
A mi tu néctar de misantropía 
Libemos el café Y asi la sabia 

Noche, que quintaesencia mis antojos, 
Cristalice desvelos en la Arabia 
Lánguida y taciturna de tus ojo» 



[176] 



FECUNDIDAD 



"Adán, Adán un beso f> ', dijo, y era 
Que en una gemebunda sacudida, 
El absurdo nervioso de la vida 
Le hizo temblar el dorso y la cadera 

El iris floreció como una ojera 
Exótica Y el "ay 1 " de una caída 
Fue el mas dulce dolor Y fue una herida 
La mas roja y eterna primavera 

"Adán, Adán, procúrame un veneno 1 " 
Dijo, y en una cnspación flagrante, 
La eternidad atravesóle el seno 

Entonces comenzó a latir el mundo 
Y el sol colgaba del cénit, triunfante 
Como un ígneo testículo fecundo 



[H7] 



GENESIS 



Los astros tienen las mejillas tiernas 
La Luna trunca es una paradoja 
Espectro humana Proserpina arroj a 
Su sangre al mar Las horas son eternas 

Júpiter en la orgía desenoja 
Su ceño absurdo, y junto a las cisternas, 
Las Ménades, al sol que las sonroj a, 
Arman la columnata de sus piernas 

Juno duerme cien noches Vorazmente, 
Hercules niño, con precoz desvelo 
En un lúbrico rapto de serpiente, 

Le muerde el seno Brama el Helesponto 
Surge un ampo de leche Y en el cielo 
La Via Láctea escintiló de pronto 



[178] 



EL ARPA Y DINA 



El Arpa y Dina sabias musicales 
Mujer en música es el Arpa, y Dina 
Mujer en verso y arpa femenina 
De los arpistas supersubstanciales 

Mujer en verso y ánfora de astrales 
Pitagonzaciones, luna fina, 
Cisne del lago de Platón, ondina 
Con ojos de Venecias irreales 

Su mano es pajaro de luz, que arranca 
Noche infinita a cada arpegio Trema 
El Arpa, > Hora en una albricia franca, 

Y Dina muere de ilusión extrema 

Y ambas se cuentan su nostalgia blanca 
En un abrazo de amistad suprema r 



f 1W3 



TRANSFIGURACION MACABRA 



Como un ho^co motrvo \eneciano, 
Lunático en Mejo pergamino, 
Tenia aquel crepúsculo marino. 
La espectatrva de un terror lejano 

Ante un postumo rictus de tu mano, 
Miraba descorcharse en el cetrino 
Pensamiento del agua, ti remolino 
De un taciturno mal humor pagano 

Un miserere de gemí respeto, 
En su eterna vocal ronca de frío, 
Cantó a la luna el mar analfabeto 

a A a-a a a-a " Y en el navio, 
Describiendo mi oblicuo desvario, 
Brincaba el armazón de tu esqueleto 



[180] 



EPITALAMIO ANCESTRAL 



Con pompas de brahmánicas unciones, 
Abrióse el lecho de tus pnma\eras, 
Ante un lúbrico rito de panteras, 

Y una erección de símbolos varones . 

Al trágico fulgor de los hachones, 
Ondeo la danza de las bayaderas, 
Por entre una apoteosis de banderas 

Y de un siniestro trueno de leones 

Ardió al epitalamio de tu paso, 
Un himno de trompetas fulgurantes 
Sobre mi corazón, los hierof antes 

Ungieron tu sandalia, urna de raso, 
A tiempo que cien blancos elefantes 
Enroscaron su trompa hacia el ocaso 



f 181] 



MISA BARBARA 



Trofeo en el botín de los combates, 
Propiciadora del Moloch asirlo, 
Fue tu cautiva doncellez de lino, 
Ofrenda de guerreros y magnates 

Ardía el catafalco Ante el Eufrates, 
Que ensangrentó el rubor de tus martirios 
Sonreiste, entre lamparas y cirios, 
A! gemebundo réquiem de los vates 

Sobre la hoguera de los sacrificios, 
Chirrió tu carne, mirra de suplicios 
Entonces los egregios Zoroa¡>tros, 

En un inmenso gesto de exterminio, 
Erizaron sus barbas de aluminio, 
Supramundanamente, hacia loa astroa 



[112] 



LITURGIA EROTICA 



En tus pendientes de ópalos malditos 

Y en tu collar de rojos sacrilegios, 
Fulgió un Walhalla de opulentos mitos ' 

Y una Bagdad de Califatos regios 

Ante los religiosos monolitos, 
ti mago influjo de tus sortilegios, 
Grabe a tus plantas, zócalos egregios, 
La efigie de mis besos eruditos 

Y fui tu dueño Entre devotas pomas, 
Sacrifiqué gacelas y palomas 
Después, en una gloria de fagotes, 

Surgiste hacia loa tálamos votivos, 
Sobre una alfombra, negra de cautivos, 
Bajo el silencio de los sacerdotes 



[183] 



RENUNCIACION SIMBOLICA 



Entre las refulgentes armaduras, 

En nn uniforme y sobre tus emblemas, 

Pinto la tarde barbaros poemas 

Y hecatombes de olímpicas bravuras 

Apeamosnos de las cabalgaduras 
Aulló la Esfinge cabaks hupremas, 

Y en un búdico trance de torturas, 
Relampagueó mi yatagán de gemas 

Al desangrarme en un suplicio heroico^ 

Dew anecia cumo un suicida estoico, 

Mi írente exangüe en tus rodillas yertas 

Y ante el aro sutil de tus ajorcas 
Inmole un beso en las doradas horcas 
De nuestras \anas ilusiones muertas 



[184] 



EMBLEMA AFRODISIACO 



Con la superstición de mis condales 
Insignias y cuarteles de altos brillos, 
Puse ai tío de amor a tus castillos 
Invictos de asperezas -virginales 

Rompieron fuego en lides ancestrales, 
Los ojos de reptil de mis zarcillos 

Y bárbaros collares de colmillos 
De hienas y panteras imperiales 

Como una misa de hórrido holocausto, 
Forjo la tarde en su carmín infausto 
Sobre el escudo de tu seno fuerte, 

Golpeó tres veces mi pujante armada, 

Y en el portal de tu Ciudad Rosada 
Clavé mi sádico pendón de muerte 



[185] 



UNCION ISLAMITA 



De turbante y babuchas bicolores, 
Bajo los albornoces de campaña, 
Fijo una bronca fiesta de rumores 
La tribu mercader En la montaña 

Voceó el cañón Ante los surtidores, 
Se clausuró tu lóbrega pestaña, 
Y se abatió la muchedumbre extraña 
De las terrazas y los miradores 

Como un arco de súplica hacia el cielo, 
Creció tu alma bajo el amplio velo 
En guturales ayes de falsetes 

Se alargó el canto del muecin sonoro, 
Mientras desde los blancos minaretes 
Sdludó el sol en un alfanje de oro 



1 186 j 



OBLACION ABRACADABRA 



Lóbrega rosa que tu almizcle efluvias, 

Y pitonisa de epilepsias libias, 
Ofrendaste a Gonk Gonk, vi&ceras tibias, 

Y corazones de panteras nublas 

Para evocar los genios de las lluvias, 
Tragedizaste postumas lascivias, 
Entre osamentas y mortuorias tibias 

Y cabelleras de cautivas rubias 

Sonó un trueno A los últimos reflejos 
De fuego y sangre, en místicos sigilos, 
Se aplacaron los ídolos perplejos. 

Picó la lluvia en crepitantes hilos, 

Y largamente suspiró a lo lejos 
El miserere de los cocodrilos 



i» 



[187] 



OLEO INDOSTANICO 



En torres de marfil, gemas y plata, 
Entre mirras y sándalos > nardos, 
Llamearon los rajás en sus gallardos 
Engastes de tisús y de escarlata 

Funambulescamente el Mahabarata 
Hirvió en los iris de tus ojos pardos, 
En tanto los litúrgicos leopardos 
Se recogieron a tu sombra beata 

En el ritual de las metemp sicosis, 

Bramaron fulgurantes apoteosis 

Los clarines del Sol el alma inerte 

De la pagoda helóse de infortunio, 
A tiempo que la araña de la muerte 
Derramó un signo sobre el plenilunio 



[1881 



ODALISCA 



Para hechizarme, hurí de maravillas, 
Me sorprendiste en pompas orientales, 
De aros, pantuflas, velos y corales, 
Con ajorcas y astrales gargantillas 

Sobre alcatifas regias, en cuclillas, 
Gustaste el narguilé de opios rituales, 
Mientras al son de guzlas y timbales, 
Ardieron aromáticas pastillas, 

Tu cuerpo, ondeando a la manera turca, 
Se insinuó en una mística mazurka 
Luego en un vals de giros extranjeros, 

Te evaneciste en milagroso esfumo, 
Arrebatada por quimeras de humo, 
Sobre la gloria de los pebeteros 



[189] 



EL COLLAR DE SALAMBO 



OJOS VERDES 



Nubia de crespas campañas 

Y Escocia de verdes lagos 
Ensueñan en las extrañas 
Vistas de tus ojos vagos 

Melancolías hurañas 
Beben el absintio y magos 
Cometas hacen aciagos 
Signos entre tus pestañas 

Oh, tus cambiantes y finos 

Y oblicuos ojos felinos 1 
Abreme la maravilla 

De tu honda mirada \erde 
Mar de \ida en que se pierde 
Mi taciturna barquilla 



[190] 



OJOS GRISES 



No sé que hurañas regiones 
De ventisqueros y riscos, 
Se insinúan en los discos 
De tus do3 ojos lapones 

Noche boreal Cerrazones 
Kremlin de nácar Apriscos 
De esos que braman ariscos 
Hacia las Constelaciones . 

No llores, mi dulce Cleo* 
Amor regirá el trineo 
Por la quimera sm fm 

E iremos hacia los grises, 

Vagos, enfermos, países 

Que hay en tus ojos de esplín 



[191] 



OJOS AZULES 



Son más dulces que un Leteo 
Tus pupilas, cual si en ellas 
Entonaran dos estrellas 
Su "Gloria m excelsis Deo" 

Fulgen místicas centellas, 
En inefable azuleo, 
Como un idilio de bellas 
Palomas del Himeneo 

Sueñas de amores floridos? 
Ya están los cisnes uncidos, 
La góndola nos espera 

Seré Lohengrín o Raúl, 

Y te amaré en la Isla Azul 

De la eterna Primavera 



[192] 



OJOS DE ORO 



Sueñan heroicos delirios 
Tus ojos, como áureos dardos 
Osms, Menfis, gallardos 
Faraones y martirios 

India elefantes, leopardos 
Juda Incensarios y cirios 
Dorada legión de bardos 
Y sacerdotes asirlos 

Amas el sol, oh, mi ensueño 9 
Quieres cruzar el espacio? 
Amor sera el Clavileño 



Que te conduzca al palacio 
Donde mora el feliz dueño 
De tus ojos de topacio 



r 193] 



OJOS NEGROS 



La noche del odio eterno 
Cristalizó en el diamante 
De tus pupilas, que el Dante 
Tomara por el Infierno 

Desoladas en su interno 
Maleficio obsesionante, 
Hay en su noche enervante 
Vacio, Caos e Invierno 

Aunque a traición me han herido 
Con sus filosos destellos, 
Dame, por Dios, esos bellos 

Ojos que tanto he querido, 
Ay r para enlutar con ellos 
El féretro de tu olvido 



[194] 



LA VIDA 

DESOLACION ABSURDA 

LA TORRE DE LAS ESFINGES 
TERTULIA LUNATICA 



LA VIDA 



Yacía cerca de un año> 
Después de aquel largo baño 
Que me alivió de un Deseo, 
Convaleciente y huraño 
Junio al piadoso Leteo 1 

Era el confín rosicler, 
El mar estaba amatista, 
Una fragancia a mujer 
Lknó el camino sonoro 
Por donde el divino Toro 
Paseó su curva conquista. 

Hacia el alba que madruga, 
Surgió un corcel metafórico 
Y desperté a un pitagórico 
Ritmo de estrella que fuga 1 

Fue sobre un fondo alegórico 
En vías - láctea» de franca 



1 Convaleciente de un gran dolor moral, en la margen del 
Olvido 

2 Representa este corcel simbólico el Yo consciente y audaz 
del Poeta su Numen soñador y enfermo, su espíritu parado] al y re- 
volucionario, su alma sedienta de Invisible y de Verdad Religiosa, 

- el Genio investigador de la Causa Suprema a través de la Ciencia 
y de la Metafísica en dolorosa peregrinación 



[197] 



Luz se trocaban sus huella», 

Y si el azote con blanca 
Furia peinábale el anca, 
Se destrenzaban centellas 

Anfibológico, iluso 
En su cambiante sofístico, 
Robóle a un cometa abstruso 
Su cauda tendida al uso 
De algún zig zig cabalístico 

Imposiblemente vaga, 
Su testa de Esfinge aciaga, 
Enseñoreaba hacia Osiris 
El infinito irreal, 

Y a manera de pretal 
Lucía un gran arco iris 

Para la negra ventisca 
Que apaga el centro del Yo, 
Llevaba en su frente arisca 
Un ávido tragaluz 

Sacudido por un asma 
Plu tónica describió 
Como la doma fantasma 
Del Huracán por la Luz 

En grises acuosidades 

Y en nubes de crespa espuma, 
Brotaban las tempestades 

De su boca y cavidades 
Nasales Eran de bruma 
Sus vagos ojos de esplín, 
Una lira y una espada 
Ondeaban entre la crin 



[198] 



Y joh T eternidad de un instante, 
Sobre su pecho grabada 

Con mi letra en sangre humeante, 
Leí esta palabra Fin f 

El inaudito corcel 

Se fue acercando De pronto 

Atravesó el Helesponto 

Y hálleme a dos pasos de él 

Gallarda Pentesilea 3 
Regíalo sus pupilas 
Eran como dos sibilas 
En el templo de Febea 

Bordoneaba la marea 
De sus cabellos en hilas 
De diamante musical, 

Y era su sonrisa como 
La ingenuidad matinal 

Bien segura sobre el lomo, 
Dando espuela, a toda brida, 
Rosa y pnmavenzada 
Iba en su tornasolada 
Cabalgadura fluida 

Por estribera que nunca 
Rielo mas trágica y roja, 
Llevaba una luna trunca 
A modo de paradoja 



3 Esta Amazona emblemática que atrae el Poeta» significa la 
Ilusión soñada, el divino Ideal, la Forma Perfecta y Armoniosa de 
la Belleza en el Arte y en el Pensamiento, la ansiada Felicidad te- 
rrenal que tanto se persigue, a través de cíen reveses y desangra- 
mientos, el Amor puro y metafísico que se acerca a Dios» reflejo 
radiante del Sumo Bien y de la Suma Hermosura la joie de vivr* 
más elevada, la sublime Esperanza y el ciego instinto de la Vida 



[199] 



Bajo su fausta corona, 
Cegóme su incandescencia 
Era la infinita ciencia 
Hecha \erso esta amazona 

Oh, milagro de atracción 
Y de curva, oh la superna 
Cosmof ísiologación ? 
A un costado del arzón 
Caía su augusta pierna 
Como una interrogación 
A la geometría Eterna T 

Vióme y con arte mortal 
De refinada histnonisa, 
Me hizo una seña indecisa 
De gracia filosofal 

Medio desnudo y turbado 
Por la ilusión que era Ella, 
Lánceme como centella 
En el vértigo inspirado 

Salvando montes y zanjas, 
En la ficción de las Horas, 
Pasé desde las Auroras 
A los Ocasos naranjas 

Con el halago de sí, 
Leve y fugaz como el aura, 
Iba la briosa Centaura 
Siempre delante de mí 

Cuánto duró el frenesí ? 
— No sé, ni que talismán 
Mostraba si sonreía, 
Que redoblaba mi afán 



[ 200 ] 



Inútil toda porfía * 
Ella me huía, me huía 

Y huyéndome me atraía 
Como un fabuloso imán 

Arrebatado en el ciego 
Desatino de la marcha 
No sentía m la escarcha 
De los Inviernos, ni el fuego 
De los Veranos Dos veces 
Lloré el radiante aleluya 
Cuando me dijo — "Soy tuya 
Para siempre Julio amado, 
Sé que en extremo padeces, 
Ya estamos cerca, ten brío 
Ven a mi Alcázar de Estío, 
Allá mi amor inflamado 
Te hará sentir embriagueces 
De Inmensidad y Vacío 1" 

Mírela y quedé sin vista, 
Quise hablarla, estaba mudo, 
Perdí mi espada y mi escudo, 

Y erré dos veces la pista 



Tras esa bella impostura, 
Como un ebrio dando tumbos, 
Iba siguiendo los rumbos 
Oblicuos de la Locura* 

[201] 



Sangrándome los abrojos, 
Absurdamente corría, 

Y ella siempre se ofrecía 
Con su gesto y con sus ojos 

De agotamiento cardíaco 
Tuve sincopes mortales, 
Bajo los guiños fatales 
De Saturno y del Zodíaco 

— Espérame! — la imploraba 
— Por qué marchas tan de prisa 9 

Y ella siempre se brindaba 
Con su gracia y con su risa 

"Oh, tú, quimera platónica, 
Unida al Ser por un guión, 
Armonía Cosmogónica 
Ebria de Revelación 1 

Condúceme hasta las bellas 
Fuentes de Azul inaudito, 
Donde abreva el Infinito 
Con au rebaño de estrellas r 

Deja que en tu mano pálida, 
Agua de olvido y perdón, 
Se enfríe mi frente calida 
Y duerma mi corazón 1 

Cíñeme la ardiente túnica 
Que dio de morir a Neso, 
Dame de besar el beso 
Que se besa una vez única* 



[202] 



Tal vez halle un elixir 
Para este mal singular, 
Que me duele hasta reír 

Y me alegra hasta llorar 1 

Yo oficiaré en lo mas hondo 
De tu Estética alegórica, 
Dueña del beso sin fondo 
De erudición Pitagórica r> 
— " Aguárdame, esto> herido, 
Tomemos por otra senda ! " 
Ella entonces como en prenda 
De haberme compadecido, 
Debilitaba el corcel, 
Pero ♦ recurso fingido 
Que al ir a coger la ofrenda 
De su sonrisa de miel 
Soltaba otra vez la rienda 

Y se <*lejaba, cruel f 



Desde Platón a Pitagoras, 
Y desde Cristo hasta Budha, 
Traspuse todas las ágoras 
Del pensamiento y la duda 1 

1 Peregrinación intelectual del poeta a través de la filosofía 
[203] 



Salpicado del relente 
Multicolor del sofisma, 
Siguió el equino en su misma 
Velocidad incoherente 

Vadeamos el Aqueronte 1 
De todas las esperanzas, 

Y alia por las lontananzas 
Muequeó el horrible horizonte 

Se conmovieron los rotos 
Ejes de Dios iracundos, 

Y como bajos profundos 
Cantaron los terremotos, 

Mientras al fin de la ruta. 

Sobre los antros ignotos 

Atacaba la disputa 

Del trueno y el océano, 

El relámpago, batuta 

De algún Berlioz sobrehumano f 



Crespo, las crines de ola, 
Internábase en las tácitas 
Regiones del alma sola, 
Espantando con su cola 
Miles de estrellas parásitas 2 



1 Ateísmo, Desesperanza, Caos 

2 El espíritu Investigador ahonda y se reconcentra, ahuyentan- 
do con desdén gallardo los prejuicios que le acosan 



[ 204 ] 



Arrogante, a cada salto 
De su monstruoso heroísmo, 
Crujía de sobresalto 
El corazón del abismo 1 

Vencedor en la palestra 
Era a veces sanguinario 1 
Desdeñando una maestra 
Agresión de Sagitario 

Tomóle altivo la diestra, 
Y en el riñon de la Osa 
Clavó la daga horrorosa 
De su mira siniestra' 2 



A su divino contacto 
Llenábanse de monólogos 
Los tenebrosos ideólogos 
Del inconcebible abstracto, a 



Oxigenando el futuro 
Con sus alas, en un tren 
Tempestuoso de albatróa, 



1 Celébrase el bautismo de la sangre, a cuyo precio divino se 
compran en la Historia las grandes conquistas 

2 Sagitario, símbolo del Tiempo destructor y amenazador La 
Osa que representa al monstruo atávico en todo el orden de la acti- 
vidad mental y social 

3 La Razón avanza, avanza hacia la Metafísica 



[205 ] 



Iba el audaz palafrén 
Terrible y congestionado 
Por el Enigma, y yo en pos* 

Vuelta la grupa hacia el hado, 
Irregular en su apuro, 
Marchaba como seguro 
De amanecer frente a Dio* 1 

Entre en el Ultra violado, 
Allende al último muí o 
Del Alto Imperio Sereno, 
Mi espíritu e&taba lleno 
De Pasmo' 

Cuantas veces mi entusiasmo 
Daba en querer ser idóneo, 
Tendido a todo sarcasmo 
Se hizo un arco el desenfreno 1 
De aquel cuadrúpedo erróneo 

Por la amplitud erudita, 
De un confín a otro confín, 
Tascando el rayo del freno 
Cunde galopando el trueno 
De la epopeya infinita' 

Ungido con el hollín 
De los hornos planetarios. 
Atravesó imaginarios 
Caos en donde Cam 
Anduvo errante un minuto 1 



1 La Verdad se escapa irónicamente entre la red sutil <te las 
especulaciones abstrusaa 



[206] 



Ebrio de incógnito luto, 
Por el informe proscenio, 
Iba en balances de genio 
Devorando lo Absoluto' 1 

La sacra silueta hosca 
De la bíblica montaña. 
Viole afrontar la maraña, 
Que en el más allá se embosca, 
Y en su estupendo camino, 
Perforar cual ígnea mosca 
La inmensa tela de araña 
De los cometas del Sino 1 2 



Al par que la bestia brava 
Plano a plano se arriesgaba 
Por el insondable sueño, 
En su esfíngida y disforme 
Cabeza, noté un enorme 
Guarismo a modo de ceño 

Oh símbolo universal, 
Ca\ado en el fondo bruno 
De lo inmanente vital 
Era este guarismo el uno 
Del Génesis Material 1 



1 El Pensamiento en lo Incognoscible 

2 A través del Destino y la Superstición» el alma piensa heroi- 
camente con ie en el triunfo 

3 Monismo Afinidad cogita cional con fíaeokel y los principios 
positivistas de las nuevas ciencias naturales 



1207] 



Ante el flamígero coro, 
Que le abrumó a cortesías, 
Tirvo un resuello sonoro 
Para la yunta que Elias 
Domó en el Carro de Oro' 1 

Haciendo un combo agujero 
En el azul, se abrió paso 
Y en el umbral del Parnaso 
Humeó como un pebetero f 2 

Al Dragón, cuva fiereza 
Olímpica al Cisne asusta, 
Con una patada augusta 
Le destrozó la cabeza 1 8 

Resoplando el episodio 
De las íntimas batallas, 
Apagaba las hornallas 
Del atavismo y del odio 1 

La Medusa del Problema, 
En su cuerno de diamante, 
Una insomne X \ oíante 
Le hizo por marca suprema r 

Siempre que errante batía 
La cumbre de algún Tabor, 



1 En honor a la gran poesía hebraica uncida a la tremenda y 
fragorosa inspiración de los Profetas 

2 Se inciensa el Arte Pagano de que el poeta es cultor humilde 

3 Dragón y Cisne Constelaciones El Dragón figura la devo- 
rante prosa moral, el bajo utilitarismo la pasión mezquina, el oro 
déspota y mercader el vendaval de la política Industrial que seca 
las fuentes puras del alma humana El Cisne la serena y dulce poe- 
sía el arte contemplativo que sueña a solas 

4 La X misterioso emblema que tiene alas y no duerme nunca 
con que el esteta honra a su cabalgadura inspirada 



[208] 



Desarrollaban las trombas 
Su crespa talla bravia 
De profetas en fragor r 
De su negra batería 
Le disparaba el Error 
Meteoros, como bombas 
Efímeras de Utopia 1 1 

De su textura herculánea 
Lkrvía un sudor fecundo 
Que despertaba en el mundo 
La floración expontánea 1 

En su obsesión de voluble 
Murciélago secular, 
Parecía un familiar 
De la sombra irresoluble' 

El Incognoscible Atómico 
Lo hipnotizaba en su ascenso, 
Zumbando el "scheizo ,J inmenso 
De un orquest|ión astronómico 1 2 

Toda duda y tjodo Arcano 
Irritaban su fiebre, 
El anhelaba un pesebre 
Fuera del saber humano 1 



1 El Error, el viejo Error es la Noche de la Conciencia psico- 
lógica que dispara a la razón alucinantes y efímeros meteoros 

2 Primeras Causas Sugestión de lo impenetrable 



[209 ] 



A^ien quimeras del Mapa 

Y del termino algebrista, 
Llegue a la mas honda etapa 
De mi excursión fatalista 1 

Oh, epilepsia ínconocida 1 
Sobre el cielo metafísico 
Vi un corazón de suicida 
Arrítmico v fraternal 2 

Era un reloj poeniamco 
Este reloj psic oficie o 
Que con latidos de pánico 
Iba marcando mi mal* 

Arremolinóse el bruto 
Queriendo retroceder, 
Un polvo de nebulosas 
Nimbó su vaivén hirsuto, 

Y en el borrón de las cosas 
Relampagueó Lucifer 1 

De repente, en el elíptico 
Drama super-sideral, 
Sufrió el cuadrante la suerte 
De un eclipse apocalíptico, 

Y se detuvo en la muerte 

Crepúsculo fantasmal 
En un desaliento inerte 
Quedábame euando Ella 



1 Glaciahdad, Parálisis Bhuda Shopenhaüer Fatalismo Poe 
Satán 

2 Se alude al corazón arrítmico del Poeta, quien ha sufrido 
siempre de una desesperante neurosis cardiaca que le ha hecho 
temer Dor la vida 



[210 3 



I 



Me da nuevamente otro 
Suspiro y blandiendo el potro 
Hacia la noche atropelia 1 1 



Cómo resistir a todo 
Su poderío intangible 
Yo la amaba por su modo 
De conjugar lo Imposible T 

Entre seguir o perderla 
Lucho estérilmente, lucho, 
Cierro los ojos, la miro 
No puedo mirarla mucho, 
Ni puedo dejar de verla « 
Cuando al azar en que giro 
Me insinuó la profetisa 
El relámpago luz perla 
Que decora su sonrisa 1 

Otra vez, ágil me lanzo 
Por la Inmensidad perpleja, 
Hacia su magia compleja, 
Pero, inútil no la alcanzo 
Llego al delirio ¡no avanzo 1 
Y voy en razón ingrata, 
Como un criterio especioso, 
Por la ironía insensata 
De un gran circulo vicioso 1 

Polo de la Conjetura . 
Frío a frío la blaneura 
Severa de los asombros 
Quemó mis rizos castaños, 



1 Triunfo magnético de la Vid», de la Ilusión, del Ideal, d«J 
iuper instinto Avasallador <ju* mueve las facultades 



[211] 



Y el empellón de los años 
Fue deformando mis hombros r 1 

Era eterno aquel viaje 
Por la estepa ineficaz, 

Y bajo el ojo salvaje 
Del infinito voraz 1 

— ¡Detiénete, Profetisa, 

Y en un éxtasis delgado, 
Despliega el iluminado 
Abanico de tu risa T 

"Oh, sV Tu risa divina 
Me satura de mañana, 
De ¡primavera liviana, 

Y de fuente cristalina 

"Bien sabe Dios, cuánto alegras 
Mi ser con tus risas francas, 
Como la luna hace blancas 
Las tempestades más negras 1 
Piedad, egregia señora, 
Espérame, te lo implora 
Mi osada pasión mendiga, 
Mi delgadez y mi llanto 
Es anormal mi fatiga 

Y son mis ansias extremas 
Por visitar el encanto 

De tus languideces cremas T " 

Y ¡ah' mi señora, entretanto, 
Apenas me respondía 



1 L« vejez precot del Poeta fruto de sus grandes emociones, 
de sus luchas mentales y atroces vicisitudes 



1212] 



Con un beso que en las yemas 
De sus dedos se dormía 



Por fm, en la desventura 
De un Otoño de agonía, 
Columbré una arquitectura 
Cuadrangular y sombría, 
Que parecióme estar junto 
A una tétrica Abadía 1 
Relinchó el corcel al punto, 

Y piafando de impaciencia, 
Rumbeó a la triste morada, 
Bajo la aguda violencia 
De la espuela despiadada 

Lentamente, vagamente, 
Cautamente y mortalmente, 
Como un discreto reproche, 
Se deslizaba la noche 
De los eternos exilios, 

Y en el campo los idilios 
Se despedían 1 No era 
La sonrosada pradera 

De los alados Virgilios, 
Aquel lugar taciturno 
El agorero Saturno 
Me hinco su mirar huraño 

Y un torvo pajaro extraño 
Cantó un doliente nocturno 

De Chopm Corrióme un frío 



1 El Poeta columbra un sitio que no es otro que el Cemen- 
terio 



[213] 



Aspero, un sordo placer 
Fúnebre, me ava3allaba 

Y sentí como una cava 
En lo más hondo del ser* 

Oh, cielos 1 Dudando estaba 
Si este espectral señorío 
Fuera el Alcázar de Estío, 
Cuando oí que me llamaba 
Por mi nombre una mujer. 

"Penetra en mí* Juho mío. 

Y embriágate con mi lava 
De apasionado extravío f " 

Sublime estremecimiento 1 
—"¿Aquí es 9 — grité — ¿Aquí es?" 
Cabe un blanco monumento, 
Apeóse en ese momento 

Y ató la bestia a un ciprés 

Era mi ardor tan agudo, 

Tal era mi aturdimiento, 

Que en \ez de echarme a sus pies, 

Quédeme un instante mudo, 

Y ni respondí al saludo 
De su sonrisa cortés 

— "Ven, dueño mío, mi vida 
Toda se exhala hacia ti'", 
Esto diciendo mi hurí 
Cada vez más encendida 

Y palpitándole el pecho, 
Iba acercándose a un lecho 
De piedra en forma de cruz, 
Prolongadamente estrecho 



[2U] 



Luego, en un rapto de luz, 
Suspiró y enajenada 
Me abrió como un hbro erótico 
Sus brazos y su mirada 

Oh, loca fascinación, 
Misterioso ángulo hipnótico 1 
Toda mi esencia en oleada 
Fue a verterse en el mas puro 
Cahz de alucinación 

Mas, jay 1 de pronto, mi amada, 
Lanzando una maldición, 
Trocóse, como a un conjuro, 
En un caballero obscuro, 
£1 cual con una e&tocada 
Me atravesó el corazón T 1 



1 La Muerte 



£215] 



DESOLACION ABSURDA 

Je aerai ton cercueil 
airaable pestileiice 1 

Noche de tenues suspiros 
Platónicamente ilesos 
Vuelan bandadas de besos 

Y parejas de suspiros 
Ebrios de amor los céfiros 
Hinchan su leve plumón, 

Y los sauces en montón 
Obseden los camalotes 
Como torvos hugonotes 
De una muda emigración 

Es la divina hora azul 
En que cruza el meteoro, 
Como metáfora de oro 
Por un gran cerebro azul 
Una encantada Stambul 
Surge de tu guardapelo, 

Y llevan su desconsuelo 
Hacia \agos ostracismos, 
Floridos sonambulismos 

Y adioses de terciopelo 

En este instante de esplín, 
Mi cerebro es como un piano 



[216] 



Donde un aire Wagnenano 
Toca el loco del esplín 
En el lírico festín 
De la ontológica altura, 
Muestra la luna su dura 
Calavera torva y seca, 

Y hace una rígida mueca 
Con su mandíbula obscura 

El mar, como gran anciano, 
Lleno de arrugas y canas, 
Junto a las playas lejanas 
Tiene rezongos de anciano 
Hay en acecho una mano 
Dentro del tembladeral, 

Y la supersustancial 
Via láctea se me finge 

La osamenta de una Esfinge 
Dispersada en un erial 

Cantando la tartamuda 
Frase de oro de una flauta, 
Recorre el eco su pauta 
De música tartamuda. 
El entrecejo de Buda 
Hinca el barranco sombrío, 
Abre un bostezo de hastio 
La perezosa campaña, 

Y el molino es una araña 
Que se agita en el vacío* 

Deja que incline mi frente 
En tu frente subjetiva, 
En la enferma sensitiva 
Media luna de tu frente, 
Que en la copa decadente 



[217] 



De tu pupila profunda 
Beba el alma vagabunda 
Que me da ciencias astrales, 
En las horas espectrales 
De mi \ida moribunda 1 

Deja que rime unos sueños 
En tu rostro de gardenia, 
Hada de la neurastenia, 
Trágica luz de mis sueños 
Mercadera de beleños 
Llévame al mundo que encanta* 
Soy el genio de Atalanta 
Que en sus delirios evoca 
El ecuador de tu boca 

Y el polo de tu garganta' 

Con el alma hecha pedazos, 
Tengo un Calvario en el mundo, 
Amo y soy un moribundo, 
Tengo el alma hecha pedazos 
Cruz me deparan tus brazos, 
Hiél tus lagrimas salinas, 
Tus diestras uñas espinas, 

Y dos cla\os luminosos 
Los aleonados y briosos 
Ojos con que me fascinas 1 

Oh, mariposa nocturna 
De mi lámpara suicida, 
Alma caduca y torcida, 
Evanescencia nocturna, 
Linfantica taciturna 
De mi Nirvana opioso, 
En tu mirar sigiloso 
Me espeluzna tu erotismo 



[218] 



Que es la pasión del abismo 
Por el Angel Tenebroso 1 

(Es media noche) Las ranas 
Torturan en su acordeón 
Un "piano" de Mendelssohn 
Que es un gemido de ranas, 
Habla de cosas lejanas 
Un clamoreo sutil, 

Y con aire acrobatil, 
Bajo la inquieta laguna, 
Hace piruetas la luna 
Sobre una red de maifil 

Juega el viento perfumado, 
Con los pétalos que arranca, 
Una partida muy blanca 
De un ajedrez perfumado, 
Pliega el arroyo en el prado 
Su abanico de cristal, 

Y genialmente anormal 
Finge el monte a la distancia 
Una gran protuberancia 

Del cerebro universal 

Vengo a ti, serpiente de ojos 
Que hunden crímenes amenos, 
La de los siete \enenos 
En el iris de sus ojos, 
Beberán tus llantos rojos 
Mis estertores acerbos, 
Mientras los fúnebres cuervos, 
Re> es de las sepulturas, 
Velan como almas obscuras 
De atormentados protervos! 

[219] 



Tú eres postuma y marchita 

Misteriosa flor erótica, 

Milmnanochesca, hipnótica» 

Flor de Estigia acre y marchita, 

Tu eres absurda y maldita, 

Desterrada del Placer, 

La paradoja del ser 

En el borrón de la Nada, 

Una hurí desesperada 

Del harem de Baudelaire* 

Ven, declina tu cabeza 
De honda noche delmcuente 
Sobre mi tétrica frente, 
Sobre mi aciaga cabeza, 
Deje su indócil rareza 
Tu numen desolador, 
Que en el drama inmolador 
De nuestros mudos abrazos 
Yo te abriré con mis brazos 
Un paréntesis de amor 1 



[2*0] 



LA TORRE DE LAS ESFINGES 
TERTULIA LUNATICA 

PSICOLOGACION 
MORBO - PANTEISTA 

Vesperaa 
Jam sol rectdit ígneus 

I 

En túmulo de oro vago, 
Cataleptico fakir, 
Se dio el tramonto a dormir 
La unción de un Nirvana vago 
Objetívase un aciago 
Suplicio de pensamiento, 

Y como un remordimiento 
Pulula el sordo rumor 

De algún pulverizador 
De músicas de tormento 

El cielo abre un gesto verde, 

Y ríe el desequilibrio 

De un sátiro de ludibrio 
Enfermo de absintio verde 
En hipótesis se pierde 
El horizonte errabundo, 

Y el campo meditabundo 

De informe turbión se puebla, 
Gomo que todo es tiniebla 
En la conciencia del Mundo 



[231] 



Ya las luciérnagas — brujai 

Del joyel de Salambo — 

Guiñan la "marche aux flambeaux" 

De un aquelarre de brujas 

Da nostalgias de Cartujas 

El ciprés de terciopelo, 

Y vuelan de tu pañuelo, 
En fragantes confidencias 
Interjecciones de ausencias 

Y ojeras de ritornelo 

Todo es postumo v abstracto 

Y se intiman de monólogos 
Los espíritus ideólogos 

Del Incognoscible Abstracto 
Arde el bosque estupefacto 
En un éxtasis de luto, 

Y se electriza el hirsuto 
Laberinto del proscenio 
Con el fosforo del genio 
Lóbrego de lo Absoluto 

Todo suscita el cansancio 
De algún país psicofisico 
En el polo metafisico 
De silencio y de cansancio 
Un vaho de tiempo rancio 
Historia la unción plenana, 

Y cunde, ante la arbitraria 
Lógica de la extensión, 

La materialización 
Del ánima planetaria* 

Del insonoro interior 

De mis obscuros naufragios, 

Zumba, viva de presagios, 



[222 ] 



La Babilonia interior 
Un pitagonzador 
Horoscopa de ultra noche, 
Mientras, en auto reproche 
De contricciones estáticas, 
Rondan las momias hieráticas 
Del Escorial de la Noche 

Fuegos fatuos de exorcismo 
Ilustran mi doble vista, 
Como una malabarista 
Rutilación de exorcismo 
Lo Sub - Consciente del mismo 
Gran Todo, me escalofría, 

Y en la multitud sombría 
De la gran timebla afónica 
Fermenta una cosmogónica 
Trompeta de ¡profecía 

Tal en un rapto de nieve 
Se aguza la ermita gótica, 

Y arriba la aguja hipnótica 
Enhebra estrellas de nieve 

El bosque en la sombra mueve 
Fantásticos descalabros, 

Y en los enebros macabros 
Blande su caña un pastor, 
Como un lego apagador 
De tétricos candelabros 

Duerme, la oreja en acecho, 
Como un lobo montaraz 
El silencio suspicaz 
Del precipicio en acecho 
Frunce el erial su despecho, 
Mientras disuelve y rehusa 



[223 ] 



El borbollón de la esclusa 

Monólogos de esquimal, 
En gárgaras de cristal 

Y euforias de cornamusa 

Adarga en ristre, el sonámbulo 
Molino metafonza 
Un Don Quijote en la liza, 
Encabalgado y sonambulo 
Tortura el humo un funámbulo 
Guignol de {Caleidoscopio, 

Y hacia la noche de opio 
Abren los pozos de Ciencia 
El ojo de una conciencia 
Profunda de espectroscopio 

Sobre la torre, enigmático 
El buho de ojos de azuíre, 
Su canto insalubre sufre 
Como un muezín enigmático 
Ante el augurio lunático, 
Capciosa, espectral, desnuda, 
Aterciopelada y muda, 
Desciende en su tela inerte, 
Como una araña de muerte, 
La inmensa noche de Budha 

Ad completonum 

II 

Ln un bostezo de horror, 
Tuerce el estero holgazán 
Su boca de Leviatan 
Tornasolada de horror 
Dicta el Sumo Redactor, 
A b gran Sombra Profeta 



[224 ] 



Y obsediendo la glorieta, 
Como una insana clavija, 
Rechina su idea fija 

La turbadora veleta 
Ríe el viento confidente 
Con el vaivén de su cola 
Tersa de gato de Angola, 
Perfumada y confidente . 
El mar inauditamente 
Se encoge de sumisión, 

Y el faro vidente, en son 
De taumaturgas hombrías, 
Traduce al torvo Isaías 
Hipnotizando un león 

Estira aplausos de ascua 
La hoguera por los establos 
Rabiosa erección de diablos 
Con tenedores en ascua 
Un brujo espanto de Pascua 
De Mansápolo asedia, 

Y una espectral Edad Media 
Danza epilepsias abstrusas, 
Como un horror de Medusas 
De la Divina Comedia 

En una burla espantosa, 
El túnel del terraplén 
Bosteza como Gwynplame 
Su carcajada espantosa 
Hincha su giba la unciosa 
Cúpula, y con sus protervos 
Maleficios de hicocervos, 
Conjetura el santuario 
El mito de un dromedario 
Carcomido por los cuervos 



[225 ] 



Las cosas se hacen facsímile* 
De mis alucinaciones 

Y *on como asociaciones 
Simbólicas de facsímiles 
Entre humos inverosímiles 
Almea el cañaveral, 

Con su apostura marcial 

Y sus penachos de gloria, 
Las armas de la victoria 
En un vivac imperial 

Un arlequín tarambana 

Con un toe -toe insensato 

El tonel de Fortunato 

Bate en mi sien tarambana 

Siento sorda la campana 

Que en mi pensamiento intuye, 

En el eco que refluye, 

Mi voz otra voz me nombra, 

Y hosco persigo en mi sombra 
Mi propia entidad que huye 1 

La realidad espectral 
Pasa a través de la trágica 

Y turbia linterna mágica 
De mi razón espectral 
Saturno infunde el fatal 
Humor bizco de su influjo 

Y la luna en el Teflujo, 

Se rompe, fuga y se integra 
Como por la magia negra 
De un escamoteo brujo 

En la cantera fantasma 
Estampa Doré su mueca 
Fosca, satnrmana y hueca 



[226 ] 



De pesadilla fantasma 
En el Cementerio pasma 
La Muerte un zurdo can -can, 
Ladra en un perro Satán, 

Y un profesor rascahuesos 
Trabuca en hijos aviesos 
El Carnaval de Schumann 

Avermxs 

III 

Tú que has entrado en mi imperio 
Como feroz dentellada, 
Demonia tornasolada 
Con romas garras de imperio 
Infiéranme en el cauterio 
Voraz de tus ojos vagos, 

Y en tus senos que son lagos 
De ágata en cuyos sigilos 
Vigilan los cocodrilos 
Reprobos de tus halagos 1 

Consubstanciados en fiebre, 
Amo, en supremas neurosis, 
Vivir las metempsicosis 
Vesánicas de tu fiebre 
Haz que entre rayos celebre 
Su aparición Relcebú, 

Y tus besos de cauchu 
Me sirvan aus mara\ illas, 
Al modo que las pastillas 
Del Hada Pan - Banú r 

Lapona Esfinge En tus grises 
Pupilas de opio, evidencio 



[227] 



La Catedral del Silencio 
De mis neurastenia» grises 
Embalsamados países 
De ópalo y de \entiscos, 
Bruma el esplín de sus discos, 
En cu>os glaciales bancos 
Adoran dos osos blancos 
A los Menguantes ariscos 

En el Edén de la inquieta 
Ciencia del Bien y del Mal, 
Mordí en tu beso el fatal 
Manzano de carne inquieta 
Tu cabellera \ioleta 
Denuncia su fronda inerte, 
Mi abrazo es el dragón fuerte 

Y los frutos delictuosos 
Tus inauditos y briosos 
Senos que me dan la muerte' 

Carnívora paradoja, 
Funambulesca Danaida, 
Esfinge de mi Tebaida 
Maldita de paradoja 
Tu miseria es de una roja 
Fascinación de impostura, 

Y arde el cubil de tu impura 

Y artera risa de clínica, 
Como un incesto en la cínica 
Máscara de la Locura' 

El noctem quietam concedct Dominus 

IV 

Canta la noche salvaje 

Sus ventriloquias de Congo, 



[228 ] 



En un gangaso diptongo 
De guturación salvaje 
La luna muda su viaje 
De astrólogo girasol, 

Y olímpico caracol. 
Proverbial de los oráculos, 
Hunde en el mar sus tentáculos, 
Hipnotizado de Sol 

Sueña Rodenbach su ambigua 
Quimera azul, en la bruma, 

Y el gris surtidor empluma 
Su frivolidad ambigua 

Allá en la mansión antigua 
La noble anciana de leda 
Cara de esmalte, remeda 
— Bajo su crespo algodón — 
El copo de una ilusión 
Envuelta en papel de seda 

En la abstracción de un espejo 
Introspectivo me copio 

Y me reitero en mi propio 
Como en un cóncavo espejo 
La sierra nubla un perplejo 
Rictus de tormenta mómica, 

Y en su gran pagina atómica 
Finge el cielo de estupor 

El inmenso borrador 

De una música astronómica 

Con insomnios de neuralgia 
Bosteza el reloj la una, 

Y el parque alemán de luna 
Sufre una blanca neuralgia 



[ 229 ] 



Ronca el pino su nostalgia 
Con latines de arcipreste, 

Y es el molino una agreste 
Libélula embalsamada, 

En un alfiler picada 
A la vitrina celeste 

Un leit-motiv de ultratumba 
Desarticula el pantano, 
Como un organillo insano 
De un carrousel de ultratumba 
El infinito derrumba 
Su interrogación huraña, 

Y se suicida, en la extraña 
Via láctea, el meteoro, 
Como un carbunclo de oro 
En una tela de araña 



V 

jOh, negra flor de Idealismo 1 
i Oh, hiena de diplomacia, 
Con bilis de aristocracia 

Y lepra azul de idealismo r 
Es un cáncer tu erotismo 
De absurdidad taciturna, 

Y florece en mi saturna 
Fiebre de virus madrastros, 
Como un cultivo de astros 
En la gangrena nocturna 

Te llevo en el corazón, 
Nimbada de mi sofisma. 



[230] 



Como un siniestro aneurisma 
Que rompe mi corazón 
jOh, Monstrua 1 Mi ulceración 
En tu lirismo retoña, 

Y tu idílica zampona 

No es mas que parasitaria 
Bordona patibularia 
De mi celeste carroña 1 

|0h, musical y suicida 
Tarántula abracadabra 
De mi fanfarria macabra 

Y de mi parche suicida' 
— Infame 1 En tu desabrida 
Rapacidad de perjura, 

Tu sugestión me sulfura 
Con el horrendo apetito 
Que aboca por el Delito 
La tenebrosa locura T 

Officmm tcncbrarum 

VI 

Tal como en una capilla 
Ardiente de hiperestesia, 
Entre grillos de anestesia, 
Tiembla la noche en capilla ♦ 
Un gato negro a la orilla 
Del cenador de bambú, 
Telegrafía una "cu" 
A Orion que le signa un guiño, 
Y al fin estrangula un niño 
Improntu hereje en "miau" 1 

La luna de plafón chino 
Prestidigita en su nesgo, 



[2311 



La testa truncada en sesgo, 
De algún Cuasimodo chino 
Sangra un puñal asesino 
En la encrucijada obtusa , 

Y cual Tornera Reclusa, 

Abre — entre sordos cuidados — 
Las puertas, con solapados 
Llaveros agrios, la Intrusa r 

Su hisopo sacramental 
Vierte en el lago amatista, 
El sauce, corao un Bautista 
En gesto sacramental. 
Diverge un fauno invernal 
El símbolo de sus cuernos, 

Y con sulfuros internos 
Riela el charco de disturbio, 
Como un tragaluz del turbio 
Sótano de los Avernos 1 

En el Coi o de la Noche 
Cárdena del otro mundo, 
Retumban su "De Profundo" 
Los monjes de media noche 
Desde el pulpito, un fantoche 
Cruje un responso malsano, 

Y se adelanta un Hermano, 

Y en cavernosas secuencias, 
Le rinde tres reverencias 
Con la cabeza en la mano 

Eriza la insidia sorda 
Del bituminoso piélago, 
Caronte, con el murciélago 
De su barca — vela sorda 
En las riberas aborda, 



[282] 



El desgreñado turbión, 

Y como la interjección 

De un rayo sobre la Nada, 
Se raja la carcajada 
Estridente de Plutón' . 

Numen 

VII 

Mefistofela divina, 
Miasma de fulguración, 
Aromática infección 
De una fístula divina . 
Fedra, Molocba, Cama, 
Como tu filtro me supo 1 
A ti — Santo Dios 1 — te cupo 
Ser astro de mi desdoro 
Yo te abomino y te adoro 

Y de rodillas te escupo 1 

Acude a mi desventura 

Con tu electrosis de té, 

En la luna de Astarté 

Que auspicia tu desventura • 

Vértigo de ensambladura 

Y amapola de Sadismo 
Yo sumaré a tu guarismo 
Unitario de Gusana, 

La equis de mi Nirvana 

Y el cero de mi ostracismo' 

Carie sórdida y uremia 
Felina de blando arrimo, 
Intoxícame en tu mimo 
Entre dulzuras de uremia... 



1 233 ] 



Blande tu invicta blasfemia 
Que es una garra pulida, 

Y sórbeme por la herida 
Sediciosa del pecado. 
Como un pulpo delicado, 
"Muerte a muerte y \ida a vida 1 ' 

Clávame en tus fulgurantes 

Y fieros ojos de elipsis, 

Y bruña el Apocalipsis 
Sus músicas fulgurantes 

Nunca T Jamas' Siempre' ) Antes 1 
Ven, antropófaga y diestra, 
Escorpiona v CIrvtemnestra 1 
Pasa sobre mis arrobos, 
Como un huracán de lobos 
En una noche siniestra } 

! Yo te excomulgo Ananké 1 
Tu sombra de Melisendra 
Irrita la escolopendra 
Sinuosa de mi ananké 
Eres hidra en Salomé, 
En Brenda panteón de bruma, 
Tempestad blanca en Satzuma, 
En Semiramis carcoma, 
Danza de \ientre en Sodoma 

Y paramo en Olaluma 1 

Por tu amable y circunspecta 
Perfidia y tu desparpajo, 
Hielo mi cuello en el tajo 
De tu traición circunspecta» » 



[234] 



Y juro, por la selecta 
Ciencia de tus artimañas, 
Que irá con risas hurañas 
Hacia tu esplín cuando muera, 
Mi galante calavera 
A morderte las entrañas 1 

1909 



it 



[235 ] 



LAS PASCUAS DEL TIEMPO 

EL HADA MANZANA 

BERCEUSE BLANCA 

De LOS MAITINES DE LA NOCHE 
(Sonetos) 



LAS PASCUAS DEL TIEMPO 



I — SU MAJESTAD EL TIEMPO 

El Viejo Patriarca, 

Que todo lo abarca, — ■ 

Se riza la barba de príncipe asmo, 

Su nivea cabeza paTece un gran lino, 

Parece un gran lino la nrvea cabeza del viejo Patriarca 

Su pálida frente es un mapa confuso 
La abultan montañas de hueso, 
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso 
De todos los siglos del tiempo difuso 

Su frente de viejo ermitaño 
Parece el desierto de todo lo antaño 
En ella han carpido la hora y el año, 
Lo siempre empezado, lo siempre concluso, 
Lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño, 
hoi extraño y lo iluso 

Su pálida frente es un mapa confuso 

La cruzan arrugas, eternas arrugas, 

Que son cual los nos del vago país de lo abstniso 

Cuyas olas, los años, set escapan en rápidas fugas 



[289 ] 



Oh, las viejas, eternas arrugas' 

Oh, lo» surcos obscuros 1 

Pensamientos en formas de oTUgas 

De donde saldrán los magníficos siglos futuros' 

II — FIESTA POPULAR DE ULTRATUMBA 

Un gran salón Un trono Cortinas Graderías 
(Adonis ríe con Eros de algo que ha visto en Aspasia) , 
Las lunas de* los espejos muestran sus pálidos días, 

Y hay en el techo y la alfombra mil panoramas de Asia 

Las lámparas se consumen en amarillas lujurias, 

Y las estufas se encienden en pubertades de fuego, 
(Entran Sátiros, Gorrona*, Ménades, Ninfas y Furias, 
Mientras recita unos versos el viejo patriarca griego) 

Unos pajes a la puerta visten dorado uniforme, 
Cruzan la saín doncellas ornadas con velo** blancos 
( Anuncian están Goliat v una señora biforme 
Que tiene la mitad pez. Barba Azul y sus dos zancos) 

Un buen Término se ríe de un efebo que se baña 
Todos tiemblan de repente t Entra el Hercules nervudo) 
Grita Petronio Salerno* grita Luis Once Champaña 1 
Grita un pierrot Menelao con un cuerno y un escudo 1 

Todo* ríen sólo guardan seriedad Juno y Mahoma, 
El gran César y Pompeyo, Belisano y otros nobles 
Que no fueron muy felices en el amor — Se oyen dobles 
Funerarios es la Parca que se asoma 

Todos tiemblan, los más viejos rezan se esconden 

[murmuran 

Safo le be&a la mano Se oye de pronto un gran ruido, 



[240 ] 



Es Venus que llega todos se desvisten, tiemblan, juran, 
Se arrojan al suelo > sólo se oye un inmenso rugido 
De fiera hambrienta los hombres se abalanzan a la diosa 
(Ya no hay nadie que este en calma, todos perdieron el 

[juicio) 

Todos la besan, la muerden, con una furia espantosa 

Y Adonis, llora de rabia En medio de ese desquicio 

El Papa Borgia es*á orando (mientras pellizca a una niña), 
Tan sólo un bardo protesta Lamartine* con voz airada, 
Para restaurar el orden se llamó a Marat La riña 
Duró un minuto y la escena vino a terminar en nada 

Con el ala en un talón entra Mercurio profundo 
Silencio halló el mensajero El gran Voltaire guiñó un ojo 
Como queriendo decir cuánto pedante en el mundo 
Que piensa con los talones * Juan lo miró de reojo, 

Y un periodista que había se puso seno y muy rojo 

Entra Aladino y su lámpara Entran Cleopatra y Filipo 
Entra la Rema de Saba Entran Salomón v Creso 
(Con las pupilas saltadas se abalanzó un burgués rico, 
Un banquero perdió el habla y otro se puso muv tieso) 

"Mademoiselle Pompadour", anuncia un paje Mil notas 
Vibran de pronto, los* hombres aparecen con peluca, 
(Un calvo aplaude, y de gozo brinca una vieja caduca) , 
Comienza el baile pavanas, rondas, minués y gavotas 

Bailan Nemrod y Sansón, Anteo, Quirón y Eunto, 
Bailan Julieta, Eloísa, Santa Teresa y Eulalia, 

Y los centauros Caumantes Gnneo, Medón y Clito 
(Hércules no, le ha prohibido bailar la celosa Onfalia) 



[241] 



Entra Baco, de repente; todos gntan Vmo 1 Vino 1 
(Borgoña, Italia y Oporto, Jerez, Chipre, Cognac, Caña, 
Ginebra y hasta Aguardiente), viva el pámpano divino, 
Vivan Noé y Edgard Poe, Bvron, Verlame y el Champaña 1 

Esto dicho, ge abalanzan a un tonel Un fraile obeso 
Cayó, debido, sm duda, (mas que al vino) al propio peso 
Como sintieron calor Apulevo y Anacreon'e 
Se bañaron en un cubo Entra de! pronto Caronte 

i Todos corren a ocultarse) No faltó algún moralista 
Español (ya se supone) que los tratara de beodos, 
El escándalo tomaba una proporción no vista, 
Hasta que llegó Saturno y gritando de mil modo* 
Dijo que de buenas ganas iba a comerlos a todos 

Hubo varios incidentes ¿ Entra Atda y ge hunde el piso 
Eolo apaga unas bujías Habla Dantón sa ove un trueno 
En el vaso en que Galeno 

Y Esculapio se sirvieron, ninguno servirse quiso 

Un estoico de veinte años atacado por el asma, 
Se hallaba lejos de todos "Denle pronta} este jarabe" 
Dijo Hipócrates, muy seno B\ron murmuró, muy grave 
"Aphcadle una mujer en forma de cataplasma" 

Una risa estrepitosa/ sonó en la¡ sala De rojo 
Vestido un dandy gallardo, dióle la mano al poeta 
Que tal ocurrencia tuvo (El gran Byron que era cojo, 
Tanto como* presumido, no abandonó su banqueta, 

Y tuvo para Mefisto la inclinación más discreta) 

En esto hubo discusiones sobre cuál de los suicidas 
Era mas digno de gloria Dijo Julieta yo he sido 
Una reina del Amor hubiera dado mil vidas 
Por juntarme a mi Romeo Dijo Werther yo he cumplido 



C242 ] 



Con un impulso sublime de personal arrogancia 
Hablaron Safo y Petromo, y hasta Judas el ahorcado, 
Por fin habló el cocinero del famoso Rey de Francia, 
El, bravo Vatel yo, dijo, con valor me he suicidado 
Por cosas mas importantes, por no encontrar un pescado 1 

Todos soltaron la nsp (Grita un paje está Morfeo) 
Todos callan, de repente todos se quedan dormidos 
Se oven profundos ronquidos 
(Entra en cuclillas un loco que se llama Devaneo) 

III — LLEGADA DE LOS MESES Y DE LAS 
HORAS 

(Terpsicore puede mas que Morfeo ) 

Saludando cortesmente a la buena Mamá Juno 
(Son las XII de la noche, del mes doce a 31) 
Entran Junio, Julio, Agosto, Setiembre, Octubre y 

[Noviembre 

Enero, Marzo \ Abril, Ma\o, Febrero > Diciembre 

Sigúelos el Viejo Tiempo, con traje de soberano, 
(El Patriarca de los Siglos a quien ninguno conoce) 

Y tomadas de la mano, 

Formando rueda v bailando la \ieja danza del brinco* 
La seis, la ocho, la nueve, la diez, la once, la doce, 
La una, la dos, la cuatro, la tres, la siete y la cinco 

(Anuncian está Terpsicorel Todos despiertan y ríen, 
El gran salón se ilumina con mil resplandores blancos, 
Barba Azul corre en sus zancos, 
Raras macabras armónicas los instrumentos deslíen, 

Y sin que haya espiritistas saltan laa mesas y bancos, 
Byron, Tirteo y Quevedo se oKidan de que «on cojos, 



[243 ] 



Rabelais y el gran Leopardi no saben ya sus defectos, 
Homero y Milton se muestran, ambos, con grandes anteojos, 
Los cuerdos se \uelven locos y arlequines los provectos 
(Por bailar a misia Parca también se le van los ojos) 

IV — RECEPCION INSTRUMENTAL DEL 
GRAN POLIGLOTO ORFEO 

(Cuentos de Armonía) 

Entra el viejo Orfeo Mil notas auroran 
El aire de ruidos, mil notas confusas 
Suspiran las Musas, las Sirenas lloran, 
Las Sirenas lloran suspiran las Musas 

Misteriosas flautas, que modulan gritos 
De bacantes ebrias de hetairas locas 
Cantan las canciones de los tristes mitos 
De los besos muertos en las regias bocas 

Finas violas trinan los rondeles breves 
Que en la danza íegia dicen los encajes, 
Las suaves y amables carcajadas leves 
De las suaves sedas de los leves trajes 

Sistros marfilados hablan de las lidias 
De los viejos reyes, de su real decoro, 
De Judith y Esther cuentan las perfidias, 
Los asesinatos de au¿ besos de oro 

Címbalos de plata cuentan las historias 
De remas de Saba, de sangrientas misas, 
Y cascabelean las divinas glorias 
De los viejos bardos y las pitonisas. 



t244] 



Suaves mandolinas desabrochan llantos 
De Mignones ebrias y Lilis divinas, 

Y hacen las historias de -crueles encantos 

Y dulces venenos, de las Florentinas 

Cuernos y zamponas, cobres y trompetas, 
(Que tienen el triunío dorado del Sol), 
Aullan y ladran y rujen } gritan, 
Los himnos mas rojos en tono si bemol 
Hablando de guerras, de sangre, de atletas, 
De incendios, de muertes y cosas que excitan 

Organos tronantes murmuran canciones, 
De mística, vaga, celeste armonía, 
Que hacen de las barbas de Jebová vellones 
Para ornar la mesa de la eucaristía 

Discretos viohnes hacen historietas 
De pies diminutos, escotes > talles, 
De anillos traidores, de las Antometas, 
De los galanteos del regio Versalles 

Narran mil alegros, de collares ricos, 
De aleves conquistas, de alcobas doradas, 
Las conspiraciones de los abanicos 

Y las aventuras de las estocadas 

Timbales y oboes, panderos y gaitas 
Son gitanas tristes, ebrias bayaderas 
Que dan el almíbar de la chingaitas, 
Sangre de cicutas, celos de panteras, — 

Que sugieren dramas de placer y llanto, 
Risas y suspiros de Selikas locas, 
Sollozos de Aída, ramos de amaranto, 
Orgías de vasos, puñales y bocas 



[ 245 ] 



Graves clavicordios, tristes violoncelos, 
Susurran amores de duques suicidas, 

Y hablan en la lengua de los terciopelos. 
Del vino que usaban las reinas queridas 

Guitarras sensibles, en raudos alegros, 
Hablan de toreros, chulos y manólas, 
Fingen las tormentas d& los ojos negros, 

Y hablan de los celos de las remas Lolas 

Ríen con la risa del castañeteo, 
Vuelan con el vuelo de la seguidilla, 

Y hablan del hechizo que en el culebreo 
Ponen las sultanas de la manzanilla 

Sugieren de pronto caderas ariscas 
Gestos que pro\ocan, \ ligas que atan, 
Toros de lujurias, besos de odaliscas, 
Canelas, mantillas y piernas que matan' 

Y — LA GRAN SOIREE DE LA ELEGANCIA — 

LA DANZA DE LOS MESES Y DE LAS 
HORAS — GALANTERIAS ETERNAS 

Decoración La bala semeja una floresta, 
Unos faunos sensuales persiguen a un dríada, 
Cantos de aves sinfónicas hacen vibrar la orquesta 
(Pajes, Arqueros, Duendes y gente uniformada) 

Los Dioses del Olimpo todos se haUan presentes 
(Emblemas, jeroglíficos, tou>on, panoplias, cuernos) 
Inmensa muchedumbre de silenciosas gentes, 
Santos del Paraíso, reyes de los Infiernos 



[ 246 ] 



El Viejo Tiempo se halla sentado en un gran soUo 
(Heraldos y sirenas, dragones, sagJanos), 
A un lado el Laberinto y al otro el Capitolio. 
La Parca está rezando sus credos funerarios 

Acteón contempla a Diana Pan toca su bocina 
Un centauro y un sátiro se cuentan sus lujurias 
Hidras , peces bi formes Plutón y Proserpma 
Tritones y Oceánidas y Náyades y Furias 

Lohengnn y el Cisne Cadmo> transformando una. piedra 
(Pontífices, Mikados, Sultanes, Caballeros) , 
Margarita en su rueca Minos hiriendo a Fedra 
(Damas de corte, brujas, nobles y mosqueteros) 

Cristo y Mahoma charlan de asuntos de la tierra, 
(Se alzan el Vaticano, la AUtambra, Meka y Roma) , 
Millones de esqueletos surgen en son de guerra, 
Etcétera Posdata la Esfinge se desploma 

Aramia el noble, gentil bastonero 

Le pide su cetro magnífico a Uhse3, — 

(Adornan la sala lujosas cariátides, 

Regios artesanos y un áureo florero 

En el que hay hortensias, anémonas, Uses, 

Adelf ds, orquídeas, lotos y clemátides) , — 

Y ordena la danza Las Hadas del Día, 
Que son doce, se ponen en rueda 
(Hay espejos, luces, cuadros, pedrería, 
Cibelots, Cupidos, oro, mármol, seda ) 

Un reloj semeja la alfombra bordada, 
{Ornan los tapices regias hipsipilas, 
La Venus de Ictimus se muestra enflorada, 
Lucen crisantemas, nelumbos y lilas) 



[247 ] 



Mil aves exóticas Exóticos frescos 
Muestran con sus barbas a los Viejos Siglos 
(Hay fou-kousas, pieles, jaspes, arabescos, 
Biscuits, kakemonos, dioses y vestiglos)* 

Aramis sonríe con una señora 
De ciertos remilgos de unas soberanas 
(Hay cenefas, biombos, telas de Bassora 
Consolas, estatuas, joyas, porcelanas) 

Las arañas forman chispeantes burbujas, 
Burbujas inquietas de vinos dorados 
(Hay regios encajes de Chantilly y Brujas 
Panaux deslumbrantes } flordehsadosj 

Las damas ostentan aigretts elegantes, 
De plumas que fingen rizos de flambeau, 
\ regios joyeles y pohos brillantes 
Que ostentan las reinas de un bello Wateau 

Hechiza en las faldas la seda argentada, 

Y nieva la red de las finas puntillas 
(Las caladas medias ide seda rosada 
Brillan de celosas en las pantornllas) 

Un bouquet de estrellas sus fulgores quiebra 
Ln el encendido sol de los aceros, 
Vahers recamados de ojos de culebra 
Ornan la elegancia de los caballeros 

Irisados peces, raros colorines, 
Fingen las soberbias condecoraciones, 

Y gardenias blancas son los brodequines, 

Y serpientes de oro son los cmturones 



[248 ] 



Un obispo cuenta las cuentas de espuma 
Que hay en una copa de fina Bohemia 
(Hay lacas, mosaicos, jarras de Satsuma, 
Divanes de Persia, sillas de Academia) 

Las Horas ostentan primorosos trajes, 
Grandes abanicos, mágicas pelucas 
(Hay platos chinescos, cisnes y paisajes, 
Gente armada, pajes y doncellas cucas) 

(Se oyen pasos ) Entran con largos turbantes, 
Emires, profetas y viejos califas 
(Los pajes alcanzan sorbetes, picantes, 
Café, arroz, tabaco, pipas y alcatifas ) 

VI — EL CANTO DE LAS HORAS 

Aramia ordena que los doce Meses 
Formen en la rueda con las doce Horas 
Las Horas sonríen, los doce Condeses 
Hacen reverencias para las señoras 

(Beaumarchais se acerca La Valliére saluda, 
La Chévreuse camina, Maintenon se sienta, 
Sévigne pasea su espalda desnuda, 
Mientras Guiche sonriendo su pasión le cuenta) 

Luis, Rey de primores, ert un grupo alterna, 
Dando a sus palabras caprichosos giros, 
(Las enamoradas de su linda pierna 
Le brindan miradas, risas y suspiros) 

Comienza la danza Sus divinos \uelos 
Emprenden las Horas un ins de seda 
Se cierne en la nube de los terciopelos, 
Y en mágica urdimbre de flores se enreda 



[249] 



Avispas de raros metales parecen, 
Que cercan zumbando divinos panales, 
Y raudas estrellas que saltan y crecen, 
Siguiendo los ritmos de mil madrigales 

Prosigue la danza Su baile ligero 
Emprenden los Meses una cabalgata 
De arqueros celestes cruza el abejero 
De tacos bordados y hebillas de plata 

Parecen falenas de volar extraño, 
Bellos sagitarios de la diosa Iris, 
Los doce Condeses del Reino del Año 
Que rigen las riendas del potro de Osiris 

El l iejO Patriarca que todo lo abarca, 
Se riza la barba de príncipe asmo, 
Su nivea cabeza parece un gran lino, 
Su nivea cabeza de viejo Patriarca 

Aramia ordena que las danzarinas 
Cuenten sus historias La orquesta acompaña 
(El Rey Luis escucha, tras una cortina, 
El rondó de espuma del vino champaña) 

La menor, la Una, canta la primera 
"Yo he nacido en Grecia, y he nacido en Nubia 
"Yo soy negra y blanca, tríate o hechicera, 
"Mi cabeza es negra, mi cabez^ es rubia 

"Loí insomnios tristes son de mis imperios, 
"Y mis ojos queman con mirar profundo 
"Soy la negra bruja de los cementerios, 
"La querida ardiente que ilumina al Mundo 



[ 250 ] 



"Soy la Una, una nocturnal sombría 
"Hija de la noche, maga de la Luna, 
"Soy la Una, una lámpara del Día, 
"Soy la negra Una, soy la blanca Una " 

La Dos "Soy la heimana de la buena hermana 
"Que contó su historia, y una es nuestra vida, 
"El sultán del Día me nombró sultana, 
"El cafre nocturno me hi/o su querida" 

La Tres "Soy el hada que sus oros labra 
"En, la adamantina villa de los astros, 
"Y que adora al negro, raro, abracadabra 
"Que por donde pasa deja negros rastros'' 

La Cuatro "Yo brillo cuando en los Estíos 
"El Sol llega a Pisus y en Piscis se escuda, 
"Yo beso y despierto los tiernos rocíos, 
"Yo brillo en Enero cuando el Sol madruga" 

La Cinco "Yo luzco toda engalanada, 
"Al pie de Castillo de prismas aéreos, 
"Yo aclaro, \o azulo la inmensa mirada 
"De los Capricornios y Acuarios etéreos*' 

La Seis "bo> el cisne del parque de Urano 
"Yo las Primaveras del azul enfloro, - 
"Yo pinto la mitra del Mago Verano, 
"Yo escribo en el cielo madrigales de uro 5 ' 

La Siete "Yo ostento rodela y tiaras 
"De revés del regio país Fantasía 
"Yo enseño brocados y túnicas raras, 
"Yo soy la mimosa del Reino del Día" 

[251] 



19 



La Ocho estrello con blanca* avispa», 
4 'De la bruja noche la obscura caserna, 
1 Yo soplo en la fragua de Dios v mil chispas 
"Bailan ea el cielo la gavota eterna" 

La Nueve, la Diez y la Once (coro) 
'Nosotras amamos la sombia y la, lumbre, 
"Reinas de azabache, codiciamos oro 
"Somos alegrías, somos pesadumbre" 

Canta al fin la Doce "Mi pupila ardiente 
"Mira siempre fijo, mi pupila abrasa 
"Sov la más amante, soy la mas vehemente, 
"So\ la que atraviesa, sov la que traspasa, 

"So> la silenciaria, la de negras alas. 
"La trasnochadora que las almas roe, 
"La que liene el brillo de las luces malas 
"En que se inspiraron Baudelaire v Poe 

"El gato que vela y el ave nocturna 
k Tienen mis siniestras t agas armonías 
"So> la que no dueime, soy la taciturna, 
"Y en mis ojos brillan las alevosías 

"Soy la que levanta las heladas losas, 
"La de los puñales la de los secretos, 
"La de las macabras dentro de las fosas, 
"La que cena v baila con los esqueletos 

"Richepin y Huysmans* los ebrios drvinos, 
"Me eligieron Diosa de sus borracheras 
"Maeterhnck y Wilde y otros peregrinos, 
"Me llamaron Reina de sus calaveras 



[252] 



"Soy la Doce blanca, so> la Doce negia, 
"So\ tristeza y sombra, resplandor ) goce 
"La que todo abate, la que todo alegra 
"Soy la blanca Doce, sov la negra Doce" 

Un coro de aplausos atruena el espacio 
( Richeheu sonriendo se acerca a una dama) 
Pajes con bandejas llínan el palacio 
(Moliere por un beso vende un epigrama') 

Resuenan los coros 

Amemos al l wjo Paltiarta 
qu¿ todo lo abarca 

Su frente de viejo ermitaño 
Parece el desierto de todo lo antaño, 
En ella han carpido la hora y el año 7 
Lo siempre empezado, lo siempre concluso, 
Lo vego, lo ignoto, lo ituw, lo extraño, 
Lo extraño, lo iluso 

VII — EL CANTO DE LOS MESES 

Aramis ordena que los danzarines 
Cuenten sus historias Comienza el andante 
Gimen los oboes, lloran los violines 
(Rabelais se ne de un cuento picante) 

(Cien pajes anuncian "Monsieur Sagitario, 
Madame Virgo, Taurus con un unicornio 
Géminis y Cáncer, Piscis, Leo, Acuario, 
Escorpión y Aries, Libra y Capricornio) 

Un pueblo de e&trellas sus brillos expande, 
La orquesta derrama torrentes de notas 



[ 253 ] 



(Entian Cuabimodo Fedenco el Glande, 

Y el Rey Pulgarcillo con sus grandes botas) 

Canta el Re^ Enero de circuncisiones, 
De pascuas alegres, de reyes, de heraldos 
(Llueve blancos lirios, felicitaciones, 
Confites, muñecos, íamos ) aguinaldos) 

Lihput en>ja castaños de nie\e, 
Gulhvcr regala cartuchos de enanos, 
El gorro de Enero golosinas llueve 
i Se be«an las bocas, se juntan la& mano») 

Febrero el alegre canta y payasea 
Canciones borrachas ebrias cavatina* 
íAileqmn solloza, Clown carnavalea» 
Mil pmiüts se abrazan con sus colombinas} 

Entra el Re> de Kioto con un frac de adúcar, 
13 ico está dormido y un bufón lo roba, 
Cenicienta, muerde sus botas de azúcar, 
íNapoltón es Jockey de un palo de escoba) 

Y anuncian Tom Pouce Montados en cebras 
Futran saludando Narciso y Pepino 

í Llueve cascabeles, diablos y culebras. 
Botellas, harinas v affiches de vino) 

Maizo, Rey de Ayuno, canta la plegaria 
De todas las témporas, hambrea y abstinencias 
(Sp ven una ermita triste y solitaria, 
Fra} en la garita de las penitencias) 

Lntra el Rev Otoño, de gris adornado, 
Muy pálido y tuste (Llueve agua bendita) 
El Otoño quiere llorar un pecado, 

Y habla con el fraile que esta en la garita 



[254] 



ík Cortaos el verde cabello" — le dice — 
El fraile al oído fingiendo congojas 
(Mueren Juha, Elena, Flora, Cleo, y Bice 
Los árboles llueven su lluvia de hojas I 

Los arboles lloran su calvicie blanca 
El Otoño llora, (Llueve agua bendita) 
El Coiffeur aéreo las hojas arranca 
(Llora la campana de la triste ermita) 

Abnl el sagrado Rev de los ob\os 
Canta ti Evangelio de las buenas alma^ 
i Lucen en el ara los corderos vrvos 
Se agitan pañuelos, túnicas y palmas) 

Abril, el sagrado Rey de los Calvario*, 
Canta de suplicios y llagas divinas, 
(Los frailes resongan Paires y rocanos, 

Y Hueve vinagre, sudores > espinas) 

Abnl el sagrado Re> de los> rituales 
Entona maitines de notas opacas, 
(De pronto anochecen los claros vidríales 
Se apagan los linos, ladran las matracas) 

El Rev Abnl canta de Resurrecciones, 
De la alegic danza de los incensarios, 
(Las misas cantadas gntan sus canciones, 

Y laten los pechos de los campanarios! 

El Rey Abnl canta su alegría suma, 
Llamando d los fieles para sus convites 
(Las campanas bailan, el incienso fuma, 
Llueve cera cohetea flores y confites! 



Ma>o, el caminante de la buena ruta, 
Canta los rastrillos, la sierra y el zoclo 
(San José fabrica trenzas de virutas, 
San Isidro peina sus barbas de choclo) 

Junio, el Re> de estufas canta los rondeles 
Que hacen cuando bailan los raudos patines, 
! Entra el rey Invierno, vestido de pieles, 
Con blancor paraguas y blancos botines) 

Junio, el Rev mas blanco de los doce Meses, 
Canta el aleluya de los revés místicos 
(Llueven lenguas rojas los Pentecoste&es 
Corpus Chri&ti llueve panes eucansticos) 

Junio, el Rey más blanco, blanco néctar bebe, 
Bebe blanca nieve, nieva blanca harina, 
Toma blancas hostias, llueve leve nieve, 
Cania la nevada de la fe divina 

El monarca Julio canta las concordias 
De las caridades y visitaciones 
{San Vicente llora sus misericordias, 

Y la Virgen llora sus revelaciones) 

Agosto, el furioso Rey de turbulencias, 
Canta la sonata de los huracanes 
(Los angeles juegan a las indulgencias 
Santa Rosa llora llanto de volcanes) 

El joven Setiembre, trina las canciones 
Que hablan de bohemias flores y zagalas, 
Que hablan de los bailes de los corazones, 

Y los cuchicheos de las colegialas 



[256 ] 



Setiembre, el mimado de las reinae rotas, 
Echa en su casaca mágicos olores 
(Llora el Arco Iris, flores, mariposas, 
Ríe Primavera, ríen los amores) 

Ríen los amores, ríe Primavera, 
<TJue\en mariposas, flores peregrinas). 
Los amores nen en su real hteia 
Llevada por hadas y por golondrinas 

Octubre, el Rey dandy canta de las blondas 
Que en el aire dejan dulce de fragancia, 
Del beso que ritman las formas redondas 
Que atesoran opios y magias de Francia 

Noviembre se signa y hace funerales, 
Y responsos mudos, de mudos místenos 
Noviembre es el mudo de los carnavales, 
De los carnavales de los cementerios 

Noviembre el Rey Negro del ceño fruncido, 
Canta los lamentos de una viuda "alouette'% 
A todos los santos les hace un cumplido, 
Cuando no lo espía Madame Squelette 

Noviembre a quien aman las negras Gorgonas, 
Es Rey de apreses y de golondrinas 
(Las bellas floristas le labran coronas» 
Los sepultureros le piden propinas) 

Diciembre el Rey Fauno, canta barcarolas 
Que elogian los raptos de blancas primicias, 
Que hacen en la playa las lúbricas olas 
Babeadas de besoa y suaves canciai 



[ 257 ] 



Diciembre el ardiente canta el ritornelo 
De blancas kermesses y fiestas del río, 
(Llueve brin zaraza sudores y hielo 
Vestido de rojo penetra el Lstio) 

Diciembre el ardiente sus pasiones narra, 

Y habla de indiscretos, suaves esperezos 
(Pulsa su bordona la inquieta cigarra, 

Y el grillo armoniza collares de rezos) 

Diciembre, el alegre Rev de Nacimientos, 

Habla de pesebres, hueves \ cavados 

(Los abuelos cuentan sus más lindos cuentos, 

Y llueve pan dulce, castañas y helados) 

Alegres saludos y aplausos corteses 
Vibran en los aires (Una bella hazaña 
Cuenta un duque Ríen amables-, los Meses 
Haciéndole gracias al noble Champaña) 

Resuenan los Coros 

Amemos al viejo Patriarca 
Que todo lo abarca 

Su pálida frente es un mapa confuso , 
La abultan montañas de hueso 
Que forman lo raro, lo inmenso, lo espeso, 
De todos los siglos del tiempo difuso 

VIII — TERMINACION DE LA FIESTA — DES- 
PEDIDAS Y QUEJAS — LLUEVE — DES- 
FILE DE LA CONCURRENCIA 

Suenan galanteos y besos y adioses, 
Se marchan los Papas de ceño fruncido 
La» Brujas, los Duendes de acento fingido 



Se marchan loa Reyes, ae marchan los Dioses, 

Y todos se marchan va todos se han ido 1 

Pasaron volando las cuatro Estaciones, 
Los helios Ocasos, las bellas Aurora 4 *, 
Endriagos, Quimeras, Esfinges Dragones, 
Hidras > Centauros v Furias traidoras 

Y Gnomos y Faunos y Meses y Horas 

Se apagan las luces El \iejo Castillo 
Se esfuma, se borra, cuatro campanadas 
Da el Reloj (Sus hotas perdió Pulgar cilio 

Y una bruja loca lo lle\a a la grupa) 
Negras Amazonas pasan a horcajadas 
En palos de escoba, > el negio corrillo 
De sombras eternas zumbando se agrupa i 

Zumbando se agrupa ! 

(Llueve) Los ciclones tocan en sus flautas 

Su inmenso silbido 
Los viejos ciclones tocan en sus flautas 
Las sirenas lloran las Ninfas se quejan, 
(El viejo Patriarca se queda dormido ) 

Pasan Unicornios, Monstruos v Argonautas 
Ya todos se han ido, ya todos se alejan 
Ya todos se alejan, >a todos se han ido 
Se quejan 
Se alejan 

Se han ido 1 

EPILOGO 

Fuera el trueno juega y corre con su inmenso monolito 
El huracán monstruo asmático lanza pavorosa tos, 
Los relámpagos alumbran atraviesan lo infinito, 
Como el fósforo encendido del gran cerebro de Dns ! 

Sol mí Sagitario M C M 

[ 259 1 



EL HADA MANZANA 

(E¿ de noche Su terde locado de hiedra 
Ostenta el Castillo Como alma de plata, 
Parece que piensa la triste laguna 
Haciendo una rígida mueca de piedra 
Se asoma la luna ) 

I 

Aparece un espectro 

Yo he sido 
La sexual unidad 1 y 2, 
El sabroso misterio de arcilla, 
La palabra de carne 
Modelada en la pluma de Dios r 

Eva soy, la sagrada costilla, 

La hostia de barro y el bloque de huc«?o 

Comertido en estatua de Amor, 

En la fiesta de un beso, 

De un beso paterno del Rey Hacedor T 

Nací una mañana Su mágico efluvio 
Vertía la joven locuaz Primavera 
Festejando mi casto connubio, 
El sol derramaba en la alegre pradera, 
bu fulgido y calado champaña rubio 



[260 ] 



Timbal amoroso en la fiesta divina, 
Sonó de placer mi floral corazón, 
Al ver a mi lado 

La forma de un sueño, de un sueño encarnado, 
Un hombre perfecto y un Dios en botón T 

Volaron las aves cual almas de florea, 

Y serpentinearon los magas Auroras, 
Llegaron riendo los ebrios Amores, 
Bailaron su fu?a las Horas 

Temblaron del Cosmua los ígneos andamios, 

Y en sus húmedas lenguas sonora*, 
Cantaron los nos sus Epitalamios 

Adán me adoraba Mi cuerpo de casta hermosura, 
Formaba su artístico y único numen, 

Y el todo-resumen 
De todo lo blanco de toda blancura 

Sus labios, cual puertas del rojo país del Rubí, 
Sabían a jugos de rosa, basándome a mi, 
Los míos rimaban cual \ersos de casto arrebol 
El, Mago, leía en mi frente, de hinojos, 
Yo, Diosa, miraba a tra\és> de sus ojos 
La Ciudad de diamantes del Sol 1 

No sabiendo de impúdicos lazos, 
Vivía desnuda y amaba dormida, 

Sin saber que los brazos 
Representan las dos unidades de carne 
Que forman el Todo, que forman la Vida 

No habiendo comido del fruto fatal de los sabios, 
Del fruto que trajo la lepra del Mundo, 
De dulces misterios > tristes verdades, 
Yo besaba a nu Adán en I09 labios, 



[261] 



Sin foñar en el beio fecundo 

Que forma la cifra de tres umd ade* 

II 

Una noche Ves'ia la Luna 
Su pálida veste, 
Pensativo mirábase el cielo 
Con su regia y eterna pupila celeste, 

Los sauces mostraban su manto al desgaire, 
No había en la Tierra ni sombra de bruma 
Al compás de las violas del aire 
Bailaban las ondas 
Su loca y ligera gavota de espuma 

Charlaban de amores en lengua aromática, 
Dos nomos jazmines con \oz doctoral, 
Bajo la pompa, de princesa asiática. 
De un pavo real 

Luciérnagas de oro llegando en sus arcas? 
Tesoros qut? hoy sólo se dan en Ormu/, 
Temblando escribían, paia las estrellas, 
En hojas de rosas, mensajes de lu/ 

Orquestas de alondras v de rui-eñores, 

Daban a los aires bellas barcarolas 

Y a un \erde balcón de follaje, acornadas 

Por vez primera, dos amapolas 

Se miraban mudas \ ruborizad 11 

Un dulce gi añado mostraba sus frutoi 
De donde salían rojos aneurismas, 
Mientras enseñaban, doctas mariposas, 
A un enjambre de orquídeas \ rosas 
Su regio imado alfabeto de pnsmai 



[ 262 1 



III 



De pronto scntime agitada 
Crujieron mis huesos, mis carnes temblaron, 
Fue noche en mis ojos, ñus íuerzas f laquearon* 
tn Hada 

Graciosa \ pirtida como un embeleso 
El Hada Manzana, acercóle a mi boca 

Y la dio un aromático beso 

Sentime turbada 
La nue\a \isita eia }o\eu y hermosa 
Su cuerpo era cuno su caía fogosa, 
Tenia la& lineas que el Padre de Grecia 

Hubo más tarde prescripto 
Sobre el mórbido mármol de Vuiua la Diosa, 

Y las reinas durezas del bada de Egipto 

No pude oponer resistencia a los besos 

Del Hada Manzana, 
Quien di] orne, toda teñida de grana 

"Amiga del alma T mi hermano, el Pecado, 
"Que tiene la forma que admiran tus ojos, 
£í La misma ternura, los frescos y rojo3 
"Matices sangrientos que te han agradado, 
"Concedióme esta noche permiso 

"Para visitarte 
"Y heme en los dominios de este Paiaíso" 

Dijo, prosiguiendo la Reina Manzana 
"Como eres cumplida, te espero mañana, 

"Quiero presentarte, 
"En mi hermoso rastillo encantado, 
"A mi hermano querido el Pecado' 1 



N61] 



IV 



Desperté del sueno Fuíme al otro día, 
Y arrójeme a los pies del Pecado 
Gallardo mancebo neo y ataviado 
Declaróme su amor, \o sentía 
A cada palabra* mi espíritu arder 
Crujieron mis huesos, mis carnes temblaron, 
Fue noche en mis ojos, mis fuerzan f laquearon 
Y a sus besos sentíme Mujer 1 



V 



Es de noche Su verde tocado de hiedra 
Ostenta el Castillo Como alma de plata, 
Parece que piensa la triste laguna 
Haciendo una rígida mueca de piedia 
Se esconde la Luna 



1900 



[ 264] 



BERCEUSE BLANCA 



A u Julieta» a ti 

I 

Adorad a la Virgen en su amable santuario, 
Junto al lecho en que velan devociones dzules 
Una forma imprecisa bate el sordo incensario, 

Y es el humo de encajes, la cortina > los tules 

Como va y viene el rítmico plenamar de su s<no f 
Es la luna que ondea en un lago que expira 
Loreley tañe el alma y la Muerte conspna 
En el circulo de ópalo de ese abismo sereno* 

II 

Silencio, oh, Luz, silencio 1 Pliega tu faz, mi Lino 1 
No has menester de Venus, filtros para vencerme 
Mi pensamiento vela como un dragón asmo 
Duerme, no temas nada Duerme, mi ^ída, duerme T , 

Duerme, que cuando duermas sin fin, bajo la fosa, 
Mi alma irá en los beatos crepúsculos a verte, 

Y con sus dedos frágiles de marfil y de rosa 
Desflorará tus ojos sonambulos de muerte 1 



[ 265 ] 



III 



Su mano blasonada de esmalte y de jacinto, 
Su ilusa mano de agua sedante que apacigua 
Como un Leteo, mano mueiLa que sueña un plinto, 
Mano de santa y mano de una deidad ambigua 

Sus manos en un ge*to gótico de cansancio, 
Duermen no sé que sueño de candores ilesos, 

Y como en las suntuosas \itrmas de Bizancio, 
Desgranan distraídas un i osario de besos 

IV 

Silencio, oh, Luz, silencio 1 Duerme, mi vida, duerme 1 
No has menester que "Venus sus legiones embosque 
Duerme, no temas nada líeme a tus pie& inerme, 
Pálido como un pobre niño a mitad de un bosque r 

V 

Alguien riza las alas Alguien vuelca los ojos 
Su mirada es de Juna y de &ol es» su \este 
Miradla es la drvma Poesía celeste, 
Con los brazos en cruz ) plegada de hinojos 

Dueime, que nuentias duermes, mi alma en incandescente 
F&cala de Jacob, hacia los a&tros sube 

Y que tu rizo negro sea la sola nube 

Que lurbe el ilusorio menguante de tu frente 

VI 

iintie 11 reales tules, gaseosamente anida, 
El lecho, un espejismo de Prima\era inerte, 

Y es como una magnolia narcótica de vida, 

Que se abxe bajo un blanco crepúsculo de muerte 



[206] 



— En el tapiz de Oriente, a la sombra de un dátil, 
Una pastora sueña con el alna inclinada, 
Sin mirar que a su vera, desde amable emboscada, 
Le insinúa una flecha el Arquero versátil 

Y suspira su canto "Ven y rige la sonda 

En el mar de mis penas, pon tu beso en mi herida, 
Húndeme tus desdenes, y mi muerte tan tonda, 
Te dirá, sin decírtelo, hasta dónde eres vida* " — 

Reposa, oh, Luz, reposa T Pliega tu faz, mi Lino' 
No has menester de Venus, filtros para vencerme 
Mi amor vela a tu lado, como un dragón asmo 
Duerme, no temas nada 1 Duerme, mi Alda, duerme 

VII 

Como sueña la Virgen 1 Soñara en cosas vanas, 
En su hermana la rosa desmayada en un vaso 
En el mago Aladino o en las otras hermanas 
Que hartarán de bombones su 2apato de raso 9 

En su seno hay rielares de luz blanca y de seda 

Y palpita dormido sobre olímpica cuna, 

En un ritmo celeste, como el huevo de Leda 
Fecundado por una apoteosis de luna 

La expresión distraída de su claro aderezo 

Y su risa entreabierta, son tan ebrias de encanto, 
Que esa noche — sin duda — se olvido de algún rezo 
O pensando en su amante, se durmió con un canto r 

Oh, levedad de líneas 1 Oh, esbeltez de contorno 1 
Algo ruega algo late en la obscura armonía 
Es tan bella, que el Angel azul que vela en torno, 
Se interroga temblando, si es su amante o su guía 



20 



[267] 



Duerme que cuando duermas sin fin, bajo la fosa, 
Mi alma irá en los beatos crepúsculos a verte, 

Y con sus dedos frágiles de marfil y de rosa, 
Desflorara tus ojos sonámbulos de muerte í 

VIII 

Su tenue mano de agua sedante que amortigua, 
Opalo del olvido para morir soñando, 
Su mano nncopetala de una fragancia antigua, 
Duerme sobre su pecho como en un plinto blando 

Oh, mi exangüe Nirvana T Oh, mi etérea Latzuna 1 
En sas sienes añilan transparencias de copo, 

Y arden en su halo espectral de hehotropo, 
Sus clementes ojeras otoñales de luna 

Cómo su cabellera de azul negro trasciende 
Sobie el busto que es todo jo\en luz y armonía f 
Es tan vivo el contraste de ilusión, que sorprende 
Como si anocheciera en la mitad del día 

Sus jo\as — un zodíaco de luz cristahzada — 
Titilan en su gala de ingenuo paraíso 
Como a los astros para rielar les es preciso 
Que el día de sus ojos se duerma en la almohada 

Quien al verla en su hipnosis, bajo el ciego misterio, 
Rebelara el prodigio de su rayo iracundo 
Oh, Judith de la gracia, en su mano de imperio 
Sustentara inaudita la cabeza del mundo r 

Alguien riza las alas Alguien postra los ojos 
Abre el velo de Ma\a y unge el beso de Alceste 
Recogida en su cuello y plegada de hinojos, 
Se parece a la ingenua Poesía celeste 



[258] 



Silencio, oh, Luz, silencio 1 Duerme, mi vida, duerme 1 
No has menester que Venus sus legiones embosque 
Duerme, no temas nada Heme a tus pies merme, 
Temblando como un pobre niño a mitad de un bosque 1 

IX 

(Afuera es un motivo de Bramhs sobre un exótico 
Panteísmo que enuncia descriptivos efectos, 
En todo un ritornelo de columpio narcótico 
Para oboes de ranas j marimbas de insectos ) 

— En el tapiz de Oriente, a la sombra de un dátil, 
Una pastora sueña con el alma inclinada, 
Sin mirar, que a su \era, el Arquero \ersátil 
Le insinúa una flecha, desde amable emboscada — 

Qué \aguedad de euritmia ' Qué esbeltez de contorno 1 
Auscultad el silencio de la abstrusa armonía 
Es tan bella que el Angel azul que \ela en torno. 
Se arrodilla temblando y es su amante y su guía 

Ave que en el harmonium de su carne, salmodia, 
Hostia de gracia inmune' Todo se exhala en Ella, 
Desde sus eucansticos éxtasis de Custodia, 
Hasta sus inefables desnudeces de Estrella 1 

Erra en su labio, al ritmo de una celeste brisa, 
La violeta cautiva, péndulo perfumado 
Cuantas veces mi alma pendió, muda a su lado, 
De la dilatación perla de una sonrisa' 

Aspirad su incorpórea levedad de Ulaluma* 
En sus sienes rutilan transparencias de copo, 
Y vuelan sus ojeras otoñales de bruma, 
Como vagas libélulas de una tarde hehotropo 



[269 ] 



Qué nonchalance Je Reina 1 Que ebriedad de eufonía 1 
Ln su gracia inclinada convalece una estrella, 
En sus líntas herméticas canta la Geometría, 

Y en su actitud beata reza un Enigma en ella 1 

Ramos de Serafines etéreos de alabastros, 
Deshojan primaveras lincas en su pecho, 
Las noches inauditas se abren sobre su lecho 

Y tías de la cortina velan todos los astros 1 

Pliega tu faz Mi Lirio 1 Duerme, mi vida, duerme' 
No has menester que Venus sus legiones embosque 
Duerme, no temas nada Heme a tus pies merme. 
Temblando como un pobre niño a mitad de un bosque 

Que efluvio de Epopeyas* Qué anunciación ríe rosas 1 
Que frémito de mundos 1 Que beatitud de ritos 1 
Qué alumbramiento en éxtasis de azules infinitos 1 
Qué aleluya inspirado late en todas las cosa** 1 

Sauce abstraído y arpa muda, vaso de Ciencia, 
Mítica sensitiva que sus gracias restringe, 
Noche estrellada > urna blanca de quintaesencia. 
Eres toda la Lira y eres toda la Esfinge 1 

Oh, Plegaria del verbo Iris de dulcedumbre 
Interjección de un sabio vértigo sibilino, 
Cáliz evaporado en fragancia > en lumbre, 
Ei es todo el pentágrama y eres todo el Destino 1 

La pompa de tu frente reclama una diadema 

Por santa y por augusta, de Emperatriz de Hungría, 

Y tu escote, Laponia de blancura suprema, 
El collar de una Aurora boreal de pedrería 



[270] 



Síntesis de bhcerds Diutimag ^ \talantas, 
Eres toda la Esfinge > eres la Lira toda 
Por ti se alzan las treinta cúpulas de mi Oda 
Y todos mis imperios se duermen a tus plantas 1 

Oh, Cristalización de luna r Oh, fausta gema 1 
De todas las Estéticas filosofía > norma, 
Anfora pitagórica de idealidad suprema, 
Carne inspirada en éxtasis y Extasis de la forma T 

Oh Ifigenia que en sueños, crece hacia lo Invisible 1 
Diana de luminoso mármol que liada turba, 
Astra de Cien Poemas, ebrios de Incognoscible 
Catedral de la Vida ) Orquestnón de la Curva r 

Silencio, oh, Luz, silencio 1 Pliega tu faz, mi Lirio* 
No has menebler de Venus, filtros para \encerme 
Mi amor vela a tu lado, como un dragón asino 
Duerme, no temas nada Duerme, mi vida, duerme 1 

Duerme, que cuando duermainos la eterna > la macabia 
La insensible y la única embriaguez que no alegra 

Y sea tu himeneo la Esfinge sin palabra, 

Y el ataúd el tálamo de nuestra boda negra 

Con llantos y suspiros mi alma entre la fosa, 
Dará calor y \ida para tu carne yerta, 

Y con sus dedos frágiles de maifü y de ro«a 
D^florara tus ojos sonámbulos de muerta 1 



[271] 



SOLO VERDE - AMARILLO 



PARA FLAUTA LLAVE DE U 

Virgilio es amarillo 
> Fra> Luis verde 
(Manera de Mallarme) 



(Andante) Ursula punza la boyuna yunta, 
La lujuria perfuma con su fruta, 
La púbera frescura de la ruta 
Por donde ondula la "venusa junta 

(Piano) Recién la hirsuta barba rubia apunta 

Al dios Agricultura La impoluta (Pianísimo) 
Uña fecunda del amor debuta 

(Crescendo) Cual una duda de nupcial pregunta 

Anuncian lluvias, las adustas lunas 
Almizcladuras, uvas, aceitunas, 
í Forte) Gulas de mar, fortunas de las musas, 

Hay bilis en las rudas armaduras, 
I Tortísimo I Han madurado todas verduras, 

Y tmH burra haré hablar las cornamusas 



1272] 



LA VEJEZ PREMATURA 

Mi perdón bean tu nieve 1 

Esa noche, de un salto ponentisco, 
Bajo el odio punzó del abrepuño, 
Hizo el astro fugaz, en un rasguño, 
Aquel pseudo paréntesis de cisco 

Las almas emolientes del lentisco, 
Dormidas a lo laigo del terruño 
Amaban en las nie\es de tu puño, 
La sangre del histérico mordisco 

Huyeron, con el íntimo preludio 
De la diana, la* muecas del repudio , 
Y al ofrecerte, con la luz caduca 

Del menguante, mi beso de perdone», 
El humo de las muertas ilusiones. 
Hilo a hilo subía por tu nuca 



[273 ] 



EL DESAMPARO 



Plomizada la altura con el sucio 
Arambel de una noche de malicia, 
No presumió la tacita blandicia 
Del eterno juguete casquilucio 

Tendida virtualmente sobre el lucio 
Fulard de los deleites, tu puericia 
Deparóme, con náufraga impericia, 
La rodilla y el pie > el occipucio 

Y cuando al concretar tus energías, 
En el minuto audaz de las porfías, 
Señalabas el cielo a donde sube 

La fe de tu mirada nazarena, 
El cielo se asomó por una nube, 
Con tanta ingenuidad que daba pena 



£274] 



ALBA TRISTE 

Gris en el cjcIo y en el alma gris, 
Rojo en Oriente y en el alma rojo 

Todo fue así Preocupaciones lilas 
Turbaban la ilusión de la mañana, 

Y una garza pueril su absurda plana 
Paloteaba en las ondas intranquilas 

Un estremecimiento de Sibilas 
Epilepsiaba a ratos Id ventana, 
Cuando de pronto un mito tarambana 
Rodo en la oscuridad de mis pupilas 

"Adiós, Adiós 1 " grite y hasta los cielos 
El gris sarcasmo de su fino guante 
Ascendió con el rojo de mis celos 

Wagnenaba en el aire una corneja, 

Y la selva sintió en aquel instante 
Una infinita colisión compleja 



[ 275 ] 



ENERO 



E¡>tá el deserto pálido de sed 

En una ascética ilusión de Brahama, 
Sobre el confín de vago anacronismo, 
Imagina el equívoco espejismo 
La inverosímil inquietud de un drama 

Soñando con la sed un tigre brama 
Al desierto, que en áunco ensimismo, 
Como enigma de extraño gongorismo, 
Su gran silencio emocional derrama. 

El fino promontorio tiende el cuello, 
Cual echado y exanime camello 
De sudoroso y exabrupto lomo 

Y entretanto que atisba alguna presa, 
En\uelve el mar un beso de turquesa, 
En su sonnsa de papel de plomo 



[276] 



MAYO 



Otoño amante de las tísicas* 
Tiene el crepúsculo camelias rcjai 

Vibra en el aire de metal sonoro 

El desmamado adiós de un postrer beso, 

Y el sol fallece como un ígneo Creso 
En el misterio de su drama de oro 

Su \iolón monocorde muge un toro, 
Pregonando su místico regreso, 

Y hay en sus ojos un dolor carmes o 
Humedecido por extraño lloro 

Entre el síncope mustio de las hojas, 
Obnubilada por pasiones rojas, 
Sueña un crimen la excéntrica laguna 

Y como si deseara que la arroben, 
En sus tisis romántica la luna 
Escribe una sonata de Beethoven 



[277] 



JULIO 



Frío, frío, íno 1 

Pieles, nostalgias y dolores mudoa 

Flota sobre el esplín de la campaña 
Una jaqueca sudorosa v fría, 

Y las ranas celebran en la umbría 
Una función de \entnloquia extraña 

La Neurastenia gris de la montaña 
Piensa, por singular telepatía, 
Con la adusta y claustral monomanía 
Del convento senil de la Bretaña 

Resolviendo una suma de ilusiones. 
Como un Jordán de cándido& \ellones 
La majada eucanstica se integra, 

Y a lo lejos el cuervo pensativo 
Sueña acaso en un Cosmos abstractivo 
Como una luna pa\oro*a v negra 



[278 ] 



OCTUBRE 



Pnma\era celebra las Pubertades 



Un crimen de cantáridas palpita 
Cabe el polen Floridos celibatos 
Pereren de pasión bajo los gratos 
Azahares perversos de Afrodita 

Como un corpino que a besar excita, 
El céfiro delinque en los olfatos, 
Mientras Uue\en magníficos ornatos 
A los pies de la Virgen de la ermita 

Tocando su nerviosa pandereta 
Una zagala brinca en el sendero, 
Y al repique pluvial de la pileta, 

Con un ritmo de arterias desmayadas, 
Se extinguen en el turbio lavadero 
Las rosas de las nuevas iniciadas 



FIN 



[279]